Cuando vemos una película, la mayoría de las veces, elegimos un personaje para sentirnos identificados. Esta elección puede ser consiente y otras en un plano más sentimental, queremos que “nuestro” personaje conquiste a la bella dama, que se escape con el botín o desactive la bomba que terminara con la especie humana.
En la película Al final del túnel, recientemente estrenada, protagonizada por Leo Sbaraglia, Pablo Echarri, Clara Lago y Federico Luppi, con dirección y guion de Rodrigo Grande, nos encontramos con una historia llena de suspenso, cambios en la historia y mensajes visuales.
Leo Sbaraglia logró representar excepcionalmente a un hombre en silla de ruedas con una vida oscura, solitaria y triste que pasa sus días reparando ordenadores en el sótano de su abandonada casa, hasta que Berta (Clara Lago) llega con su pequeña hija a alquilar una habitación en su vivienda.
Al final del túnel relata una historia de suspenso, con constantes cambios de rumbo, que nos mantiene al vilo de la butaca en todo momento. El director y guionista enfrenta al espectador con intervenciones que atentan directamente los principios morales, produciendo momentos de mucha tensión y dolor en la película.
La atrayente particularidad que tiene el film es sorprendernos en los múltiples virajes que tiene la historia y los personajes, cuando creemos que se vislumbra un desenlace cambia el rumbo manteniendo así el suspenso y la sorpresa en todo momento.
El otro gran personaje es Galereto, representado por Pablo Echarri, en un papel agresivo y ruin desde los gestos, pasando por su imagen y terminando por sus acciones, personaje que cobrara real esplendor sobre el final de la intrínseca historia.
La película nos expone al interrogante ¿qué seriamos capaces de hacer si construyen un túnel debajo de nuestra casa para robar un banco? Hasta dónde puede llegar nuestra ambición?



