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Matías Campissi, el gilense que conquistó una de las cumbres más temidas de los Alpes Suizos

"Los sueños no dependen del lugar donde uno nace". Matías Campissi, el gilense que conquistó el Matterhorn, en una charla imperdible.

Vecino de San Andrés de Giles, profesor de educación física, preparador físico y, sobre todo, amante de las alturas. Matías Campissi vive en España desde hace algunos años, pero jamás olvida sus raíces: cada vez que alcanza una cima, despliega con orgullo la bandera argentina. El año pasado coronó el Mont Blanc (4.808 m), el pico más alto de Europa Occidental, y ayer sumó un nuevo logro a su carrera: la cumbre del Matterhorn, en los Alpes Suizos, una montaña de enorme dificultad técnica, con placas inestables y roca suelta que la convierten en un desafío de alto riesgo. Infociudad charló con él en una entrevista exclusiva para conocer su experiencia.

Infociudad: ¿Desde hace cuánto tiempo hacés montañismo? ¿Cómo recordás esos inicios?

Matías Campissi: Empecé a hacer montañismo en el año 2003, así que ya llevo más de veinte años recorriendo montañas. En ese momento, en San Andrés de Giles, hablar de montañismo era algo bastante poco común. Todo comenzó por una enorme curiosidad y por las ganas de descubrir ese mundo. Lo que empezó como un desafío personal se fue transformando en una verdadera forma de vida.

Recuerdo esos primeros años con mucho cariño. Cada salida era un aprendizaje, desde preparar una mochila hasta enfrentar el frío, el cansancio y la incertidumbre. La montaña me enseñó valores que hoy aplico todos los días: la perseverancia, la humildad, el respeto por la naturaleza y la importancia de prepararse para alcanzar un objetivo. Mirando hacia atrás, siento que aquellos primeros pasos fueron el inicio de un camino que todavía sigo recorriendo con la misma pasión.

IC: Por lo que estuve chusmeando, el Matterhorn no es una montaña fácil. ¿Cómo te preparaste física y mentalmente para enfrentar este desafío?

MC: Hace unos 10 meses que me vengo preparando para esta ascensión. Después de lograr la cumbre del Mont Blanc el año pasado por la Ruta de los Cuatro Miles, puse todo el foco en el Matterhorn. Me entrené tanto en el gimnasio como en la montaña, y no solo a nivel físico, sino también mental, porque es la montaña con más muertes de los Alpes.

Hay que estar siempre en total concentración, encordado con tu compañero de cordada, porque cualquier distracción puede ser fatal. Además, la montaña tiene desprendimientos de rocas, que son una de las principales causas de muerte. Así que cada paso, cada decisión y cada entrenamiento fueron realizados con una conciencia plena del riesgo y del compromiso que exige una montaña de estas características.

Matías campissi, el gilense que conquistó una de las cumbres más temidas de los alpes suizos
Cumbre junto a su compañero de cordada Matías Rivara

IC: ¿Cómo fue llegar hasta la cima? ¿Cuánto tiempo les llevó? ¿Qué emociones se generan durante el ascenso y cuando finalmente llegás con la bandera argentina a la cima?

MC: Fue una cumbre muy emocionante, como lo es cada cumbre, pero esta tenía un significado especial. Durante casi diez meses preparé este desafío con un único objetivo: llegar al Matterhorn en las mejores condiciones posibles. Por eso, cuando alcancé la cima, sentí que no solo estaba cumpliendo un sueño, sino también viendo el resultado de meses de esfuerzo, disciplina y sacrificio.

El ascenso demandó muchas horas de concentración absoluta. En el Matterhorn no hay lugar para las distracciones: cada movimiento tiene que ser preciso y cada decisión cuenta. Esa exigencia hace que la satisfacción al llegar a la cima sea aún mayor. Uno de los momentos más emocionantes fue desplegar la bandera argentina en una de las montañas más icónicas del mundo. El Matterhorn es una montaña única, admirada internacionalmente por su belleza, pero también respetada por su enorme dificultad y su hostilidad. Poder representar a mi país y a San Andrés de Giles en ese lugar fue un orgullo inmenso y un instante que voy a recordar toda la vida.

Nada de esto hubiera sido posible sin mi gran amigo y compañero de cordada, Matías Rivara, quien viajó especialmente desde Argentina para compartir esta aventura. En una montaña de estas características, el compañero de cordada no solo comparte el objetivo, sino también la responsabilidad y la seguridad de cada paso. Su compromiso, su experiencia y la confianza que construimos hicieron posible que esta expedición fuera un éxito.

Pero si hay algo que caracteriza al Matterhorn es que el desafío no termina en la cumbre. La bajada es tan técnica como la subida, con varios rápeles y sectores donde hay que mantener la concentración al máximo. En montañismo existe una realidad muy conocida: un altísimo porcentaje de los accidentes ocurre durante el descenso, cuando el cansancio físico y mental empieza a pasar factura. En una montaña como el Matterhorn, bajar con seguridad requiere el mismo nivel de atención, compromiso y respeto que el ascenso.

Por eso, para nosotros, la verdadera expedición termina cuando regresamos sanos y salvos a casa. La cima es un sueño cumplido, pero el éxito más importante siempre es volver a casa.

IC: Recién bajaste del Matterhorn y ya escribiste en tus redes que “ahora toca pensar en el próximo desafío”. ¿Cuál es la próxima meta que te proponés y qué sueños de montaña todavía te quedan por cumplir?

MC: La montaña siempre te enseña que, cuando alcanzás una meta, empieza el camino hacia la siguiente. A corto plazo quiero seguir disfrutando de las montañas donde vivo, en los Pirineos. Uno de los objetivos es ascender el Aneto, la cumbre más alta de los Pirineos, además de recorrer y escalar otras montañas de la zona. Para mí es muy importante mantenerme activo, seguir entrenando y continuar creciendo como montañista.

Pensando a más largo plazo, ya tengo en mente un desafío mucho más ambicioso, una montaña icónica que me ilusiona desde hace mucho tiempo. Si todo sale como lo tengo planificado, seguramente intentaré ese proyecto dentro de un par de años. El año próximo es muy probable que viaje a Argentina para disfrutar de mi familia y recargar energías, así que ese gran objetivo tendrá que esperar un poco más.

Aprendí que en la montaña no hay que apurar los tiempos. Cada cumbre tiene su momento y requiere una preparación específica. Los sueños están para perseguirlos, pero siempre con respeto, paciencia y disfrutando del camino tanto como del destino.

IC: ¿Cómo es tu actualidad en el viejo continente? ¿Extrañás Giles?

MC: Actualmente vivo en España y trabajo en una tienda especializada en deportes de montaña. Me desempeño en el área técnica, asesorando sobre trail running, montañismo y escalada, y durante el invierno también trabajo en la sección de esquí, tanto alpino como de travesía. Es un trabajo que disfruto muchísimo porque me permite estar todos los días vinculado con el mundo de la montaña, que es mi gran pasión.

Además, soy profesor de Educación Física y entrenador personal. Trabajo con clientes de manera presencial y también online, diseñando planes de entrenamiento personalizados para personas con distintos objetivos, desde mejorar su condición física hasta preparar expediciones de montañismo y desafíos deportivos.

Y claro que extraño San Andrés de Giles. Es el lugar donde crecí, donde está mi familia y donde nació este sueño. Siempre que encaro una montaña siento que represento, en primer lugar, a San Andrés de Giles y a la Argentina. Por eso, en cada cumbre llevo conmigo la bandera argentina; es mi manera de recordar de dónde vengo y de homenajear a las personas que siempre me acompañaron.

Recuerdo que cuando empecé a hacer montañismo, hace más de veinte años, muchos pensaban que estaba un poco loco porque era una actividad muy poco conocida en Giles. Con el tiempo entendí que los sueños no dependen del lugar donde uno nace, sino de la pasión, el esfuerzo y la constancia que uno les dedica. Si mi historia puede inspirar a algún chico o alguna chica de mi pueblo a animarse a perseguir sus propios sueños, entonces todo este camino habrá valido todavía más la pena.

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