Las historias del boca a boca cuentan que algunas décadas atrás se pescaba mucho en el Arroyo de Giles y hasta se podía andar en pequeñas embarcaciones que salían desde el Polígono. Sin embargo, con el pasar del tiempo y el crecimiento urbano de San Andrés de Giles, el arroyo se fue modificando por la acción humana. Hace algunas semanas atrás, por primera vez una retroexcavadora se metió en el medio del arroyo para continuar dragándolo por decisión del Municipio. ¿Fue un acto de limpieza o de destrucción?
Para saber más sobre el tema hablamos con Juan Patricio Addesso, arquitecto, asesor de planeamiento urbano municipal y una de las mentes detrás del Paseo de la Cañada, el Parque Urbano Natural y la Reserva Urbana Natural ubicada detrás de la plaza Santiago del Estero del barrio Familia Propietaria. Hace muchos años que su trabajo está enfocado en cómo es y cómo será el crecimiento urbano de nuestra ciudad. En ese recorrido, el arroyo ha sido una pieza clave.
En realidad Juan Patricio le presta atención desde hace mucho tiempo atrás. Cuando tenía ocho años se la pasaba pescando con sus hermanos y amigos en el Arroyo de Giles. Más tarde, ya como profesional, pasó de contemplarlo, a estudiarlo. “Primero íbamos a pescar abajo del puente de la calle Belgrano, después nos corrimos a un brazo del Anchito García. Pescábamos de todo”, recuerda con nostalgia. Eso sucedió alrededor del año 80, luego, la papelera empezó a tirar celulosa. “Yo vi cómo se llenó de colores y papeles y no podíamos pescar, entonces nos íbamos corriendo de lugar”.
Sin embargo, aclara que “la papelera dejó de contaminar hace años y de hecho todos los estudios de análisis de agua que hace sistemáticamente el municipio, hace años que muestran que lo que contamina es la ciudad. No hay desechos de la fábrica, pero la falta de cloacas de toda esa zona hace que la mayoría de la gente vuelque a la zanja o que los propios pozos no den abasto y desborden, entonces es natural que eso termine en el arroyo. Durante muchos años el hospital tiraba todos los remedios y patógenos al arroyo, estoy hablando de la década del 80, no de la prehistoria, pero todo eso se fue corrigiendo, lo que quiero decir es que toda la historia del arroyo es la historia de nosotros relacionándonos con un espacio natural como ese”.

El pueblo y el arroyo, una misma historia
Addesso hace hincapié en el factor social: “No es que haya un culpable. De hecho hoy se publicita la obra de dragado del arroyo con una retroexcavadora adentro del agua. Cuando veo eso me quiero largar a llorar, porque por un lado celebran el Día del Ambiente pero con una retro en medio del arroyo destrozando todo, pero bueno, la gente a eso lo ve como una limpieza, y que por eso no se van a inundar, que por supuesto que es importante, pero no siempre la solución es esa, es una cuestión de razonamiento. Los humedales son el área de desborde natural cuando se carga el agua de los arroyos. En este caso, el humedal natural en parte era la ciudad”

Sobre las características naturales de este curso de agua, Juan Patricio desarrolla: “el arroyo de Giles es típico de la pampa ondulada, es un arroyo meandroso, son suelos planos, tampoco estamos en una zona muy ondulada, tenemos suelos muy blandos, fértiles, el agua va escurriendo y va desplazándose, todo eso va haciendo que el arroyo sea como zigzagueante. Una de las nacientes está en la estancia La Amalia, que arranca por ahí, y que eso, empieza a infiltrarse y empieza a correr agua de distintos lugares: las rutas, las autopistas, los caminos, todas las obras- que algunas hace más de 100 años se han hecho- van modificando toda esa cuenca y va haciendo que el movimiento de agua que va a cada lugar del arroyo sea diferente”.
Juan Patricio explica también cómo era la relación entre el arroyo y el pueblo hace un tiempo atrás: “Giles nace del arroyo, pero nunca se ocupó hasta hace algunos años. De hecho en la costa había quintas. Cuando miramos algunas fotos vemos que los bordes del arroyo estaban ocupados por huertas. Incluso el primer cementerio real lo tuvimos al borde del arroyo por la calle Francia, dónde había un meandro muy grande. La situación del arroyo fue cambiando a medida que se fue ocupando. Ese cause meandroso nuestra generación no la conoció, porque fue justo cuando se hizo la obra de rectificación en la década del 70”.

Esta obra, explica el arquitecto, fue la primera que tuvo como objetivo limpiar el arroyo. “Tengo fotos de mi padre cuando vino a Giles para hacer la iglesia, diapositivas del arroyo en las que se ven cómo era el cauce natural”. Con esta primera modificación se tendría que haber “administrado la ocupación del suelo, o sea, haber hecho que los lugares que todavía no estaban edificados, no se edifiquen.” Sin embargo eso no sucedió. “Se trataba de tomar una conciencia de eso y haber urbanizado otras cosas, haber canjeado suelo, poner límites. De hecho cuando ves los planos históricos de Giles, todos esos bordes eran lotes municipales”.
Según Patricio, todos estos años desde la década del 70, la relación que tuvimos como sociedad con el arroyo se vivió “muy marginalmente, era ir a meterse en campos privados a pescar y ni nos dábamos cuenta, la ciudad no se hizo cargo de eso como espacio público, no íbamos a pescar a un club. Respecto a la ciudad, nunca tuvimos atención sobre el arroyo, de hecho todos los barrios marginales se fueron del otro lado del arroyo” como el caso de “La Canducha” y demás.”
En el marco del Plan Federal, el arquitecto recuerda los inicios del barrio Familia Propietaria: “Estuvo del otro lado con una gran marginación porque no tenía servicios, estaba abandonadísimo todo hasta hace poco tiempo. Incluso si lo pensamos urbanísticamente estaban siendo siempre los suelos más baratos para que el estado pueda construir viviendas, hasta el bicentenario fue así, recién cuando empezamos a hacer los convenios urbanísticos que empezamos a generar loteos con Procrear, con venta de privados, con financiaciones, donde se empezó a incorporar la diversidad de la ciudad, entonces el arroyo era un gran límite de la ciudad y era un lugar abandonado, nunca se lo tuvo en cuenta. Cuando hicimos el paseo de La Cañada están las fotos eran realmente todos pastizales, las calles desaparecían ahí, era un abandono para la ciudad”.
El recuerdo del popular “Anchito García”
Respecto a la zona del arroyo que da a la Reserva Natural y al Parque Urbano, explica indignado: “una parte del cauce de la reserva lo dragaron, lo zanjearon y era una reserva que pasó por el Concejo Deliberante, estaba iniciándose y se metieron con una máquina, no sé por qué, así hicieron desaparecer el Anchito García”.
El Anchito García, como le decían los vecinos a ese sector del arroyo, fue desapareciendo por la acción humana y las medidas abruptas que tomó el municipio en los últimos años: “Lo hicieron desaparecer en la última gran depredación que le hicieron a ese afluente que no era el arroyo, era un afluente más. Cuando empecé en el 2008 a trabajar en la municipalidad, que trabajé con el Paseo de la Cañada, ya el agua no era tan grande, ya tenía poca agua, pero históricamente el Anchito García era más una pileta que un lugar de pesca, era el lugar más profundo dónde había más agua limpia sin plantas, pero después estaba el puente y había otro anchito donde se pescaba más en el puente que desapareció, que se fue rompiendo y lo terminaron de sacar cuando pasaron dragando con la retro. Eso fue durante la última modificación que nadie supo decirme porqué dragaron eso”.

Primero investigar, después planificar
Las modificaciones del arroyo siempre se hicieron para evitar las inundaciones. Sin embargo, dragar con retroexcavadoras no es la única posibilidad. “Es cierto que hay un tema de escurrimientos de agua, hay un concepto hidráulico de manejo de agua, que es como todo: si tenés un caño más grande y limpio corre más agua. Ahora el manejo de cuencas no es una cuestión de caños solamente, porque donde sacas el agua más rápido por algún lado, llega más cantidad en menos tiempo a otro. Lo único que se hace es trasladar un problema a otro lado, obviamente se prioriza la ciudad, si la gente se inunda hay un problema, no es cuestión de negar eso, pero el tema es que las soluciones nunca terminan siendo tampoco solo agrandar el caño, hay otro tipo de soluciones que es retener las aguas de donde van viniendo, el manejo de agua de la ciudad, incluso, limpiezas en otros sectores”.
Además, asegura que es clave para repensar las medidas, tener en cuenta la naturaleza del ambiente local: “Hoy sabemos que esta zona tiene periodos de seca y otros de mucha agua. En la actualidad tenemos más capacidad de responder a eso, tenemos que empezar a administrarlo si es que queremos que el arroyo tenga vida. No solo hay que hacer que el agua escurra naturalmente y no genere inundación en viviendas, que es lo obvio, sino que tenemos que hacer que cuando haya periodo de seca no se muera toda la vida porque no hay agua”.
Desde su mirada profesional, Patricio explica que se debería retener con diques en otros lugares para que se pueda asegurar aunque sea “un pelo de agua con profundidad mínima que te asegure la vida, que no se seque del todo, que no se vaya toda el agua, para poder preservar”. Detalla que algunas áreas de humedal que ahora están secas se podrían volver a inundar con tan solo un pequeño dique, no una represa, no una obra grande, estamos hablando de cosas mínimas para preservar 50 milímetros de agua”. Para Addesso no es una cuenca compleja y todavía hay esperanza que el arroyo vuelva a tener agua en lugares donde se secó. Opina que la retroexcavadora adentro del arroyo es más marketing que una obra razonable, porque “en esos bordes se genera vida, están los sapos las nutrias, las tortugas”.
Entonces ¿cómo proceder? Para no equivocarse, lo ideal es estudiar primero. “Hay que hacer un estudio hidráulico para ver el detalle de hoy de las cuencas, un relevamiento del terreno actual, para poder calcular la cuenca real y dimensionar la necesidad de desagote de eso”, explica el arquitecto. Señala además que es necesario ser conscientes que “tenemos un ambiente que está lleno de vida y que no es solo una cuestión de un caño de agua.”
Addesso señala que se podría empezar a usar el Parque Urbano Natural como espacio de desagüe y de retención de agua para que desborde para esa zona. “Hay 30 hectáreas para llenar de agua. Lo que hay que asegurarse obviamente es que no se inunde el barrio Familia Propietaria, que no se inunden las ampliaciones que se van a hacer, el barrio San Mateo, que son terrenos altos”, comenta.
Lamentablemente a pesar de ser accesible, el municipio de San Andrés de Giles nunca pidió un estudio para analizar la situación de la cuenca. “Nunca se hizo un estudio hidráulico de la cuenca para ver como está, nunca, y eso se pide, es bastante simple porque hidráulica provincial o distintos organismos tienen gente capacitada para eso, es una cuenca chica, no es el rio Luján o el rio de Areco. No es imposible, no cuesta millones de dólares, pero ahí es donde se ven las incoherencias: un mismo municipio que desarrolla reservas, parques naturales, plazas sustentables y a la par destruyendo la fuente natural que nos da origen”.


La esperanza fluye como el agua
La gran pregunta es si todavía estamos a tiempo de recuperar las zonas del arroyo que se secaron. Juan Patricio es positivo y proyecta a futuro: “estos cursos de agua se pueden recuperar justamente con retención de agua, pero porque se los ha transformado mucho, porque naturalmente nosotros tenemos que entender que lo que no podemos esperar de estos cursos de agua es la fantasía del arroyito siempre igual. Tenemos que entender que estos cursos de agua, este fenómeno geográfico, tiene esa característica de que se seca y se inunda y que siempre fue así”.
Para poder manejar responsablemente este ecosistema, explica Addesso “tenemos que entender que hay lugares donde el agua a veces no va a estar, pero hay vegetación asociada, todo lo que es fauna, insectos, mariposas. Estos ciclos son parte de lo que es este fenómeno natural. Reteniendo y haciendo obras se puede recuperar donde había agua”.
Todavía estamos a tiempo de protegerlo: con criterio, voluntad y especialmente con cariño hacia el arroyo que marcó nuestros orígenes como pueblo. Se trata de dejar de verlo como una alcantarilla, para poder mirarlo como una fuente de vida de la que emana nuestra propia historia.






