Desde que la pandemia aterrizó en Argentina, y puntualmente con la aparición de los dos primeros casos en San Andrés de Giles, esta ha sido una pregunta que no ha dejado de aparecer en los comentarios de las publicaciones de todos los medios locales.
Las autoridades sanitarias, no pueden hacer público este tipo de información. Según la Ley de Datos Personales, “el responsable y las personas que intervengan en cualquier fase del tratamiento de datos personales, están obligados al secreto profesional respecto de los mismos“.
Por otro lado, la ley 26.529, establece los derechos que tienen los pacientes en su relación con los profesionales y con las instituciones de la salud. En el inciso C del artículo 2°, se afirma: “Toda actividad médico – asistencial tendiente a obtener, clasificar, utilizar, administrar, custodiar y transmitir información y documentación clínica del paciente debe observar el estricto respeto por la dignidad humana y la autonomía de la voluntad, así como el debido resguardo de la intimidad del mismo y la confidencialidad de sus datos sensibles“.
Además, el inciso D, sostiene: “El paciente tiene derecho a que toda persona que participe en la elaboración o manipulación de la documentación clínica, o bien tenga acceso al contenido de la misma, guarde la debida reserva, salvo expresa disposición en contrario emanada de autoridad judicial competente o autorización del propio paciente“.
Los medios tampoco pueden sacar a la luz esta información, porque significaría entrometerse en la relación médico – paciente y hacer añicos un pacto que está sellado con leyes aprobadas por el Congreso Nacional. Divulgar datos sobre casos de Covid positivo, podría significar el inicio de acciones judiciales.
Pero más allá del planteo legal, también se oculta la identidad por ética profesional. En estos últimos 4 meses se ha visto una gran cantidad de actos de discriminación y violencia contra pacientes de Coronavirus. Sin ir más lejos, en Junin le prendieron fuego la camioneta de trabajo a un verdulero que había dado positivo. También podemos citar el caso de la médica sanjuanina que al volver de España, se confirmó que tenía Coronavirus, y tuvo que sufrir que le apedrearan la casa. Reservar los datos de los pacientes ayuda a evitar que se hagan más escraches en el futuro.
Ante la negativa a brindar nombres, es muy común que se replique “Pero si no sé quien es el nuevo contagiado ¿Cómo sé si tuve contacto o no?“. Cuando aparece un nuevo caso, las autoridades municipales interrogan al paciente para saber por dónde anduvo. Así, logran aislar a aquellas personas con las que tuvo contacto. A esto se le suman los registros que llevan los comercios, que permiten saber con qué clientes tuvieron cercanía.
Debemos entender a los datos personales como una información íntima que debe manejarse con un cuidado supremo, ya que lo que para algunos puede ser un simple tema de charla, para otros puede representar un gran problema con el cual lidiar. Y esto es algo que se torna más delicado, si tenemos en cuenta que estamos hablando de pacientes que atraviesan una enfermedad que puede ser muy dura.



