El taller municipal de fotografía “Ojos de Campo“, ha formado a cientos de vecinos transformándose en un espacio donde pueden retratar artísticamente el mundo que los rodea, poniendo el foco en lugares donde las cámaras no suelen llegar.
Asisten chicos de Cucullú, Villa Espil, Espora, Tuyutí, Franklin y Villa Ruiz, como así también residentes del hogar geriátrico y del centro de día Alihuén. A través de este proyecto, muchos han encontrado su vocación: “Algunos terminaron trabajando en sus pueblos como fotógrafos y otros lo hacen en Buenos Aires” quien habla es Diego Arranz, director del taller. “Hubo alumnos que ahora tienen su propio estudio fotográfico, otros que se dedican a la publicidad, y por ejemplo las tres profesoras que trabajan en Ojos de Campo, fueron alumnas mías. Se ha podido abrir las alas de muchos chicos para que después puedan seguir creciendo”
Este año, a raíz de la crisis sanitaria, tuvieron que reinventarse: “El taller había empezado normalmente en marzo. Cuando se cortó todo, empezamos a trabajar en forma remota y por Zoom. Estamos trabajando mucho más. Lo que antes era 80 % práctico ahora empezó a ser 80 % teórico, lo que no está muy bueno porque la idea siempre fue que todo gire en torno a una práctica fotográfica” explica. Esto se complementa con charlas virtuales con fotógrafos de distintos géneros “La semana que viene nos toca hablar con uno especializado en automovilismo. Ya hablamos con fotógrafos especializados en boxeo, polo y gastronomía“.
En el día de la fotografía, Diego concluye confensando: “Es mi vida. En la fotografía descubrí una pasión. Fue un encuentro para el desarrollo personal, porque uno siempre busca profesionalizarse, porque ser fotógrafo hoy en día es muy difícil. Implica estar mucho muy tiempo formandose, leyendo mucho. La fotografía me sirvió para recomendarle a los demás que siempre tienen que hacer lo que les gusta“.



