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El doctor de los chicos: la historia de Enrique Schiaffino, el pediatra que marcó a generaciones en Giles

Infociudad visitó a Enrique Schiaffino. En esta entrevista repasamos su trayectoria como pediatra de San Andrés de Giles.

En San Andrés de Giles, difícilmente haya una familia que no tenga una historia con el doctor Schiaffino. Porque durante décadas, su consultorio era el primer lugar al que llegaban las papás cuando un hijo se enfermaba, cuando la fiebre no bajaba o cuando el miedo se volvía más grande que cualquier diagnóstico. Y él estaba ahí. Siempre. Con la misma dedicación, con la misma escucha atenta, con esas manos que tantas veces supieron, en el momento justo, qué hacer para que un niño volviera a respirar tranquilo. No era solo un médico. Era esa seguridad que los padres necesitan cuando lo más preciado que tienen corre peligro. Porque Schiaffino no solo atendía: cuidaba. Y en esa entrega cotidiana, fue salvando vidas, ganándose un lugar imborrable en el corazón de los gilenses.

Enrique Schiaffino se recibió en 1969 y desde ese momento abrazó la profesión con pasión. Apenas recibido, se fue cuatro meses de intercambio a Estados Unidos, a la prestigiosa Clínica Mayo, en plena guerra de Vietnam. Volvió a la Argentina y en sus inicios trabajó con muchísima dedicación en el Hospital de Niños de Buenos Aires. Pero cuando se enteró que iba a ser padre, tuvo que elegir: el Hospital de Niños o su familia.

Enrique recuerda que junto a su esposa, la Dr. Teresa Grosso, decidieron irse a vivir a un lugar que quedara exactamente a 100 kilómetros de Capital Federal y a 100 kilómetros de Salto, de donde eran los padres de Teresa. Ese lugar era San Andrés de Giles. El Dr. confiesa que no le costó adaptarse al ritmo de una ciudad más chica, al contrario, todo fluyó bien. Llegaron a Giles con su primer hijo de apenas 6 meses. Sus próximos cuatro hijos, ya serían gilenses de nacimiento.

Una vocación forjada en el Hospital de Niños

Sus años de formación en el Hospital de Niños de Buenos Aires fueron intensos y marcaron su estilo de atención. Schiaffino realizó la residencia en el segundo año en que se creó, una época en la que el concepto de la pediatría era muy distinto al actual. Allí conoció a Florencio Escardó, un reconocido médico que revolucionó la atención pediátrica con una idea simple pero poderosa: Internar a los niños junto con sus madres. “Y de ahí se creó el concepto de que la madre era la mejor cuidadora, el mejor médico que puede tener un chico enfermo”.

Los médicos honorarios, que no cobraban por su trabajo en el hospital, dedicaban horas a la enseñanza. Schiaffino recuerda con cariño las guardias de los viernes con una doctora llamada Ritaco: “En el hospital de niños hay 10, 12 salas. El gran problema que había es que en todas las salas la recibíamos con una torta y un vino. Se quedaba hasta las 7 de la mañana enseñándonos sobre un enfermo… Y lo hacía con una pasión y nosotros la invitábamos con vino para que no se fuera”, recuerda entre risas aquellas épocas en las que era un joven ávido de saber.

En aquel tiempo, la medicina era mucho más artesanal. No había resonancias ni tomografías. Para diagnosticar problemas cerebrales, “le hacíamos una punción, inyectábamos aire y le sacaban placa a placa rápidamente. Los métodos eran semiológicos, basados en el examen físico minucioso y el interrogatorio profundo. Revisar e interrogar era muchísimo”, recuerda.

En esos años, las enfermedades infecciosas eran moneda corriente. Había salas enteras con 30 camas de coqueluche (tos convulsa), sarampión y poliomielitis. “Sarampión era una cosa de todos los días. Enfermedad muy traicionera”, afirma. “La última vez que vi un sarampión fue hace 30 años”.

Fue entonces cuando empezó a promover activamente las vacunas. “Me costó realmente un montón lograrlo”, confiesa, en referencia a la vacuna contra el Haemophilus influenzae que provoca meningitis. “Yo tenía un caso de meningitis por mes, a veces dos casos, dieciocho casos de meningitis al año”. Hoy, gracias a la vacunación, “debe de hacer cinco o seis años aproximadamente que no hay meningitis”, explica.

Su trabajo en San Andrés de Giles

Cuando llegó a Giles, asegura que la atención pediátrica estaba al mismo nivel que en Buenos Aires porque no había grandes diferencias en los recursos. “Tener un chico acá que tener un chico en Buenos Aires era lo mismo, porque la atención de acá era buenísima”, recuerda con orgullo.

Schiaffino habla con admiración de Jorge Chertudi, a quien considera “el mejor partero que hubo en Giles”. Lo describe como un médico completo: “cuando se descomponía la mujer la mandaban a internar y se internaba él. Le veía hacer cosas que ningún partero hacía. Era maravilloso”.

Además asegura que la atención de los partos era un momento especial para él. “Atender a un recién nacido era algo tan emotivo. Si vos me preguntás si hay algo que yo volvería a hacer, sería eso, pero con ese equipo, volvería a ser parte de ese grupo”.

Hoy, ya jubilado, pasa su tiempo armando Mecanos, aquel juego que conoció cuando tenía 10 años. “Antes leía mucho de medicina, miraba películas, pero ya no, paso mi tiempo haciendo Mecanos”, confiesa.

Pero lo que realmente lo llena de orgullo es su familia.Sus cinco hijos son todos profesionales: Diego y Santiago son pediatras, Micaela es médica clínica, Julieta es psicóloga y Sebastián es ingeniero mecánico. “Yorealmente pienso que soy un tipo re millonario, porque tengo una familia extraordinaria. Totalmente extraordinaria“.

Y aclara que su mayor riqueza no tiene que ver con lo económico: “Después de haber trabajado tanto tiempo, mi jubilación dura medio mes, pero no me importa, porque lo fundamental de todo es que siempre estuvimos acá, para nuestros hijos”.

Con humildad, Schiaffino le abrió las puertas a Infociudad, repasó su trayectoria y compartió anécdotas sentado en la cocina de su casa. Hoy ya no atiende en un consultorio, pero sigue ocupando un lugar privilegiado en la memoria de San Andrés de Giles. Porque hay médicos que ejercen una profesión y hay otros que, con su vocación, se convierten en parte de la historia de un pueblo. Y sin dudas, Enrique Schiaffino es uno de ellos.

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