Más allá de los posteos en redes sociales, la situación está a la vista de todos diariamente. Cada vez más son los vehículos que circulan a gran velocidad, con escapes libres y otras reformas que hacen extremadamente peligrosa la actividad para quienes conducen y para quienes no tienen más remedio que compartir las calles o rutas de nuestra ciudad con ellos.
Los accidentes viales en Argentina son un problema grave y persistente. Según estadísticas oficiales, en el país se producen alrededor de 6.000 muertes por año en siniestros de tránsito, además de una gran cantidad de heridos. Y las motos, son los vehículos más expuestos.
Los estudios destacan que uno de los factores que contribuyen a esta situación es la falta de conciencia vial, la falta de respeto a las normas de tránsito, como los límites de velocidad, la señalización y las luces de giro, y la casi nula consideración por los demás usuarios de la vía.
Las motos y su peligro en el mal uso
Desde hace un tiempo las motos tomaron mayor visibilidad. La industria dejó los ciclomotores para pasar a las motocicletas. Estos últimos, son vehículos de más cilindrada y peso, por ende, con mayor capacidad de velocidad. A su vez, la venta de este sector se incrementó gracias a las facilidades de pago; y ciudades como las nuestras pasaron a tener un gran número de motociclistas en la vía pública. De hecho, en algunos sitios hay más motos que bicicletas y autos. En Giles no sabemos, porque en estadística nos sacamos un cero hace rato.
Nuestra ciudad, como tantas otras, experimenta desde hace unos años la presencia de ciertos grupos de jóvenes vecinos que transitan de una manera muy particular. Son motos que parecen “Transformers”. Increíblemente sacan las luces, espejos, cambian rodados y liberan los escapes. La cultura del “corte” y el “cuelgue” que creció considerablemente se hace sentir con estruendos que son hoy el sonido de las noches gilense.
Hay artistas que componen canciones haciendo culto a las motos. Uno de los precursores fue El Noba, que con sus letras describió al rubro al detalle y lo llevó a una popularidad extrema. Su final fue justamente arriba de una moto de alta cilindrada, cuándo lamentablemente chocó un auto y falleció tras golpear con el asfalto. Iba sin casco.
Ya no es sorpresa encontrarse de repente a estas bandas circular a gran velocidad por colectora, la vieja RN. 7, avenidas y otros accesos similares. No es novedad el impacto que genera ver vehículos en la oscuridad como si fueran sombras. Una acción que pone en peligro a las y los jóvenes que parecen desconocer la gravedad del asunto y a quienes por allí pasan, sean peatones, automovilistas u otros pares de las dos ruedas.
El ruido es el mal menor aunque se lea extraño. Lo grave es la poca consideración que se tiene a la vida, la irresponsabilidad de generar un daño que puede ser irreparable. Y este pueblo, como tantos otros, de esto ya sabe.
La ausencia como solución
Difícilmente alguna autoridad habla de las motos y estos problemas públicamente. La Policía suele realizar acciones que no alcanzan, porque la situación claramente los sobrepasa. Es inviable que además de ocuparse de la seguridad de la ciudad tengan que andar “corriendo” a estos grupos que parecen divertirse con su irresponsable accionar.
Ahora bien, esto tampoco se termina con una ordenanza. Existe un Estado ausente en materia de prevención, concientización y educación. En Giles son nulas las campañas activas, es un tema que no se menciona, que parece no preocupar y que cuando hace mucho lío en las redes sociales se solapa con “controles” más visibles en el centro de la ciudad.
La Municipalidad poco hace para que quienes transitan en moto usen casco, una acción fundamental que se omite. Porque más allá del problema real de estas bandas que se vienen señalando en el artículo, existe un desinterés real en la utilización del mismo. Incluso se exige casi pidiendo perdón, cuándo en realidad el casco, es la única protección para el motociclista.
Hacer para solucionar
Un municipio vecino usó las cámaras de seguridad para identificar a grupos ruidosos. Monitoreó los movimientos hasta dar con los domicilios de los mismos. Secuestró motos, descubrió que algunas eran robadas y multó a conductores imprudentes. Una acción que tuvo efecto positivo. Otro, creó una campaña contra los escapes y secuestró más de 100 en pocas semanas.
Giles no tiene un plan. O por lo menos, no lo sabemos.
Está claro que el problema requiere de un abordaje integral pero serio. Son los “pilotos” los que tienen que reflexionar: andar a altas velocidades, sin luces, sin casco, “plancharse” arriba de los asientos y otras acciones de esa índole, atentan con la vida de todos. Es empatía. De hecho, para correr están las pistas y nuestra ciudad tienen un club que organiza este tipo de eventos priorizando la seguridad de los participantes.
También es necesaria la presencia de un entorno que proteja. Que una persona adopte este tipo de conducta con sus vehículos no puede pasar desapercibido. Es un principio básico. Una moda no es sinónimo de racionalidad. Y poner un freno, justamente un freno, puede evitar grandes dolores de cabeza a futuro.
Y claro, es necesario que el Estado local, que encabeza Miguel Gesualdi como intendente interino, trabaje con seriedad. La inacción nos conduce a un camino triste y complejo. Es cierto que para la mayoría de los vecinos es necesaria una política sanitaria real que nos devuelva el hospital que nos orgullece, el acceso a la vivienda y mejoras estructurales urgentes; pero este tema requiere atención. Que el ruido no nos distraiga.





