Hay recuerdos que el tiempo no logra erosionar, especialmente aquellos que guardan la pureza de la infancia rural. Para María Lucrecia Schittino, quien fuera docente de la Escuela Primaria N° 23 de San Alberto entre 1974 y 1977, la figura de Jorge Alfredo Maciel no es solo la de un nombre en un monumento, sino la de un alumno atento que llegaba a caballo desde el tambo vecino.
En una fecha especial, Schittino —maestra de Jorge de 4to a 6to grado— desplegó un álbum de recuerdos que pintan de cuerpo entero al joven que se convertiría en uno de los máximos orgullos de San Andrés de Giles. El héroe de Malvinas que no se olvida.
La vida de Jorge estuvo marcada desde temprano por el rigor y la nobleza del campo. Sus padres eran tamberos en un establecimiento cercano a la escuela, y la distancia se acortaba primero en un Renault 4 y cuándo fue creciendo a fuerza de galope. “Lo recuerdo con sus botas de goma y ubicando su caballo en la sombra del estacionamiento”, rememora María Lucrecia con una nitidez conmovedora.
En aquella escuela de campo, donde los grados se agrupaban para compartir el saber (de 1ro a 3ro y de 4to a 7mo), Jorge buscaba siempre la cercanía del pizarrón. “Jorge ocupaba el primer banco, siempre atento, callado y muy respetuoso”, relata su maestra. Esa imagen, la del niño en el primer asiento, contrasta hoy con la del hombre que, a los 20 años, no dudó en enrolarse como voluntario civil para defender la soberanía argentina en las Islas Malvinas.
Aquel alumno silencioso demostró una valentía sonora en el frío del Atlántico Sur. Jorge Maciel cayó en combate el 11 de junio de 1982, durante la cruenta batalla de Monte Longdon, apenas tres días antes de que cesara el fuego.
En una entrevista con Infociudad, su madre Nélida Fuentes de Maciel contó que su hijo “no faltó un solo día a la escuela” en San Alberto. También destacó la labor de otras docentes como Marta Gallo y Ñata Di Paolo que se preocupan por ayudarlo a integrarse, ya que Jorge era bastante tímido.
Al iniciar séptimo grado, Jorge Maciel pasó a una academia comercial que funcionaba en el Colegio Nuestra Señora de Luján. Sin embargo, sus estudios se vieron interrumpidos ya que a los 16 consiguió trabajo en una fábrica de Cortínez.
Para San Andrés de Giles, Maciel es el héroe de Malvinas, pero para su maestra María Lucrecia Schittino es el niño que dejó su huella en los pasillos de la Escuela 23. “San Andrés de Giles tiene un héroe que nunca olvidaremos”, concluye la docente, reafirmando que la memoria colectiva de nuestro pueblo se construye así: recordando al soldado, pero sin olvidar jamás al chico del primer banco que llegaba a caballo a estudiar.





