La llegada de las fiestas de fin de año trae consigo un viejo debate que divide opiniones en San Andrés de Giles: el uso de pirotecnia sonora. Este año, las celebraciones navideñas estuvieron marcadas por un aumento significativo en el uso de petardos de estruendo, en comparación con el año pasado, a pesar de la Ordenanza 2.118 de 2018, que prohíbe su fabricación, comercialización y uso dentro del partido.
Las agrupaciones de vecinos y familiares de personas con autismo alzaron su voz esta semana, reuniendo firmas para exigir el cumplimiento de la normativa. Argumentan que la pirotecnia sonora no solo afecta a niños y adultos dentro del espectro autista, sino también a personas con alta sensibilidad auditiva y a los animales, que sufren intensamente ante el estruendo de las explosiones.
En respuesta a estos reclamos, el municipio publicó en sus redes sociales un recordatorio sobre la vigencia de la ordenanza y anunció medidas concretas. “El comercio que venda pirotecnia sonora será multado y/o clausurado”, señala el comunicado, enfatizando que solo se permite la comercialización de artificios lumínicos para las festividades de Navidad y Año Nuevo.
La normativa tiene como objetivo prevenir daños en personas, animales y el medio ambiente, promoviendo celebraciones más inclusivas y responsables. Sin embargo, su cumplimiento sigue siendo un desafío. La noche de Navidad recién pasada evidencian que, en muchos casos, la norma fue ignorada.
El debate toca fibras sensibles: ¿hasta dónde es justo que una celebración implique el sufrimiento de otros? Para muchas familias con integrantes dentro del espectro autista, las fiestas representan momentos de angustia en lugar de alegría. Lo mismo ocurre con los dueños de mascotas, que ven a sus animales temblar de miedo o sufrir episodios de estrés extremo.
A pocos días del Año Nuevo, queda por ver si el municipio logra garantizar el cumplimiento de la ordenanza y si la comunidad elige una forma de festejar que contemple el bienestar de todos sus miembros. Mientras tanto, el llamado es claro: evitar los inconvenientes y priorizar el respeto hacia quienes más sufren con la pirotecnia sonora. ¿Será este el año en que la empatía logre superar al estruendo?
No se trata únicamente de imponer multas o clausuras para hacer cumplir una ordenanza; el verdadero desafío es construir una comunidad más empática y solidaria. La pirotecnia sonora no es solo un problema legal, sino también social, que exige un cambio en la conciencia ciudadana. El Estado, al escuchar los reclamos de grupos afectados, estableció normas claras, pero el compromiso no termina ahí, ni para la municipalidad ni para los vecinos. Es necesario un esfuerzo colectivo que fomente la sensibilidad hacia las diferencias y el respeto mutuo, para que las fiestas sean motivo de alegría compartida y no de sufrimiento para algunos.




