Cuando me explicaban lo que representaba Héctor J. Cámpora para una comunidad como San Andrés de Giles, siempre mencionaban la barra de amigos que tenía en el pueblo. “Vos imagínate que tu amigo de toda la vida se convierta en presidente”, recuerdo que me decían como ejemplo y quizás también para que pueda ponerme en los zapatos de quien tuvo un presidente de amigo.
En 1973, luego de que el gilense haya ganado las elecciones, un periodista de la revista “Siete días” visitó nuestra ciudad para entrevistar a los amigos incondicionales que Cámpora supo cultivar en Giles: Enrique Necchi (escribano), Blas Vicente Cantisani (comerciante), Mario Mutarelli (relojero), Pedro Piazzi (contador), Elías Massaroni (Comerciante) e Hilario Ruiz (comerciante).
Reunidos alrededor de una gran mesa del Club Almafuerte, el periodista, con lentes y grabadora en mano comenzó a preguntarles sobre Héctor, su amigo y compinche. “¿Cómo lo conocieron?¿ venía acá a veranear?” pregunta cual porteño casi ingenuo. Necchi lo retruca: “eran más que veranos los que pasaba aquí, se puede decir que vivía entre nosotros prácticamente. Éramos muchachos jóvenes que pasábamos todas las tardes en el Club Social jugando al truco y al billar, o charlando”.
El entrevistador estaba al tanto de los años de estudio que cursó Cámpora en Cordoba y preguntó sobre su amistad a la distancia “¿lo perdieron de vista?”. Ruiz aclaró firme “no, si este pueblo era lo que más quería, incluso en Córdoba se venía siempre para acá”.
“Tenía ideas políticas el Dr. Cámpora en aquel momento?” indagaba sobre sus orígenes políticos, a lo que Mutarelli aclaró que no, que su relación era de viejos amigos y añadió: “Aquí como en todo el país las diferencias se dividían entre conservadores y radicales. Si bien la familia de Cámpora contaba con varios conservadores, empezando por su cuñado, el Doctor Collazo, él nunca se pronunció”. Sorpredido, el periodista quiso saber qué hacían entonces estos viejos amigos en una ciudad tan particular como Giles, a lo que Piazzi se apuró a responder “Bailábamos, jugábamos a las cartas, organizábamos salidas. Y él era el conductor de casi todas esas actividades. Le gustaba mucho juntarnos a todos en un corralón o en su propia casa y charlar mientras nos comíamos un cordero”. Segundos más tarde, Cantisani recordó que su barra era conocida como “el templo de la abundancia”, porque “comían como leones”.
En la publicación también se destacó un recuadro especialmente dedicado a su amistad con Pedro Gallo, intendente de nuestra ciudad por aquellos años. Para el periodista “siempre hay un amigo capaz que franquear todas las barreras y crear una relación especial e intransferible”, a su modo de ver, “ese es el papel que cumple Pedro Gallo”, quien es presentado como el amigo íntimo de Héctor José Cámpora.
“A la política nacimos juntos y con el peronismo. Mejor dicho, con la revolución del 43’, él fue nombrado Comisionado, y nosotros, varios muchachos de la barra, nos pusimos a colaborar. Yo fui durante mucho tiempo Juez de Paz. Pese a haber trabajado tan juntos, nuestra amistad creció al margen de la política. En 1955 se produjo un paréntesis en esa relación. Fue cuando Héctor resutó encarcelado. Él tenia su conciencia tranquila y se presentó a la justicia voluntariamente. Lo detuvieron, lo metieron preso y lo mandaron a Rio Gallegos. De ahí se evadió a Chile, en el interín solo nos carteamos. Recién volví a verlo en 1958 tras la asunción de Frondizi”, recordaba Gallo.
En ese recuadro de la revista se pueden ver dos fotos iguales pero distintas. Pedro y Héctor se fotografiaron juntos en Mar del Plata y volvieron a repetir la foto once años después en su reencuentro tras volver de Chile. Ambos están igual de sonrientes, solo han pasado algunos años.



