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No pegué un ojo ¿vos estás igual?

Cuando la historia entra a la cancha: por qué este partido se juega también con el alma y el recuerdo de Malvinas.

Me desperté más de una vez. Y si, no pegué un ojo. Di vueltas para acá y para allá. Miré el reloj, las 2.30, las 3.40 y así sucesivamente. Me levanté con pocas ganas de hacer todo, controlándome para no mirar las redes y lógicamente dejar caer alguna lágrima. Entiendo que este debe ser un estado de ánimo compartido porque, en definitiva, el fútbol y la historia nos atraviesan.

Desde que terminó la fase de grupos miraba el fixture y no podía dejar de pensar en este cruce. Y se terminó dando ¿fue el destino? A Leo, a esta selección, no le faltaba ningún otro capítulo, pero pareciera que existe una fuerza mística que dice hay algo más para ellos. Y acá estamos, creyendo. Aferrándonos a la idea de celebrar y como se repite en casi todos lados, fundirnos en un abrazo con el primero que tengamos a mano.  

Para muchos será el primer partido contra ellos. Para otros, uno más; uno más especial. Es imposible no jugarlo con la memoria, con el dolor latente de las Malvinas y con el recuerdo de Diego, que en el 86 nos regaló la obra más icónica de la historia del deporte. Aunque queramos restar dramatismo, ese hito no fue solo un partido de fútbol, fue algo más que el propio barrilete cósmico lo definió como solo él sabía hacerlo: “Soy un tipo normal, que por hacerle un golazo a los ingleses, que nos mataban a los pibes en Malvinas, hoy todo el mundo me reconoce”.

Diego no fue uno solo. Fueron dos golazos.

Trato de tocar la pelota al costado y pensar que este, en especial, también es un buen día para para hablar de Malvinas con los nuestros, para reflexionar, para recordar y mantener viva la memoria. Porque Malvinas une, incluso en días que no están marcados con un feriado en el calendario. No les voy a mentir: quiero ganarles más que pasar a la final. Y mucho tiene que ver la historia.

Alentemos, respetemos las cábalas, disfrutemos esta selección maravillosa que nos representa de una manera increíble. Que lucha, corre, emociona, juega lindo y defiende los colores con un sentimiento que se percibe del otro lado de la pantalla. Y no olvidemos que este momento es único, de hecho, pasaron más de tres décadas para volver a ver un equipo con estas cualidades.

Vamos Argentina. Vamos selección.

Ojalá nos encontremos en la plaza.

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