Por Sofía Stupiello
El movimiento «Ni Una Menos», surgió el 3 de junio del 2015 cuando miles de mujeres se congregaron en más de 80 ciudades del país para protestar contra la violencia machista y el alto número de femicidios. El caso de Chiara Paez, una joven embarazada de tres meses asesinada a golpes por su pareja, conmovió a toda la ciudadanía. En ese entonces, un tweet de la periodista Marcela Ojeda, dio a origen a la consigna que devino en movilización y organización.
Durante 2018 el 83 por ciento de los femicidios se produjo en contextos de violencia doméstica y el 56 por ciento fue cometido por parejas o ex parejas de las víctimas. Los datos surgen del relevamiento realizado por la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema. En lo que va de este 2019 el observatorio que presentó el registro de femicidios destaca en su informe que hubo 133 asesinatos de mujeres, registrándose un pico en marzo, mes en el que hubo un femicidio cada 23 horas.
Ante esta situación, el Estado actualmente destina 11 pesos por mujer. Con una suma de 234,3 millones de pesos derivados al Instituto Nacional de las Mujeres (INAM), sólo se destinarán $11,36 por mujer para combatir al machismo y sus siniestras consecuencias. Dicho presupuesto, con la inflación proyectada, implica una retracción del 17,8% con respecto al asignado en 2018. Las mujeres, ante esta manifiesta incapacidad del Estado de abordar la problemática seriamente, se organizan en un movimiento de una magnitud sin precedentes que atraviesa todo el país.
¿Qué hacen las agrupaciones de mujeres en San Andrés de Giles? ¿Solo marchan para recordar un femicidio? ¿Se organizan y se forman políticamente para demandar soluciones reales?
En San Andrés de Giles, las vecinas se organizaron en un frente de mujeres que lo conforman desde jóvenes que aún cursan sus estudios secundarios hasta jubiladas. Allí debaten, se reúnen en asambleas y discuten problemáticas que son comunes a todas las mujeres gilenses: la falta de profesionales con perspectiva de género en las instituciones locales, la ausencia de estadísticas reales sobre la violencia de género, la problemática del empleo para las mujeres de nuestra ciudad en un contexto de crisis y endeudamiento, los casos de acoso laboral, entre otros.
En un contexto en el que la deuda y la devaluación acentúan la crisis económica, los 11 pesos que destina el Estado no alcanzan, la violencia contra las mujeres sigue su curso y los números son aterradores. Por su parte, las mujeres se reúnen a debatir y a organizarse, y así es como se fueron conformando las actuales agrupaciones en las que participan desde jóvenes adolescentes hasta jubiladas, en torno a una problemática que las interpela como argentinas y como gilenses. El surgimiento de estas marchas y de estas organizaciones, demuestran que la problemática demanda acciones políticas concretas y que las mujeres no se van a sentar a esperar que el Estado actúe, son las propias mujeres las que han decidido tomar las riendas de su propio destino demostrando sobradas aptitudes para meterse en política y alentar a otras a que sigan su ejemplo.



