Tensa calma, calles desiertas y la incertidumbre por lo que vendrá. Así se transita el fin de semana en Cataluña, España.
Luego de decretarse el estado de alerta, la dinámica de la cotidianidad poco a poco fue mutando. Quedó comprobado que difundir el pánico y la paranoia colectiva resulta tan dañino como minimizar la situación actual de pandemia, que ya transcendió todo tipo de fronteras. Si bien lejos estamos de vivir las teorías conspirativas y apocalípticas circundantes, ya es habitual ver en los supermercados y farmacias a todos los trabajadores realizando sus tareas con guantes; ya es un hecho encontrarse con bares, locales comerciales y sitios de esparcimiento con las persianas bajas hasta nuevo aviso; ya se vive la economía total del movimiento como estandarte de la responsabilidad.
La decisión de quedarse en el hogar se percibe como un deber cívico y un acto solidario. La campaña del ‘yo me quedo en casa’ sintetiza la importancia de cuidarnos para cuidar a los demás. Resulta urgente preservar a los más vulnerables, que son los únicos que pueden verse realmente afectados por esta pandemia, como así también contribuir con el trabajo de los profesionales de la salud para evitar colapsos en las instalaciones sanitarias.
Es un momento oportuno para recordar que siempre es preferible escuchar y leer a los que saben, en lugar de darle espacio a (des)informaciones que contribuyen al caos y la histeria. Es menester agradecer y reconocer el fundamental trabajo que hacen los equipos de la sanidad pública, las personas que siguen cubriendo el acceso a los productos de primera necesidad, los transportistas… en fin, aquellos que ponen el cuerpo, y hacen posible que trabajemos en conjunto para sortear esta coyuntura.
Es tiempo de reflexión, paciencia y toma de conciencia. Valorar la labor de los médicos y auxiliares de la salud nos lleva a repensar y repudiar las medidas de recortes, que impiden propiciar condiciones de trabajo dignas. Es también en crisis como estas cuando resulta primordial ejercitar la empatía y las prácticas de consumo responsable, en detrimento de la cultura innecesaria y desmedida del acopio.
Actuar de manera solidaria está al alcance de todos y cada uno de nosotros… acá, allá y en todas partes del mundo.



