La semana pasada, la publicación en el Boletín Oficial del nuevo protocolo de seguridad que firmó Patricia Bullrich dividió las aguas. Esta nueva disposición permite a los Policías Federales, entre otras acciones, disparar sin dar voz de alto.
Esta situación puso en el centro de la escena al “gatillo fácil”, un accionar que lamentablemente se repitió en nuestro país. Para conocer la relación entre este concepto y la nueva medida del Gobierno Nacional, Infociudad entrevistó a Vanesa Orieta.
La joven militante es hermana de Luciano Arruga, desaparecido el 31 de enero de 2009 cuando tenía 16 años. “Después de cinco años y ocho meses dimos con sus restos; hasta el día de hoy seguimos denunciando a la policía como la principal responsable de esto, porque mi hermano se negó a robar para ellos” describió Vanesa al contar lo que ocurrió con su hermano.
IC: ¿Cuál fue tu primera reacción cuando conociste la difusión de este protocolo?
Vanesa Orieta (VO): Con respecto al protocolo, lo que entendemos es que esto ocurre, hoy esto se da en los barrios humildes, no hay voz de alto, lo que sí existe en estos barrios es una fuerte discriminación y criminalización que hace y que permite que las diferentes fuerzas de seguridad puedan disparar ante una situación como un joven o una joven que porta determinadas condiciones que son su color de piel, su forma de vestir, el barrio en donde viven.
Este decreto que se empezó a hacer visible, es un decreto que viene a legitimar una cuestión que ya está instalada y hace mucho tiempo, de hecho las muertes de nuestros pibes están totalmente naturalizadas, así como esta naturalizado el gatillo fácil, las torturas, la desaparición de chicos, entre otras cosas. Estamos en una sociedad que está repleta de podredumbre, que está yendo hacia un camino irreversible de violencia. Esto es lo que se viene para las futuras elecciones, esto es para medirnos y ver hasta donde nosotros podemos soportar y tolerar la mano dura. Quien gane seguramente lo que va a hacer es habilitar otras medidas más represivas.
IC: ¿Crees que la solución para estar más “seguros” es tener por ejemplo más efectivos en la calle o medidas similares?
VO: La verdad es siempre hablo de esta situación como la “gran trampa”, lo que está ocurriendo no solo en Argentina sino en todo el mundo, es el tema de la inseguridad. Una vez que se instala este tema, lo que aparece es un fuerte miedo, la gente lo tiene, no sale a caminar por la calle tarde y eso es algo que no está bien, está mal, porque una vez que te instalaron el miedo te ganaron la cabeza, pueden hacer de vos lo que quieran desde arriba, porque la inseguridad es un negocio, tiene que ver con la venta de armas, de cámaras, con toda una estructura. Muchas veces a través del miedo se piden medidas que son terriblemente violentas. Si buscamos registros de años atrás, vamos a encontrar que casi todos los gobiernos constitucionales jugaron con la loca idea de bajar la edad de punibilidad de los menores, eso es cosa de una sociedad podrida.
Lo paradójico de esta situación es que estamos pidiendo seguridad de parte de gente que al mismo tiempo denunciamos como responsables de hechos delictivos, porque sabemos que hay una venta ilegal de armas, de drogas, juegos clandestinos, explotación de niños y niñas, y sabemos que atrás de todas esas negociaciones están implicadas personas que pertenecen a las fuerzas de seguridad, fiscales, jueces, personas con poder político, empresarios. Hay que empezar a pensar hacia donde estamos llevando los pedidos que se están haciendo y que va a pasar con nuestro país y con nosotros como sociedad si seguimos permitiendo que la gente maneje sus exigencias a través del miedo.



