“NO SÉ SI ME VALORAN EN GILES, SÍ HAY GENTE QUE ME RESPETA”

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Domingo soleado en San Andrés de Giles. Son las dos de la tarde y las calles de la ciudad están semi vacías. Las chimeneas aún despiden el humo de los fuegos que se encendieron para el ritual dominical: el asado. Postal típica. El Barrio San Francisco no es la excepción. InfoCiudad llega a la casa del entrevistado y la escena que nos recibe es muy familiar. Vestido de entrecasa, con pantalón corto, remera y zapatillas, Marcelo Pontiroli saluda afectuosamente. Su familia también. Lo primero que se me viene a la mente es ¿cuántos domingos como este se habrá perdido a lo largo de sus casi 20 años de carrera en la Primera División del fútbol argentino? Entramos al quincho y un montoncito de brasas, aún calientes, reposan en la parrilla. Ahora sí, nos acomodamos y nos disponemos a hablar con el actual Secretario Técnico de Quilmes.

Marcelo, ¿siempre tuviste el deseo de jugar al fútbol?

Sí. En aquellas épocas la magnitud de lo que era ser jugador de fútbol no era lo mismo que la de ahora. Hoy hay muchísima más publicidad y los chicos de chiquitos ya van palpando otra cosa. Pero sí, uno mientras iba creciendo la ilusión para tratar de ser jugador profesional iba aumentando. Pasaban los años y uno iba tomando conciencia e iba viendo que tenía más posibilidades que otros. Entonces la ilusión estaba y cada vez que pasaba el tiempo lo veía más cerca. Nunca dudé de lo que realmente me apasionaba.

¿Y siempre en el puesto de arquero? ¿Arrancaste en esa posición?

Sí, siempre arquero desde chiquito. También me gustaba jugar al medio, pero cuando había que jugar por partidos oficiales, tanto en el club del barrio como en Deportivo Español, donde hice las inferiores, siempre fui al arco.

Cuando hiciste las Inferiores en Deportivo Español, ¿estuviste en la pensión del club o viajabas?

No, no estuve en la pensión. Vivíamos con mi familia en Tapiales y empecé en Sparta, un club de barrio a dos cuadras de casa, y el técnico del club estaba también en Español y cuando tenía 8 años ya me llevó a probar y quedé. Estaba a 20-25 minutos y lo hacía en colectivo.

Y mientras tanto, ¿ibas a la escuela? ¿Pudiste terminarla?

No, el colegio no lo terminé. Es un error que uno comete de chico, que piensa que el fútbol es el estudio. Yo siempre manifesté que tranquilamente se pueden hacer las dos cosas. Yo tuve la fortuna de llegar y de vivir del fútbol, pero hay otros chicos que se entregaron por completo para llegar en esta profesión y quedaron en el camino y prácticamente tenes que arrancar de cero.

¿En algún momento la viste difícil y dijiste “no llego, mejor me dedico a estudiar una profesión”? ¿Tuviste ese miedo de tener que arrancar de cero?

No, yo tuve la suerte de que cuando mis compañeros estaban en Sexta división, yo ya estaba jugando en Tercera. Jugué 10/15 partidos ahí y me subieron a Primera, cuando todavía tenía edad de Sexta. Y a los 19 años, cuando todavía te faltan 2 para firmar el primer contrato, yo ya salía al banco de Primera. Lo que sí tuve, cuando estaba en el banco de Primera, fue esa incertidumbre de saber si cuando me dieran la chance de jugar estaba preparado.

Por suerte, hoy muchos clubes tienen colegios propios. En la etapa que estuviste como formador de juveniles en Quilmes, ¿aconsejaste a los chicos diciéndoles que estudien?

Sí, hoy en día el club les exige y les da la posibilidad de ir al colegio. Hay también una asistente social que se encarga de darles apoyo a los chicos del Interior del país y pasa a ser como la tutora, se hace responsable de que los chicos todos los fin de mes lleven el boletín y tengan todo en orden. También es una forma de decirles a los padres “quédense tranquilo que nosotros los estamos cuidando”.

Hoy los chicos están muy involucrados y en contacto con la tecnología, como el celular y las redes sociales, ¿te resultaba difícil la relación con ellos? ¿Te escuchaban?

Sí, sí, escuchan. A los chicos hay que serles totalmente claro y decirles la verdad. Ellos entienden y, más allá que en el momento les puede llegar a molestar, después lo valoran porque saben que le dijiste la verdad y no les mentiste. En Quilmes, por ejemplo, tenemos muchos chicos que viven en las villas que están alrededor de la ciudad y no es fácil porque tienen la droga a la vuelta de la esquina y te encontrás con muchas situaciones en las que tenés que saber entenderlos, por eso hay asistente social y psicólogo. No es fácil, pero la verdad que mi paso por Inferiores, tanto como entrenador de arqueros como cuando fui técnico de la Cuarta, fue muy positivo y muy enriquecedor.

¿Y notás muchas diferencias entre los chicos de ahora y los de tu generación?

Son distintos momentos. La sociedad es muy distinta. Hoy al chico el club le da 2 horas y media de entrenamiento por día y el chico se queda con eso. En nuestra época nosotros entrenábamos 2 horas y media a la mañana y a la tarde nos íbamos a la canchita del barrio y seguíamos jugando. Lo que no nos enseñaban en el club lo aprendíamos sin darnos cuenta: a gambetear, a tirar un caño, un montón de cosas que en la actualidad los chicos no tienen, no tienen ese potrero. Antes era todo mucho más sano. Pero bueno, cada tiempo tiene su evolución y hoy hay chicos que realmente juegan muy bien.

En Giles hay muchos chicos que están peleando por cumplir su sueño de jugar en Primera, como lo hiciste vos, ¿qué consejos les darías?

Que no se guarden nada, que intenten todo para llegar. Son muy pocos los que tienen la posibilidad vivir del fútbol. Entonces el consejo mío es que no se guarden nada, que se cuiden, que se entrenen. Si llegan bárbaro, bienvenido sea. Y si no llegan que no se queden con ese reproche de “si hubiera hecho tal cosa, si hubiera entrenado mejor, si me hubiera cuidado y no hubiera salido”, porque después ya es tarde. La etapa de inferiores es en la que realmente se hace un esfuerzo importante para tratar de vivir del fútbol. Una vez que estas instalado en Primera, se te hace todo mucho más llevadero y es el momento de disfrutar todo el esfuerzo y el sacrificio que hiciste en inferiores.

Llegaste a jugar en Primera, donde te conoce mucha gente y ganas popularidad, ¿qué es la fama para vos?

(Piensa) La fama a lo mejor es salir en TV, que te reconozcan. En lo personal, yo sigo siendo el mismo tipo que cuando no jugaba en Primera. El fútbol en Argentina es tan popular que idolatran muy fácilmente a un jugador de fútbol. Hay que idolatrar a los médicos que te salvan la vida; el jugador de fútbol pasa a ser popular porque el fútbol en la Argentina es muy popular.

A  lo largo de tu carrera, ¿se te acercó gente por interés y no por amistad?

Sí, pero ahí está la capacidad de cada uno de saber interpretar y saber leer quién se te acerca por interés y quién no. Yo los amigos que tengo son los amigos de cuando no jugaba al fútbol. Sí hay gente a la que uno le habla y le da algunas posibilidades de que se acerquen, pero tenes que saber interpretar quién viene de buena leche y quién para sacar alguna ventaja y yo en ese aspecto era muy cerrado, de mi casa al entrenamiento y del entrenamiento a mi casa. No me gustó  mucho la exposición pública, entonces no le di mucha chance a gente que se acercaba para sacar algún beneficio personal.

Recién dijiste que en el fútbol se idolatra prácticamente a cualquiera, ¿vos acá en Giles te sentís reconocido y valorado?

Al principio sí me sentía reconocido, pero ahora soy uno más, quiero ser uno más, no me interesa que digan “uy, mirá quién está ahí”, no me gusta eso. Uno sabe que jugó casi 20 años en Primera, pero eso me pasó al principio cuando venía. Somos todos iguales, el carnicero, el que trabaja juntando la basura, etc. Uno por la profesión que llevó a cabo está más expuesto a que te reconozcan, a ser más público, pero a mi en lo personal no me ha cambiado nada ser jugador profesional. Es más, me siento más cómodo hablando con gente de menos recursos que con Luís Segura, que he hablado miles de veces. No sé si se me valora, sí que hay gente que me respeta, en el buen sentido de la palabra. No me gusta marcar esa diferencia de decir “mirá que te miro de arriba porque jugué en Primera 20 años, porque tengo un nombre”.

Te lo pregunto porque los gilenses (permítaseme la generalización, quizás errónea) somos un tanto crueles con quienes nos representan deportivamente en el país. Por ejemplo, Mathías Nolesi está corriendo en la máxima categoría del automovilismo hace muchos años y decimos “sí, pero termina en mitad de tabla o en los últimos puestos” en vez de valorar su trabajo de tantos años en el TC. Con vos pasa algo parecido, “que atajaste en equipos chicos y demás”, cuando en verdad también jugaste en Independiente, en Europa y te mantuviste en Primera casi 20 años.

Cada uno en su profesión trata de ser el mejor. Yo quiero creer que cada uno, el médico, el abogado, el panadero, el basurero, el carnicero, quiere ser el mejor en su profesión. Después las condiciones te dan para ser más o para ser menos. Por eso hay que valorar cada uno lo que hace en su función. Mathías hace muchos años que está, es súper valorable, es difícil llegar y, no es una frase nueva, pero muchísimo más difícil es mantenerse.

Hoy probablemente con el diario del lunes me digas que no, pero ¿te arrepentís de algo, de alguna decisión que hayas tomado?

No. A ver…uno cuando tiene que tomar decisiones lo tiene que hacer convencido, después las cosas pueden salir bien o mal, pero vos a partir de que tomaste una decisión convencido no tenés que arrepentirte. Yo no me arrepiento de nada. Después con el paso del tiempo, hay situaciones en las cuales decís “uy, hubiera hecho algo distinto”, pero si en el momento vos crees que es lo mejor para vos, después no te lamentes. Por eso no me arrepiento, porque en su momento cada decisión que tomé convencido de que era lo mejor para mi y para mi carrera.

¿Te quedó algo pendiente?

No, la verdad que en lo futbolístico no. A uno le hubiera gustado jugar en River, en Boca, en la Selección Nacional…

Pero jugaste en Independiente, que es uno de los clubes grandes del país…

(Risas) Sí, pero ¿sabes cuál es el tema? Yo no me reprocho nada porque a lo largo de mi carrera siempre me entrené para ser el mejor, siempre me cuidé para ser el mejor y las condiciones me alcanzaron para los lugares donde he jugado. Entonces no tengo ningún reproche hacia mí por no haber podido llegar a jugar en River, en Boca, en la Selección o irme afuera. No me guardé nada, simplemente las condiciones me dieron para jugar en los lugares donde me ha tocado, eso me genera tranquilidad a mí en lo personal.

¿Te acordás de tu debut en Primera en Deportivo Español en 1994?

Sí, me acuerdo. Partido en cancha de Vélez, yo estaba en el banco y Pedro Catalano sale en el entretiempo, íbamos 0 a 0. Juego el segundo tiempo, estaba jugando muy bien y prácticamente en la ultima jugada, la cancha estaba con barro y lluvia, y Chilavert de tiro libre hace su primer gol en Argentina y perdemos 1 a 0. Uno en ese momento no tomó la dimensión de lo que había pasado, que me había hecho un gol Chilavert. Después que pasaron las horas uno se dio cuenta, pero fue un momento en lo personal maravilloso. Había logrado algo que hacía años lo venia buscando. Imagínate que estuve prácticamente sentado en el banco dos años y había llegado el momento y me había sentido realmente muy bien y dije “creo que estoy preparado para jugar en Primera División”.

¿Y qué sentiste cuando otro arquero te hizo un gol?

En el momento no me di cuenta que había pateado Chilavert. Después con el paso de las horas decía “la pucha, me hizo un gol un arquero”, pero después cuando empezó a hacer goles de todos lados decía “gracias a Dios yo fui el primero, se van a acordar de mi”.

Compartiste terreno de juego con grandes jugadores, pero hay uno que fue para muchos el mejor de la historia: Diego Maradona. ¿Qué se siente compartir un partido, aunque en distintos equipos, con él?

Yo tuve la suerte de jugar no sólo con Maradona. Pude jugar en contra de Ronaldinho, de Cristiano Ronaldo, de Romario, de Francescoli, y a lo mejor ahí tomaba realmente la magnitud de lo que pudiste lograr o donde pudiste jugar. En el momento no te das cuenta, pero van pasando los años y decis “la puta madre, mirá con qué gente he jugado”. Son cosas que es lindo que te lo reconozcan, pero en su momento no tomas la magnitud que genera todo eso.

¿Tenés alguna camiseta de esos grandes jugadores que nombraste?

No, yo en ese tema era muy particular. Yo cambiaba camisetas con los jugadores que tenía una relación o había sido compañero o compartimos algo, sino no era de pedir. Si me pedían, yo las cambiaba sin problemas, pero a mi pedir no me gustaba. Una sola vez fui a pedir una camiseta a Riquelme porque habíamos jugado un par de partidos a beneficio y nos saludábamos, entonces me tome el atrevimiento y esa camiseta después se la regalé a un amigo para el casamiento.

 

PING – PONG

Un equipo: Argentinos Juniors. Le tengo un cariño muy grande y ellos a mí también.

Un momento de tu carrera: La etapa del 2005-2007 en Argentinos. Ahí creció mi vínculo con el club. Me ovacionaban antes, durante y después del partido; eso no se compra con nada.

Un partido: Yo digo que hay 2. El primero con Argentinos frente a Olimpo (Apertura 2005). Tuve un partido muy bueno, con penal atajado incluido; fue el quiebre de los hinchas conmigo. Y el segundo con Quilmes vs. Lanús, de visitante (Clausura 2004), y también tuve un partido increíble y fue un quiebre de la gente hacia mí.

Un delantero al que no querías enfrentar: Martín Palermo. Vos sabías todo lo que iba a hacer e igual te metía el gol. Un animal.

Un técnico: Te voy a nombrar 2. Uno es Osvaldo “Chiche” Sosa, que me llevó las dos veces a Argentinos y a cada club que iba me quería llevar. Y el otro, con quien más aprendí en los entrenamientos, en lo táctico y en encarar muchas situaciones, es el Carlos “Cai” Aimar.

Un referente: Tuve varios. De chico era hincha de River y en esa época estaban Ángel David Comizzo, Ubaldo Fillol, Hugo Gatti. También me encantaba Chilavert.

 

PENALES: ¿SUERTE O CAPACIDAD?

Marcelo Pontiroli, con 11, es uno de los arqueros que más penales atajó en la historia del fútbol argentino. Está en el podio, sólo por detrás de Oscar Passet, que atajó 14, y Hernán Castellano, con 13. Al ser consultado sobre si atajar los penales es una cuestión de suerte o, todo lo contrario, si es una técnica que se trabaja y se perfecciona, el gilense aseguró que cuanto más es el entrenamiento, mayor será la posibilidad de atajarlos. “Nada es casualidad. En la segunda etapa en Argentinos, con el grupo nos quedábamos no menos de dos o tres veces por semana a hacer campeonato de penales por premios. Por día a cada arquero nos pateaban 30/40 penales, entonces le vas agarrando la mano, vas estudiando al que te patea, si te mira o no, si das un paso antes o te quedas, si esperas al final para jugarte a una punta… Al entrenarlo uno se va dando cuenta de un montón de cosas y después, cuando llegaba el momento de que me patearan oficialmente, yo iba y lo atajaba. Ortigoza ganaba todos los torneos y hoy lo ves y no erra ningún penal. La intuición y la suerte también influyen, pero todo se entrena”.

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