Nota realizada por los alumnos de la E.E.S N°1 Matías Dova, Ezequiel Rodríguez y Braian Barrientos.
Marta Ponte, concejal del e integrante de la organización, define a Operadoras Comunitarias como un grupo de 15 vecinas que se encarga de luchar por la igualdad entre el hombre y la mujer y ayudar a todas las mujeres víctimas de violencia de género. La problemática comienza a plantearse a nivel nacional y Giles no es la excepción. Tras la fundación de la Comisaria de la Mujer y del Observatorio Ciudadano, éstas mujeres se reunieron para fortalecer el acompañamiento entre vecinas.
“Nosotras nos encargamos de asesorar, ayudar, acompañar y facilitar el proceso jurídico a toda persona que llegue a nuestras manos en busca de un refugio y un oído amigo”, explica Marta. “Está demostrado que el 80% de los hechos de violencia ocurren en el ámbito familiar o están vinculados a su pareja o expareja. El hogar muchas veces es el lugar más peligroso para la mujer”, asegura.
Operadoras Comunitarias está conformado por mujeres voluntarias, desde profesionales hasta amas de casa. “Esto ayuda a entender mejor a la víctima desde otras perspectivas y circunstancias”, nos cuenta la concejal. “Incluso algunas de ellas han sido víctimas de violencia en sus círculos, añadiendo una visión única a cada caso que se presente”. Además recibieron capacitación especializada para conocer los procedimientos y brindar una ayuda más completa.
Las integrantes están continuamente en contacto con todos los organismos por los cuales tiene que pasar la víctima: Comisaria de la Mujer, Juzgado de Paz, Acción Social y Centro de Atención a la Victima, para poder lograr un buen seguimiento del caso y no dejar en ningún momento sola a la víctima.
“Generalmente las víctimas o familiares de las victimas nos contactan y se acercan a nosotros. Otras veces nosotras nos movemos hacia el lugar donde se encuentra la persona si esta se encuentra imposibilitada para salir o para comunicarse de otra manera”, afirma. “Muchas veces cuando una mujer alza la voz, enseguida van apareciendo más casos nuevos que se encuentran vinculados con casos que ya se habían resuelto. Así, descubrís que en realidad la problemática es mucho más amplia de lo que se pensaba, formándose una red de casos con protagonistas que se repiten”, afirma.
La organización está funcionando desde el año pasado y hasta este momento lleva registrados y archivados alrededor de 20 casos de diferentes índoles. “Según como se miren pueden ser muchos o pocos”, nos confiesa. “De cada caso te llevas una enseñanza, y todas hemos aprendido un montón acerca de esta labor”.
Sin duda la forma en que más se difunde el trabajo de esta organización es el boca a boca entre las personas que vivieron estas trágicas situaciones y pudieron resolverlas, y quienes aún están en el ida y vuelta de atreverse a hablar sobre su condición, ya sea por miedo a ser juzgadas o por temor a las consecuencias.
“La necesidad de ser escuchadas es muy visible. Cuando vamos a presentarnos en los barrios, tenemos un folleto que nos permite comenzar el diálogo con el otro y rápidamente te das cuenta en las reacciones, si generas un ámbito para ser escuchado. Porque hay mucha más gente que la que uno supone que está pasando por situaciones de violencia” Nos dice. “Hubo un recrudecimiento en el pensamiento de que es lógico que el hombre decida que se hace y que no se hace en una casa. El visibilizar que esto no es así, que las mujeres tenemos iguales derechos y que tenemos derecho a ser respetadas; que digamos esto es muy importante a la hora de la búsqueda de la igualdad”, concluye Marta.



