El frío de las noches de julio se hace sentir. Me abrigo para ir en busca de una historia que desconocía hasta hace unos días atrás, a pesar de ser un apasionado por el deporte nunca me había percatado del interés que despierta el boxeo en Giles. En el Club Almafuerte la disciplina tiene su epicentro.
Lejos de toda actividad social, casi en el fondo del imponente gimnasio, más de 10 jóvenes se entrenan duro. Pegan, esquivan y vuelven a pegar. El crujir de las bolsas suenan en sintonía con el agudo chillido de las zapatillas que no paran de moverse en reducidos espacios. Las indicaciones son continuas, entre todos hay un intercambio que va más allá de los golpes del deporte. Una comunidad se formó.
Más allá del interés por el despertar del boxeo en mi ciudad, fui en busca de una persona en particular: Pablo Talavera (24). En una charla informal me contaron de un joven brasilero, que eligió Giles hace unos años para vivir, y recientemente se consagró campeón en la categoría Súper Mediano. Un logro que no puede pasar desapercibido.
Encontrar a Pablo fue fácil. Entre todos los boxeadores uno impactaba la bolsa con diversas combinaciones sin parar. Observarlo es una maravilla. Parece una máquina que está en pleno proceso de producción, tienen la concentración justa para que cada movimiento se aplique correctamente y a pesar del desgaste, físico lógico del entrenamiento, no reduce la potencia. Talavera pega sabiendo que el esfuerzo en este deporte es recompensa, pero también un escudo.
Nuestro boxeador no está solo con la bolsa. En un rincón lo observan con admiración su pareja Mercedes con el recién nacido Nahuel en brazos. Los ojos de ella se reparten entre padre e hijo, debajo de varias mantas, el pequeño, presencia el esfuerzo de su héroe. La escena es la imagen más descriptiva posible del deporte amateur, cuando el día no alcanza entre el trabajo y el entrenamiento, la familia no tiene más remedio que seguir al deportista para mantenerse unida.
Pablo termina su entrenamiento y saluda a Mercedes. Les da indicaciones a sus alumnos y enseguida se acerca a mi posición. Me presento y le consulto si podíamos charlar un rato sobre su historia. Sonriente me responde que sí, y mientras lo ayudo a sacarse los guantes comienza a contarme como es la vida de un luchador.
“Yo me vine de Brasil cuando conocí a ella por Facebook (Mercedes). Primero vivimos en Areco y luego nos mudamos a Giles. Una vez instalado hice todo para tener la Licencia de la Federación Argentina de Boxeo, porque este fue desde chico mi deporte y mi objetivo era practicarlo como se debe” cuenta Talavera.
Su debut en Argentina fue en el Club Huracán de CABA, el desconocido “Pablinho” se cargó a su rival con un terrible K.O. Desde entonces pasaron 17 peleas, todas ganadas, terminando 4 antes que suene la campana. “Soy golpeador, fajador. Me gusta el cuerpo a cuerpo, no soy de esperar. Siempre pegó primero y trató de alcanzar el K.O” destaca el púgil sobre su estilo en el ring.
Pablo se gana la vida enseñando boxeo a otros jóvenes. Se levanta muy temprano para tomarse la Isleña rumbo a Carmen de Areco, donde Don Pedrito lo espera para comenzar el entrenamiento. Su maestro arma la rutina y cuándo regresa a Giles sigue con la parte aeróbica, a la noche mientras da clases aplica algunos golpes como para no perder el ritmo. “Yo entreno de lunes a lunes, quiero llegar, sé que tengo el corazón y la mente para seguir creciendo” repite convencido.
El pasado 5 de julio, Pedro deslumbró al jurado en el Club Estudiantes de Mercedes. Tras una performance que no dejó dudas le arrebató el cinturón a Lucas Suchi (San Justo) para consagrarse como el nuevo campeón de la Liga de Campeones del Oeste representando al Club Almafuerte. Un título inédito en la historia local. Este logro es la llave que abre las puertas de futuro.
Un boxeador amateur no gana dinero peleando. Pablo es el campeón de los bolsillos vacíos. “Me gustaría que Giles me respalde un poco más. Yo hace poco que vivo acá, no conozco a muchas personas como para tener sponsors. Pero quiero a este lugar, ya lo siento mío porque acá nació mi hijo y por eso me esfuerzo para representarlo de la mejor manera” cuenta el protagonista.
El perfil de bajo de Talavera lo puedo ejemplificar con una situación en particular: el campeón no tiene sobrenombre. En un ambiente donde muchos tienen primero un apodo y luego son boxeadores, Pablo todavía no se preguntó cómo quieren que lo llamen. Nuestro deportista está lejos de los flashes.
La charla con Pablo va a llegando a su fin. Antes de despedirnos me aclara que, si bien piensa en su carrera personal, él sueña con dar “clases gratuitas de boxeo en Giles” también me reconoce que algunos se acercaron para “pelear en la calle” y que sin vueltas los echó del Almafuerte. El gilense boxeador es sacrificio, golpea desde la humildad y deja en cada paso que da una enseñanza.



