Quienes caminan a diario por la esquina de Rivadavia y Moreno quizás no imaginen la riqueza histórica que encierra ese lugar. Pero esa esquina, hoy parte del paisaje cotidiano, fue el corazón de uno de los primeros y más importantes comercios de nuestra ciudad: la tradicional Casa Méndez.
Su origen se remonta a 1842, cuando arribó al puerto de Buenos Aires el capitán mercante Juan Simón Cucullú y Arrente. Entre los pasajeros viajaban dos de sus hijos: Juan Simón Cucullú Ximénez, de 18 años (nacido en Alvia, Bilbao, el 2 de noviembre de 1824), e Isidro Cucullú Ximénez, de 17 (nacido en 1825). Ambos se quedaron en el país y, tras trabajar cinco años en la casa de comercio de don Santiago Meabe, resolvieron trasladarse a San Andrés de Giles en 1847.
Fue por iniciativa de Juan Simón Cucullú Ximénez que se fundó en esa esquina una importante casa comercial. El edificio primitivo ocupaba más de un cuarto de manzana, no tenía ochava (esquina en ángulo recto), era de una sola planta con cornisa y contaba con un molino de viento en su interior, sobre el lado de calle Moreno.
Juan Simón se casó el 14 de noviembre de 1867, a los 43 años, con Emilia Francisca López, de 18, nativa de Giles. Tuvieron 12 hijos. Falleció en Buenos Aires el 8 de noviembre de 1900, a los 76 años. Su hermano Isidro, por su parte, desposó a María Anastasia Cutillas el 11 de octubre de 1855; tuvieron 10 hijos. Una de sus hijas, Gerónima Cucullú Cutillas, se casó con Lorenzo T. Ruiz, donante de las tierras que dieron origen a la estación Villa Ruiz. Isidro falleció en Buenos Aires el 8 de marzo de 1910, a los 84 años.

La historia del comercio toma otro rumbo con la llegada al país, en 1869, de un joven llamado Nicolás Méndez. No convencido de las oportunidades en Buenos Aires, se trasladó a San Andrés de Giles y se empleó en el negocio de don Juan Simón Cucullú. Diez años después, en 1879, tras escalar posiciones hasta convertirse en asociado, Nicolás Méndez adquirió junto con José María Ormílgue (sobrino político de Cucullú) el negocio de la familia Cucullú. Así nació la nueva etapa de la Casa Méndez.
Cuando comenzó a ser la Casa Mendez
A lo largo de los años, la firma fue cambiando de nombre. En 1894 pasó a ser Méndez, Montoto y Pérez Queipo; en 1899, Méndez y Peláez; en 1906, Nicolás Méndez y Cía.; en 1918, al fallecer Nicolás Méndez, pasó a ser Hijos de Nicolás Méndez (a cargo de José Manuel Méndez y Lucio Méndez); en 1925, Méndez Hnos. Ruiz y Peláez, encargados de la administración de negocios bancarios y cerealeros. También tuvieron una sucursal en estación Heavy a cargo de la firma Sotillo, Castaño y Cía. En 1942, la razón social cambió a Moderna Casa Méndez S.R.L. Con el tiempo, la sección tienda (sobre Rivadavia) pasó a ser de R. y H. Ruiz y Cía. hasta su cierre en la década de 1980. El almacén (sobre calle Moreno) cambió de dueños –Castaño, Rodríguez y Cía, luego Ferrari y Cairo, luego Ferrari (h) y Casas– hasta su cierre en la década de 1990.
Un edificio que marcó una época
En 1929, tras demoler la vieja construcción del siglo anterior, se inauguró un moderno e imponente edificio que perdura hasta hoy. Era un verdadero modelo arquitectónico: contaba con una importante cúpula vidriada, escaleras de mármol y moblajes e instalaciones de madera de la más fina calidad, muchas de las que aún perduran en la actualidad.

Sobre calle Moreno tenía una entrada amplia que conectaba con una playa interior adoquinada para estacionamiento; allí funcionaban el almacén de ramos generales y los depósitos. Sobre Rivadavia se encontraba el amplio local de la tienda. Entre ambos no había divisiones, de modo que los clientes podían pasar de un sector al otro sin salir al exterior, una gran comodidad.
Junto a la tienda continuaba un edificio de dos plantas donde funcionaba una especie de banco. Con los años, hacia la década de 1950, fue alquilado para instalar una sucursal del Banco de la Nación Argentina. A partir de 1970 aproximadamente, se alternaron varias entidades financieras: Banco de Boulogne, Banco International, Banco de Los Arroyos, Banco Bisel y Banco Macro, entre otros.

Un legado educativo para la ciudad
Tras el cierre de la tienda en los años 80, ese local fue alquilado primero para un sector de corte de telas de una fábrica de indumentarias y luego para un negocio de muebles del señor Ambrosio Daverio. El almacén cerró en los años 90.
Fue entonces cuando se cumplió una cláusula testamentaria de los doctores José Manuel y Lucio Méndez: legaron la totalidad de la propiedad –que abarcaba el frente de toda la cuadra sobre calle Moreno, la mitad de la cuadra hasta el banco por Rivadavia, y media cuadra sobre calle 25 de Mayo– a la Congregación de las Hermanas del Colegio Nuestra Señora de Luján (cuyo asiento está en la esquina sudeste de San Martín y Mitre). Una vez en posesión del bien, la Congregación ocupó parte de la casa sobre el banco y parte del local de la tienda para que allí funcionara un colegio secundario, inaugurado en 1994, que perteneció a la Unión de Padres de Familia del Colegio Nuestra Señora de Luján y que hoy es el Colegio “Sagrada Familia”. En la esquina noroeste de 25 de Mayo y Moreno se levantó el Jardín de Infantes del mismo colegio, dando cumplimiento al fin educativo de la donación.
La esquina que ocupaba el almacén fue alquilada por la Municipalidad, donde funcionó hasta 2010 el Complejo Museográfico Municipal (hoy trasladado al remodelado edificio del ex Mercado Municipal, en 25 de Mayo y Mitre). Con el correr de los años esta esquina fue alquilada por Distrimás, donde actualmente funciona un local de venta de electrodomésticos. Conservan aún parte de ese legado histórico, en su emblemática escalera.

Un homenaje a sus protagonistas
Los recuerdos de la desaparecida Casa Méndez traen a la memoria a ilustres personajes y destacados vecinos que brindaron su esfuerzo a la empresa y a la comunidad gilense. Entre ellos se mencionan a los doctores José Manuel y Lucio Méndez (factores fundamentales del desenvolvimiento de la firma), a don Pedro V. Ruiz (eximio matemático), a don José Castaño, don Modesto Rodríguez, José Ferrari, Osvaldo Cairo, Hernán Borrajo, don Luis Farola, los hermanos Rodolfo, Hilario y Luis Ruiz, José Manuel González, Julián Lacanette, y tantos otros que pasaron por las filas de aquel prominente comercio local.
Mención aparte merece la familia de María José Di Paolo, constructores de la emblemática fachada que conocemos hoy. Su familia, ha conservado fotos y recuerdos de aquellas época, y gentilmente los ha compartido con Infociudad.

María José Di Paolo nos cuenta que su abuelo Nicolás llegó directo de Italia junto a su familia. Falleció en 1999, cuando ella tenía 14 años. Todo lo que conoce de su trabajo en edificios históricos, es porque su papá en su juventud trabajó con él en algunas obras. “Construyeron varios edificios en el pueblo, algunos de ellos son: casa Méndez, estancia La Vanguardia, estancia La Amalia, el correo, casa Pellegrini (actualmente Cáritas), fábrica Dándolo y prini (fábrica de alfombras), casa donde hoy funciona la empresa Miroglio (esquina Rivadavia y Sarmiento). En algunas aún está el sello que utilizaban los constructores para marcar la pared con su apellido. La mayoría de las bóvedas del cementerio entre otras”, relata la vecina.

Un rincón que los gilenses atraviesan a diario, pero que guarda en sus paredes más de un siglo de trabajo, comercio, arquitectura y solidaridad. Patrimonio vivo de nuestra ciudad.
Fuentes: “Historias Gilenses” de José Rocha y fotografías de la familia de María José Di Paolo.






