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“Los que amamos la historia es porque amamos el futuro”

IC: ¿Cómo transcurrió tu infancia? GL: Entre los 5 y los 7 años viví en Buenos Aires. La ciudad no era para mí. En lo personal no me fue muy bien. Lloraba todos los días al atardecer porque quería volver a Giles. Coincidió con la etapa de la década del 40’, en la cual mucha […]

Graciela León

IC: ¿Cómo transcurrió tu infancia?

GL: Entre los 5 y los 7 años viví en Buenos Aires. La ciudad no era para mí. En lo personal no me fue muy bien. Lloraba todos los días al atardecer porque quería volver a Giles. Coincidió con la etapa de la década del 40’, en la cual mucha gente joven del pueblo fue a buscar nuevos horizontes a Capital Federal, especialmente chicas que allá tenían oportunidades de trabajo.

IC: ¿A qué se dedicaban tus padres?

GL: Papá antes de irnos a Buenos Aires era repartidor de la panadería de Pauleta. Llevaba el pan al campo, especialmente a las chacras y al pueblo de Cucullú. Cuando fuimos a Capital entró en la Corporación de Transporte. Por un tiempo corto manejó tranvías y luego trolebús. En ese entonces se encontró, en plena Revolución del 55’, en el bombardeo de Plaza de Mayo. Fue testigo y sobreviviente del hecho. El trolebús que salió delante de él fue alcanzado por una bomba. Hay una foto donde ese vehículo se ve incendiado, muchos pasajeros muertos y compañeros de mi papá también. El trolebús que se ve atrás de la escena es el de mi papá. Ese impacto que sufrió cuando vio que ametrallaban a los obreros que estaban trabajando en los andamios y caían como pajaritos era una cosa que nunca se pudo olvidar.

 IC: ¿Qué recordás de tu niñez en Giles?

GL: Fue una niñez hermosa. Jugábamos a la muñeca, a la escondida, a la mancha, con la soga. Lo hacíamos adentro de las casas ya que eran muy espaciosas. Vivía en lo de mi abuela, Avenida Lucas Scully entre Lavalle e Italia, media manzana al lado de lo que fue el almacén de Llames, incluido ahora el Galpón Cultural. Estoy atada a ese barrio, es mi vida y tengo mis mejores recuerdos. Todo está ahí. Ahora hay departamentos y un supermercado. Cuando entré por primera vez al actual comercio confieso que se me llenaron los ojos de lágrimas porque ahí estaban los jardines de mi casa. Caminaba entre las góndolas y pensaba que estaba entre las plantas de mi hogar. Me costó mucho aceptar que la casa no existía más. No me aferro al pasado, pero sí lo recuerdo.

IC: ¿Qué soñabas de chica para tu futuro?

GL: Me gustaba mucho el canto, lo artístico. Eso duró hasta más o menos los 12 años que comencé a interesarme por la cinematografía y también por las historietas. Me gustaba tanto dibujar que tenía la fantasía de convertirme en dibujante de historietas y también de ser argumentista de cine. Para una mujer, en ese entonces, no era imposible, pero sí muy lejano. Otras de mis pasiones era el piano. Todavía tengo guardadas algunas partituras que aparecían en las publicidades de las revistas de perfume. Ver cómo alguien podía transmitir eso al piano me parecía fascinante. También otra cosa que me encantaba era al patinaje artístico. Me pasaba horas mirando las fotos en las revistas. De grande tuve la oportunidad de ver patinaje sobre hielo en persona y me generó la misma fascinación.

IC: ¿Cuándo se despertó tu vocación por la escritura?

GL: A los 13 o 14 años comencé a escribir poemas y argumentos para películas. Mi despertar docente fue por mis maestras. Ellas fueron indudablemente quienes generaron en mí esa vocación. En cuanto a la historia, me sucedió lo que le ocurre a la mayor parte de las personas: cuando una es joven y adolescente tiene la mirada puesta hacia adelante y está muy bien que así sea. La mirada está más allá del horizonte si es posible, pero después, a partir de los 23 o 24 años, esa mirada empieza a girar alrededor. A mí me pasó eso. Un día dije: “¿Qué sé yo de San Andrés de Giles?, ¿qué hubo antes del monumento?”. Ahí sentí esa pulsión interior de querer saber cuál era la historia de mi pueblo. Los que amamos la historia es porque amamos el futuro.

IC: ¿Qué nos podés contar acerca de la historia de nuestro convecino y escritor Alejandro Vignati?

GL: Fue nuestro escritor best seller; el que ha trascendido, al igual que Larrañaga, las fronteras de Giles y de la Patria. Una vez escuché una entrevista que le hizo Antonio Carrizo a Vignati y ahí me pregunté: “¿Tremendo personaje y no lo conozco?”. Un día tomé mi cuaderno y salí a la calle. Recuerdo la emoción cuando hablé con su tía, la señora de Trombetta, al igual que cuando me encontré con sus sobrinos. Mirarme en los ojos de alguien de su sangre fue muy especial porque era como acercarme a él. De todas formas, no estaba muy segura de lo que estaba haciendo. Me preguntaba si a Alejandro le hubiese gustado ese tipo de investigación y la manera en que íbamos a volcar todo eso en el pueblo -que era a través de una charla y  puestas en escena-. Yo tenía esa duda: “¿Tengo derecho a hacer esto?”. En ese momento era bibliotecaria en la Escuela de Cucullú. Un día acomodando libros encontré una hoja pequeña, la di vuelta y vi escrito: “Margarita Vitosevich”. Me quedé muda, casi sin poder moverme. Ella había sido una de las novias de Vignati. Me dije que esa era una señal de que todo estaba bien. Al menos lo que estaba haciendo era con sinceridad y afecto.

IC: ¿Cómo se estructura una investigación desde tu punto de vista?

GL: Lo investigado puede ser un hecho o un personaje. Hay que comenzar por mentalizarse y ubicar ese acontecimiento o persona en un tiempo: ¿Cuándo sucedió? ¿Cuándo actuó? También es muy importante tomar contacto con personas cercanas al suceso, mujer u hombre en cuestión. Después sigue la lenta investigación en las oficinas públicas: Registro Civil, Iglesia, Biblioteca, Municipalidad y en todos los lugares en donde pueda existir una información. Hay que ser muy respetuoso, muy sincero y muy responsable con lo que se va a escribir. Cuando me encuentro con familiares o amigos de la persona a investigar siempre les pido que me cuenten todo, pero a su vez les digo que confíen plenamente: va a salir a la luz solamente lo que se pueda mostrar al público.

IC: ¿Qué significó para vos la experiencia de escribir un libro sobre la guerra de Malvinas?

GL: Yo pertenecí al grupo de personas que cuando se produjo el conflicto de Malvinas se asustó muchísimo. Hablando con los combatientes aprendí y me enseñaron sobre la guerra. Fue algo muy aleccionador en lo personal. Ellos te dan otra mirada. Al dialogar con los protagonistas verdaderos se entienden muchas cosas: la actitud que tuvieron al regreso y cómo cada uno tuvo que enfrentar el hecho de ser partícipe de una guerra, que fue algo muy difícil de entender para un argentino en ese momento. En el siglo XXI tenemos forjada la opinión de que en una guerra todos pierden. No sé si el mundo lo aceptará, pero ojalá prevalezca esto y nos impida volver a caer.


Entrevista realizada en Feria Americana, programa radial de Infociudad que se emite los sábados de 9 a 13 horas por FM Vall 94.7 Mhz.

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