El estado de las calles y los caminos sigue siendo uno de los puntos débiles de la gestión Puglelli, o por lo menos de lo más criticado de su mandato. El plan de repavimentación funcionó muy bien en algunas zonas, a varias no llegó y en otras dejó dudas por su calidad.
En las localidades la situación es muy distinta, los accesos a los pueblos y las calles están en mal estado desde larga data. No hace falta ser un investigador para afirmarlo, con recorrer las pequeñas comunidades es suficiente.
Villa Espil no está ajena a esta realidad. En marzo del año pasado, los vecinos enviaron una carta al municipio solicitando arreglos en las calles Justo, Silva y Tapia; a las mencionadas se les había agregado tosca pero nunca se afirmaron con piedras u otros elementos.
“Se levanta mucha polvadera, además nunca pasa un regador. Cuando llueve son intransitables y no pueden ingresar los vehículos, ni siquiera las ambulancias” describieron en el escrito los vecinos. Además contaron el caso de una mujer en silla de ruedas que cada vez que llega el mal tiempo queda sin posibilidad de salir de su propia casa.
Luego del reclamo, lo único que pasó fue el tiempo. Tras 11 meses no tuvieron respuestas municipales y la situación empeoró notablemente, de hecho en las calles se formaron importantes huellones. Para colmo los desagües del barrio ya no funcionan como deberían.
Cansado por el abandono del Estado local, un vecino se puso al frente de un pequeño arreglo en una de las calles antes mencionadas. La situación lo colapsó y, ante la falta de respuestas, colocó piedras sobre las huellas de los autos, solución que les permitió a los integrantes del barrio poder transitar por allí (ver foto).
El reclamo en un cajón, la falta de planificación en las localidades y el mal accionar de algunos funcionarios resumen la desidia que opera en el lugar. Villa Espil tiene buenos vecinos que necesitan buenos caminos.




