Redacción Infociudad 


Cada año, la escena se repite en millones de hogares: pasto, agua y zapatos esperan la llegada de tres visitantes milenarios. Pero, más allá de la ilusión infantil, la historia de los Reyes Magos es un fascinante rompecabezas donde se mezclan la religión, la astronomía y las costumbres de diversos pueblos.
Curiosamente, la fuente original de esta historia es mucho más breve de lo que imaginamos. El único que los menciona en la Biblia es el Evangelio de San Mateo. En el texto, no se dice que fueran “reyes”, sino “magos” (del griego magoi), un término que en aquella época se utilizaba para designar a sabios, astrónomos o sacerdotes que estudiaban las estrellas.
Tampoco se mencionaba cuántos eran ni cuáles eran sus nombres. Fue recién en el siglo III cuando el teólogo Orígenes propuso que eran tres, basándose en la cantidad de regalos ofrecidos. Sus nombres —Melchor, Gaspar y Baltasar— aparecieron por primera vez en un mosaico del siglo VI en Italia.
Los tres presentes que los viajeros entregaron en el pesebre no fueron elegidos al azar. Cada uno tenía una carga simbólica profunda para la época:
| Regalo | Significado Simbólico | Atributo de Jesús |
| Oro | Riqueza y poder | Reconocimiento como Rey. |
| Incienso | Aroma sagrado usado en cultos | Reconocimiento como Dios. |
| Mirra | Resina para embalsamar | Reconocimiento como Hombre (mortal). |
A lo largo de la historia, la imagen de los Reyes fue evolucionando para representar a todo el mundo conocido. Por eso, en la Edad Media, se decidió que cada uno de ellos representaría a uno de los tres continentes conocidos en ese entonces: Europa, Asia y África, simbolizando que el mensaje de paz era para toda la humanidad.
“La figura de los Reyes Magos representa la búsqueda constante del ser humano por algo superior, guiada por la luz de la curiosidad y la fe”, explican historiadores del arte sacro.
En nuestro país, la tradición mantiene ritos inamovibles. El 6 de enero no es solo el fin del ciclo navideño, sino la noche de los zapatos en el umbral, el agua fresca para los camellos sedientos y el pastito cortado con dedicación. Es el cierre de una etapa de festejos que nos invita a mantener viva la capacidad de asombro.
Hoy, en pleno 2026, la tecnología y el ritmo frenético del mundo se detienen por un momento ante tres pares de huellas en la arena del tiempo, recordándonos que la magia, si uno cree en ella, siempre encuentra el camino a casa.