Desde hace unos años la Plaza San Martín fue invadida por los estorninos. En la actualidad, es muy común ver como los vecinos “esquivan” el espacio público por el nauseabundo olor o para evitar ser alcanzados por las heces de las aves. Esta situación nos presenta una incógnita ¿Quién tiene la potestad sobre el lugar? ¿Los vecinos o las aves?
La historia dice que la especie es originaria de Europa y Asia, se cree que llegó al país a fines de los años 80 de la mano de vendedores de animales exóticos quienes, al no poder ubicar los casales en el mercado, los liberaron. Las primeras parejas fueron avistadas en la localidad bonaerense de Bernal.
Hoy se extienden las bandadas por toda la llanura pampeana. Y esto fue posible gracias a su capacidad reproductiva -pueden duplicar su población año tras año-, la ausencia de predadores naturales -lo que les permite competir y ganarles el espacio a las especies autóctonas- y su adaptabilidad a comer casi de todo, desde insectos hasta alimento balanceado, basura, granos y gramíneas.
Científicos coinciden que los ambientes cálidos y los plátanos atraen a los estorninos. Es por eso que varias plazas de la provincia de Buenos Aires, con estas especies de árboles, fueron invadidas por las aves. Un denominador común que termina siendo centro de todas las investigaciones.
Ahora bien, ¿Es lógico que un vecino no pueda usar la Plaza por la invasión de las aves? ¿Cómo nos ven los visitantes al tener el centro cívico en estas condiciones? ¿Por qué no se evalúa un reemplazo concreto de árboles? Las respuestas son diversas en el seno de la comunidad.
Perder el control sobre una plaza pública es un problema grave. Los vecinos hoy no pueden disfrutarla como tal, incluso es muy común ver un paisaje desolador por la tarde – noche. Tiempo atrás, esa plaza, era el punto de encuentro de jóvenes y familias.
Para los turistas no es nada agradable visitar un lugar en estas condiciones. Además esta situación impide apreciar los edificios históricos y es un problema para los locales comerciales e instituciones públicas de la zona que se ven perjudicados por la presencia de los estorninos. Es decir, el problema ya no es solo en un sector específico.
Se probó con banderas, un equipo de sonido y hasta un rayo láser. Nada funcionó. El HCD aprobó una ordenanza para reemplazar los árboles pero su concreto recambio nunca sucedió. Los plátanos siguen y por ende, también las aves. Mientras se demoran las acciones políticas, los estorninos se reproducen y la plaza más importante y con mayor historia de la ciudad, sigue estando bajo la órbita de una bandada de estorninos.



