Miguel Ángel Riquelme abre la puerta de su casa con una sonrisa y enseguida me invita a pasar. Afuera, la calma de Villa Espil en un día gris. Adentro, el aroma que ya anticipa el almuerzo. Desde temprano empezó a cocinar unos canelones para invitarme a comer.
Mientras la salsa termina de cocinarse, corta verduras con una destreza que sorprende. Se mueve con naturalidad entre la mesada, la cocina y la heladera. Parece sencillo. Pero no lo fue.
Hace diez años, cuando tenía apenas 25 años, un accidente le provocó una lesión medular que cambió su vida para siempre. El joven que trabajaba en la construcción, hacía changas de todo tipo y no paraba un minuto, despertó un día sin poder mover su cuerpo.
Hoy, con 36 años, se moviliza en silla de ruedas y conserva movilidad en hombros, codos y muñecas. Todo lo demás tuvo que volver a aprenderlo.
“Ahora yo lo hago parecer fácil. Pero todo lo que fue el proceso… hasta levantarme de la cama, las caídas, las quemaduras… tuve que adaptarme a todo. Pasó un día y no me salía, dos días, tampoco, tres días tampoco… pero siempre insistí.”
“Lo peor que hay es quedarse en la cama”
La historia de Miguel no empieza en TikTok.
Empieza con rehabilitación, terapias ocupacionales, adaptaciones y una pregunta que durante mucho tiempo le daba vueltas en la cabeza: ¿y ahora qué hago?
Aceptar que no volvería a caminar fue apenas el comienzo. Después llegó otra batalla, mucho más silenciosa.
“Me costó un montón. Primero asimilar y después aceptar. Pero cuando fue pasando el tiempo era ‘¿y ahora qué hago?’. Un día me dije: ‘Bueno Miguel, levantate. Demostrá que vos podés’.”
Ese cambio de mentalidad fue el punto de partida.
“Lo peor que hay es quedarse en la cama. Todo está en la mente. Cuando uno está negativo y dice ‘no lo puedo hacer’, no va a hacer nada.”
Después del accidente también cambió su alimentación. Durante dos años sufrió problemas digestivos que terminaron llevándolo incluso a una internación. La solución estaba mucho más cerca de lo que imaginaba. Había que volver a cocinar.
Y esa cocina, que siempre había formado parte de su vida, terminó convirtiéndose en una herramienta para recuperar independencia.
“La cocina surgió por mi alimentación. Siempre me gustó cocinar. Después tuve que aprender de otra manera, adaptarme a todo.”
Cada movimiento que hoy realiza con naturalidad fue antes un desafío. Aprender dónde apoyar una olla, cómo sostener un cuchillo, cómo evitar quemarse, cómo levantarse de la cama, cómo vestirse.
Nada ocurrió de un día para otro.
“Mi vida no es solamente cocinar. La vida de un discapacitado que quiere salir adelante requiere de mucho esfuerzo, no solamente en la cocina, sino desenvolverme en mi vida personal, como levantarme, como hacer las cosas. El día a día tiene sus consecuencias, porque por ahí estoy bien y de la nada decaigo física y mentalmente. No es fácil sobrellevar una vida estando en silla de ruedas.”
“No quiero ser una carga”
Miguel vive con uno de sus hermanos. Mientras él trabaja, Miguel se ocupa de la casa. Hace las compras en los comercios del pueblo, prepara el almuerzo y espera que llegue del trabajo con la comida lista.
No habla de sacrificios. Habla de agradecimiento.
“No quiero ser una carga. Las personas con discapacidad sienten que son una carga y no tiene que ser así. Tienen que poner lo mejor de sí para ayudar a la familia. Ahí está la clave: que las cosas salgan de uno, de su propia voluntad”, explica en uno de sus videos.
“Encontré una manera de aportar en mi casa. Mi hermano, gracias a Dios, tiene un trabajo en blanco, puede pagar las cuentas y llenar la heladera. Yo soy el que cocina, el que compra la verdura. De esa manera aporto y me siento útil.”
Cocinando con Migue: su proyecto en Tik Tok
Hace tiempo que Miguel tenía ganas de crear contenido. Había probado con videos de motivación, pero sentía que algo no era auténtico.
“Me estaba mintiendo a mí mismo. Hacía videos de motivación, pero después llegaba a mi casa y estaba bajón. Faltaba algo.”
Ese “algo” apareció cuando decidió simplemente mostrar su vida. Sin discursos. Sin actuar. Solo cocinar.
La otra pieza fundamental fue su prima, Oriana Riquelme, de 20 años. Ella fue quien tomó el celular, empezó a grabarlo, editó cada video y convirtió aquellas recetas caseras en el contenido que hoy siguen casi 15 mil personas.
Entre los dos se ríen de los errores, de los bloopers y de cada escena que queda detrás de cámara. “Prima, vos grabá”, le decía Miguel. Y así empezó todo. En apenas un mes ya habían superado los diez mil seguidores.
Villa Espil, China y una comunidad que emociona
Los videos muestran exactamente la vida que Miguel lleva todos los días. La tranquilidad de Villa Espil. Los vecinos que lo ayudan cuando va al almacén. Las compras del día. La sencillez de la cocina de su casa.
Y también a China, su inseparable dogo argentino, compañera permanente de cada jornada. No hay escenografía. No hay personajes. Solo la vida.
Quizás por eso la respuesta del público resulta tan genuina. “Contagiás energía”; “Sos voluntad y fortaleza”; “Gracias por ayudarme a querer levantarme.” Son apenas algunos de los miles de comentarios que recibe. Muchos llegan de personas con discapacidad que encuentran en sus videos un impulso para seguir adelante. Otros llegan de personas que les encanta sus recetas, su forma de cocinar y su carisma.
Cuando se le pregunta si se considera un ejemplo, Miguel vuelve a sorprender. “Yo no soy un ejemplo de nada. Soy un muchacho que quiere vivir. Después, cada uno que tome lo bueno.”
En un momento muy difícil de su vida también perdió a un amigo muy cercano. Durante un tiempo dejó de grabar. Dejó proyectos. Se enojó con todo. Hasta que encontró en la fe una herramienta para volver a empezar.
“Me ayudó muchísimo estudiar la Biblia. Me dio una herramienta muy importante que es la oración. Todo se fue dando de una linda manera.”
No habla de milagros. Habla de constancia. De levantarse todos los días. De insistir. De volver a intentar.
Mucho más que recetas
Cuando termina de servir los canelones, Miguel vuelve a mirar la mesa. Dice que no es un genio. Que no es un capo. Que solamente hace lo que puede. Pero alcanza con pasar unos minutos en su cocina para entender que, quizá sin buscarlo, hace mucho más que cocinar.
Desde una casa sencilla de Villa Espil, con una olla, un cuchillo, una silla de ruedas y la ayuda de una prima que decidió creer en él, construyó una comunidad donde miles de personas encuentran algo difícil de conseguir en las redes sociales: autenticidad.
Y acaso esa sea la mejor receta que comparte en cada video.
Porque, como repite una y otra vez durante la charla, “siempre insistí”.
Y esa perseverancia, convertida en ejemplo aunque él no quiera llamarlo así, termina siendo el ingrediente que más alimenta a quienes lo miran desde cualquier rincón del país.






