Al hablar sobre los libros que publicó a lo largo de su vida, Graciela León no pudo evitar hacer hincapié en “Delia Etcheverry, gilense y socialista”, trabajo en el que investigó sobre la vida de la docente que fue una de las tantas protagonistas del surgimiento del movimiento obrero argentino.
En cierto modo, fue una de las primeras feministas, una de las mujeres que no le tenían miedo a los cánones de la época – explica – Su familia se fue a La Plata porque el padre había sido nombrado legislador. Allá, ella quiso estudiar Medicina, fue una valiente total, porque la resistencia de los varones era muy fuerte. Lo que han sufrido las primeras médicas como Cecilia Grierson de sus compañeros…
Al hacer referencia a Etcheverry, León achina un poco los ojos y a la vez sonríe. En su rostro hay una disputa entre la bronca que genera la opresión que sufrió Delia y el placer de relatar su historia.
“El padre, con buen criterio, le aconsejó que se dedicara a la educación. Ella acepta y se recibe de profesora de Educación Especial. Es posible que durante sus estudios superiores en la universidad haya tomado contacto con la realidad social”, agrega.
En las primeras décadas del siglo XX, el Reino Unido ocupó con fábricas los terrenos que no pudo usurpar con los ejércitos en las invasiones de 1806 y 1807. Los saladeros de las multinacionales como Swift se instalaron en la zona de Berisso y Ensenada, bordeando la costa del Río de La Plata.
Mientras las primeras ideas socialistas y anarquistas empiezan a llegar al país de la mano de las oleadas migratorias, los obreros de los frigoríficos comienzan a formarse y educarse para poder luchar por sus derechos. Delia se encargó de brindarles una de las herramientas más importantes para pelear: la cultura.
“Ella empieza a dar clases en toda esa zona y toma contacto con la realidad social. Ahí es cuando inicia una militancia que va a ser política, pero más que nada cultural – precisa León – Tiene la idea de la elevación de la clase obrera, a través de la cultura. Entonces va a crear bibliotecas, va a crear sesiones de películas, reunía a la gente, formaba clubes, les pasaba una película y después la debatían, pasaba música, comentaban la música.
Todo este esfuerzo pedagógico, fue acompañado de un trabajo incesante por defender los derechos de los niños y mujeres. “Se va a rodear de personas como las hermanas Chertkoff. Ellas venían de Europa y fueron las propulsoras de los jardínes de infantes. Delia se sumó a eso, y después va a formar parte del grupo de personas que crean la Universidad Obrera”, relata la historiadora local.
“Vos fijate cómo tomó ese camino. Su padre era conservador y formaba parte de comisiones, fue funcionario público. Fue muy destacado, no en vano una calle lleva su nombre, Juan Basilio Etcheverry”, añade.
Con el paso de los años, Delia se transformaría en una de las socialistas más importantes del país. Por ese motivo, empezaron a llamarla desde otros países para dar conferencias sobre derechos humanos. En uno de sus viajes, recala en Cuba, donde se interesó por el proceso de alfabetización encarado por la Revolución.
Con respecto a este viaje, León precisa: “cuando volvió, la tomaron prisionera. Sus compañeros y amigos empezaron a buscarla, presentaron habeas corpus, pero no había caso, no aparecía. En un momento van a una comisaría de La Plata a preguntar por su paradero. Ahí les dijeron que no sabía nada, pero uno de los muchachos escucha una respiración con una tos seca que venía de adentro. Era el asma que sufría Delia. Se pusieron firmes con el Comisario y finalmente la liberaron”.
La docente falleció en 1982, pero sigue vigente en la historia de San Andrés de Giles. Su figura está presente no solo en la memoria de los vecinos, sino también en el Jardín Nº903, que recibió su nombre a modo de homenaje.
“Cuando Delia fue niña, había una muchachita que la cuidaba a ella y a sus hermanos, que se llamaba Vicenta Vilches. Ella después se casaría con Luccini, con quien tendría varios hijos, uno de ellos llamado Sora. Delia, por su parte, no se casó, pero adoptó una niña llamada Delia Isabel. Cuando se inauguró el jardín, pudimos hacer que las hijas se encuentren”, sostiene con orgullo la profesora.
¿El Che Guevara estuvo en San Andrés de Giles?
En la esquina donde actualmente se encuentra el restaurante La Familia, antiguamente se encontraba una farmacia. Sus dueños eran el abuelo y el tío abuelo de Ernesto Guevara Lynch de la Serna.
Fueron muy importantes, eran hombres públicos que trabajaron por San Andrés de Giles. Incluso fueron funcionarios – detalla la profesora sobre los antepasados del líder revolucionario – Ellos llegaron como profesionales, buscando su destino. Uno era bioquímico y el otro ingeniero.
Cuando todavía formaba parte de la oligarquía a la cual luego combatiría, el Che solía visitar nuestra ciudad para visitar la estancia de sus antepasados: “Venía a ‘El Saubidet’ siendo muy jovencito, después la vida ya lo llevó por otros rumbos“.
El Tío Cámpora
La formula Cámpora – Solano lima se consagró en el Parque Municipal. Fue un gentío impresionante, sólo comparable a la presencia de Eva Perón – León lo cuenta ya no como historiadora, sino como testigo – Vino Montoneros. Estaban formados en la intersección de Lavalle norte y Scully, en la mano que va hacia el centro. Estaban formados ahí. Desplegaron una bandera negra que decía “Nosotros matamos a Aramburu”. Fue impactante, era gente muy joven.
Con respecto a la presidencia del odontólogo, recordó: “El doctor era tan generoso. Casi que no nos dábamos cuenta que era el Presidente de la Nación, para el pueblo de Giles era ese vecino querido que todos apreciaban, que todos respetaban, que siempre tenía ese don de gente, que saludaba a todos, que escuchaba a todos“.
Y agrega: “cuando trajeron sus restos, a mí me emocionó muchísimo que el cortejo se detuviera en el Colegio Nacional. Yo comencé a mirar a mi alrededor y veía a los viejos peronistas de mi infancia, peronistas de alma, de corazón. Los veía mezclados con radicales de alma también. Fue un ejemplo de civilidad el sepelio, donde se terminaron los enfrentamientos entre los partidos políticos, los resentimientos y todo eso que siempre nos persiguió a los argentinos. Estaban todos en el mismo plano de igualdad y confraternidad para dar el último adiós“.
Era un cariño que había empezado a gestarse muchos años atrás. Cuando el 17 de octubre los obreros llenaron la Plaza de Mayo para pedir por la libertad de Perón, los ferroviarios decidieron acompañar la movilización con un acto en la Plaza San Martín: “Los ferroviarios se juntaron, fueron a la municipalidad, pidieron una bandera para izar en el mástil que estaba recién inaugurado y alguien que hablara. En la Municipalidad les dijeron que no tenían bandera. El Dr. cámpora se las trajo y habló frente a todos. Se lo considera su primer paso político y el nacimiento del peronismo local. Desde entonces los ferroviarios decían que para ellos primero estaba Cámpora y después Perón“.



