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Día Mundial de la Obesidad: “Llegué a pesar 172 kilos y dormía sentado para respirar mejor”

En una fecha destinada a la concientización, el gilense Agustín Ifrán (30) comparte su valiente camino de transformación. Perdió casi 100 kilos en una lucha que define como "el compromiso con uno mismo".

Cada 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad, una jornada que busca alertar sobre una enfermedad que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya califica como una “epidemia silenciosa”. Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, en Argentina 6 de cada 10 adultos presentan exceso de peso, y la tendencia sigue en aumento.

Sin embargo, detrás de las cifras frías, existen historias de lucha diaria. Una de ellas es la de Agustín Ifrán, un joven de nuestra ciudad que hoy, a sus 30 años, cuenta su historia para ayudar a otros.

“Durante muchos años la obesidad fue parte de mi vida. Desde que tengo uso de razón el exceso de peso, las dietas y los intentos de ‘soluciones mágicas’ me acompañaron”, relata Agustín. Su punto máximo en la balanza fue de 172 kilos, pero el dolor más agudo no era físico: “Paradójicamente lo que más me pesaba no era el cuerpo, sino todo lo que llevaba por dentro: la discriminación y la falta de oportunidades era lo que más dolía”.

Para Agustín, la obesidad trasciende lo estético. “Es una de las enfermedades más difíciles de combatir porque nadie te entiende. Es silenciosa, los hábitos no cambian solos por más que lo intentes y la balanza sigue subiendo”, explica con crudeza.

El “basta” y los motores del cambio

Hubo dos momentos clave que funcionaron como un despertar. El primero tuvo nombre propio: Amelia, su sobrina. “Cuando mi hermano me cuenta que iba a ser padre, lo primero que pensé fue que con mis kilos no iba a poder jugar ni disfrutar de mi sobrina como debía. Tenía que conocer a otro Agustín, a un tío diferente”, recuerda.

Aun recuerda esos primeros pasos de su sobrina y la mirada distinta, al ver una persona de un gran tamaño que intentaba comunicarse con ella. Una experiencia difícil y dolorosa.

El segundo motor fue la pérdida de la cotidianeidad: “me agitaba si mandaba un audio de WhatsApp de un minuto, me costaba atarme los cordones e incluso llegué a dormir sentado para poder respirar mejor”.

La transformación

El primer paso fue la decisión de hacer algo distinto. Luego de un intento fallido en 2016, Agustín inició el proceso para someterse a una cirugía para realizar un ByPass Gástrico. Conocer al cirujano Dr. Ezequiel Fernández, titular del CRQO (Centro de Rehabilitación Quirúrgica de la Obesidad) fue clave.

“La primera vez que intenté la obra social se demoró y me deprimí, abandoné durante el tratamiento inicial. Pero cuándo conocí a Ezequiel fue distinto, me dio su palabra que me iba a operar y me motivó a hacerlo, en ese momento yo me quería internar en algún lugar. Pero él me cambió la mirada y me dio esperanza” cuenta Agustín.

Fernández le propuso un plan duro pero eficaz. El cirujano habló con su familia y desde fines de 2022 hasta el 23 de febrero de 2023, el día que se operó, llevaron a cabo una dieta estricta que le permitió bajar el porcentaje necesario para poder operarse.

“En esos días y como siempre, mi familia fue un sostén clave, me acuerdo que con mi papá y mi mamá pasamos 24 y 31 de diciembre solos encerrados en casa, no quería tentarme con nada y ellos me entendieron. Porque en ese momento tenés la voluntad pero psicológicamente es muy pronto como para estar fuerte. Fue triste pero el resultado lo vemos hoy” recuerda emocionado.

“Se puede”

Hoy, Agustín pesa 79 kilos. La transformación externa es impactante, pero él asegura que el verdadero trabajo fue mental: “Lo más grande y costoso fue el cambio interno. Aprendí disciplina, constancia y sobre todo a no soltarme la mano. El verdadero desafío no es bajar de peso, sino sostener el compromiso con uno mismo”.

No solo el vecino gilense bajó de peso, consiguió trabajo y hoy vive con nuevos hábitos; entre los que se destaca una vida social y deportiva activa.

En esta semana de concientización, su mensaje para los vecinos de Giles es claro y esperanzador: “Se puede. No es fácil, no hay recetas mágicas ni es lineal, pero cuando suenan las alarmas hay que dejarse ayudar, principalmente por la familia. La obesidad me acompañó durante años, pero esta vez no me ganó”.

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