Martín Miguel de Güemes nació en Salta en 1785, en el seno de una familia acomodada, pero eligió un destino de barro, monte y trinchera junto a los sectores más postergados de su tierra. Hoy, al conmemorarse un nuevo aniversario de su muerte —ocurrida el 17 de junio de 1821 tras ser baleado por una retaguardia realista en complicidad con la elite salteña—, su figura emerge con la fuerza de los imprescindibles.
Mientras Buenos Aires miraba con desconfianza los movimientos populares, Güemes organizó en el norte un ejército de gauchos, baqueanos y desposeídos a los que vistió con ponchos rojos y bautizó como “Los Infernales”. Su método fue la guerra de guerrillas: desgastar a las tropas españolas, que venían con toda la experiencia de las guerras napoleónicas, a fuerza de ataques rápidos, sorpresivos y nocturnos.
“Güemes fue un estratega militar brillante y un líder político extraordinario”, destaca Felipe Pigna al analizar el proceso de la independencia. “Llevó adelante una guerra popular, una guerra de recursos en la que el pueblo salteño y jujeño se comprometió por completo. Sin la resistencia de Güemes en el norte, las invasiones realistas hubieran llegado hasta Buenos Aires, abortando el plan continental de San Martín”.
El propio José de San Martín comprendió rápidamente el valor del salteño. El plan de cruzar los Andes y liberar Chile y Perú solo era viable si alguien lograba contener el avance español por la frontera norte de las Provincias Unidas. Güemes fue ese muro inquebrantable.
Güemes no solo fue un militar; fue el primer gobernador de Salta elegido por el pueblo, gobernando entre 1815 y 1821. Durante su mandato, implementó el “fuero gaucho”, eximiendo del pago de arriendos a aquellos que ponían el cuerpo en la guerra, una medida que le valió el odio eterno de las clases altas locales.
“A Güemes la oligarquía salteña le temía más que a los propios españoles”, señala Pigna con su habitual claridad. “Lo llamaban ‘el protector de la plebe’ de forma despectiva. De hecho, su muerte es producto de una traición de los sectores pudientes de Salta, que le facilitaron el ingreso a las tropas realistas del coronel Valdez para que lo emboscaran”.
Aun herido de muerte, tras agonizar durante diez días a la intemperie en la Cañada de la Horqueta, Güemes rechazó los ofrecimientos de los médicos españoles que le prometían salvar su vida y devolverle sus bienes a cambio de rendir la ciudad. Murió fiel a sus ideales, haciendo jurar a sus oficiales que continuarían la lucha hasta expulsar al último invasor.
Un homenaje necesario en cada rincón del país
Durante casi dos siglos, la historia oficial de corte mitrista intentó relegar a Güemes a la categoría de un mero “caudillo local” o un defensor de fronteras, despojándolo de su rango de héroe de la liberación sudamericana. Recién en el año 2016, mediante una ley nacional, se reconoció oficialmente el 17 de junio como feriado nacional obligatorio, saldando una deuda histórica.
Recordar a Güemes este 17 de junio en el Día Nacional de la Libertad Latinoamericana es reivindicar la entrega absoluta, la soberanía territorial y el compromiso con los sectores populares que, ayer y hoy, sostienen los cimientos de la patria.





