En una nota de opinión publicada el domingo en Infobae, los economistas Guillermo Bermúdez y Marcela Cristini, sostienen que un factor importante para la reactivación económica post pandemia, tiene que ver con las exportaciones cárnicas, pero principalmente porcinas.
Esto se da en un contexto en el que China, que es uno de los principales importadores, ha multiplicado las compras, ya que tuvo que descartar una gran cantidad de toneladas a causa de la fiebre porcina africana.
Además, los especialistas explican que estamos ante una oportunidad que hace mucho no se presentaba: El sector exportador argentino maneja niveles sanitarios de competitividad internacional, lo que asegura su ingreso a grandes mercados como los de Rusia, la Unión Europea, Estados Unidos o Israel.
Por eso cobra vital importancia las acciones que se puedan desarrollar entre el Estado y el sector privado, para lograr acumular dólares que permitan afrontar los compromisos futuros, y mejorar aún más los estándares agroindustriales, generando más empleo.
En este sentido, es que Argentina planea firmar un acuerdo con China, para instalar 25 plantas en el NEA y el NOA, invertir en frigoríficos, y en aspectos de sanidad y ambientales. En el artículo publicado en Infobae se aclara que si bien el monto de la inversión es incierto, se habla de unos 4 mil millones de dólares.
Nuestra ciudad, particularmente, se podría ver beneficiada ya que el frigorífico Campo Austral, perteneciente a la firma La Piamontesa, exporta tanto a Rusia como a China. En este sentido, el medio La Voz del Interior, informó que desde la planta gilense, junto a la que está ubicada en Córdoba, han aumentado las exportanciones en un 700 por ciento a lo largo de los últimos 7 meses.
Este progreso, llevó a que la empresa importara capital, con el fin de aumentar la producción, contratando más trabajadores. Representa una gran oportunidad para San Andrés de Giles, sobre todo si tenemos en cuenta la ordenanza para el fomento del empleo aprobada este año por el HCD. La misma, dicta que al momento de tomar trabajadores, las empresas radicadas en nuestra ciudad deberán tener preferencia por los vecinos gilenses, por lo que si la planta crece, se podría reducir el desempleo local.
Pero más allá de los beneficios económicos que se puedan conseguir en una primera instancia, también habrá que prestar atención a las consecuencias medioambientales. Cristini y Bermúdez opinan que se requerirá una mayor inversión de capital, y proponen la incorporación de plantas de bíogas.
Por otro lado, se plantea el riesgo de que los inversionistas pidan exclusividad en el comercio, lo que generaría no sólo reducir los mercados, sino también influir en el valor de la carne dentro del propio país.
Argentina tiene regulación en ejercicio al respecto, pero será una cuestión a tener en cuenta al momento de negociar.
Por último, me permito agregar al análisis de los especialistas, que el siguiente paso en este proceso de reactivación económica a partir de la exportación, tendrá que ver con el uso de las divisas. No es la primera vez que nuestro país apuesta a los mercados internacionales como método para resolver una situación crítica.
Sin embargo, no siempre se hizo de la misma manera. A finales del siglo XIX Argentina se instaló como “el granero del mundo”, pero los dólares se iban en palacios, vajillas de oro y lujos innecesarios. Más de 60 años después, con el fin de la Segunda Guerra Mundial, nuestro país calmó el hambre europeo post bélico. En esa segunda oportunidad, se pudo aprovechar el contexto económico mundial para invertir, reforzando la industria, nacionalizando el ferrocarril y disminuyendo el desempleo.
En el caso de que podamos encausarnos en el camino del progreso, decidir la manera en la que se utilicen los dólares que ingresen, será una cuestión no menor, ya que denotará el rol que desea ocupar Argentina en el entramado de la economía mundial.



