Los gilenses pasamos todos los días frente a su fachada. Ya es parte cotidiana del paisaje diario. Pero si nos frenamos a mirar, nos daremos cuenta de que estamos ante un edificio histórico, parte del patrimonio de nuestra ciudad, construido en 1938. Sin embargo, la historia del correo en San Andrés de Giles comenzó mucho antes de esa fecha.
Infociudad visitó el Correo Argentino y consultó el libro de Orfilio R. Latorre, vecino de nuestra ciudad, que trabajaba en la oficina de correo local y se dedicó a recopilar la historia del correo en Giles, desde los primeros servicios postales y de mensajería que existieron acá y la zona. Su obra, titulada “Más de dos siglos de historia postal”, dedica un capítulo especial a nuestra ciudad.
Las primeras postas: cuando el campo era un desierto
Mucho antes de que existiera el edificio que hoy conocemos, el servicio de postas ya funcionaba en la zona. En lo que es ahora el Partido de San Andrés de Giles la primera posta oficial data de 1825. Latorre documenta la existencia de postas en la «Cañada de Estancia de Figueroa», sobre el antiguo camino real que comunicaba Luján con San Antonio de Areco. Allí, el encargado era Juan Antonio Navarro, “quien al año siguiente fue reemplazado por José Teseyra de León”. En 1831, la posta estaba a cargo de José María Sosa.
Pero las postas no eran solo lugares de recambio de caballos. Latorre describe con precisión su función: servían para el descanso de viajeros, “caballos fatigados o lastimados y aún reparación de vehículos”. Y agrega que en la zona del actual Cucullú estaba “Doña Gregoria Rodríguez” y por otros rumbos se hallaban “Cipriano Lucero y Andrés Castro”.
Sobre aquellas épocas, el autor reflexiona con una frase que invita a la memoria: “Estas postas y albergues cumplían un servicio cuya importancia no es fácil de comprender hoy, si olvidamos que hasta mediados del siglo XIX el campo de Giles era todavía un desierto, sin caminos ni puentes, donde la mayor velocidad era la del galope equino y la mayor fuerza, la de la testuz.”
El libro sigue el rastro de los nombres que hicieron funcionar el sistema postal. En 1836, “el maestro de posta de Giles era Celedonio Fernández”. A partir de 1849, las mensajerías comenzaron a organizarse con horarios fijos. Latorre explica: “Se trataba de concesiones semejantes a las que se otorgaban a las empresas de transporte colectivo. Hasta entonces, el servicio era esporádico y según la demanda de los interesados.”
En 1858, el Anuario de Correos anunciaba que las mensajerías nacionales transportaban correspondencia para Giles los días 9, 13, 19, 23 y 30 de cada mes. Entre 1858 y 1860, el encargado del servicio era Celedonio Quevedo, a quien sucedió Aurelio del Mármol hasta 1866. Luego vinieron Juan Silva y Pedro Lorea.
Pocos años después se estableció la mensajería entre Giles, Mercedes y San Antonio de Areco. Los concesionarios eran Cristóbal Merlina y Mauro Correa, quienes habían comprado una galera usada a Juan Rusiñol y Cía., la principal empresa de Buenos Aires.
Latorre describe el vehículo con lujo de detalle: “El coche había sido construido conforme a las necesidades de su época: cuatro pesadas y altas ruedas, caja estrecha, duros elásticos, puestas con cortinas, sólido techo para cargar equipajes.” Y agrega que el rubro más provechoso eran las encomiendas y cargas, “estas iban sobre el techo, lo cual elevaba el centro de gravedad del vehículo, de modo que cada barquinazo se traducía en un rolido cercano al naufragio.”
Después de Caseros, los juzgados de Paz dejaron de ejercer varias funciones, entre ellas, el manejo de estafetas. A partir de 1872, Giles contó con estafetero rentado: Domingo Sierra, cuya oficina siguió funcionando en el juzgado, “calle del Buen Orden entre San Andrés y Suero, hoy San Martín entre Moreno y Belgrano”. Este funcionario ejerció el cargo hasta 1885 por lo menos.
El 25 de septiembre de 1877 se inauguró, en el mismo edificio, la oficina del telégrafo. Diez años más tarde fue creada la sucursal de correos, cuyo jefe era Don Pedro Facundo Sánchez. Hasta 1915, dicha sucursal se hallaba en el domicilio de éste, “esquina de Rivadavia y Mitre, donde ahora está el Club Almafuerte”. Contaba con el siguiente personal: auxiliar, Juana P. de Sánchez, y cartero, José Silvano Raggio.
En los últimos tiempos de la jefatura de Pedro F. Sánchez se produjo una importante reorganización. A partir del 1° de marzo de 1914, la sucursal local fue elevada a la categoría de “oficina mixta”, incorporándose el servicio de telegrafía. El plantel se amplió con el telegrafista Mateo M. Acosta, el mensajero Ángel Lariccia y el guardahilos Antonio Candini. La oficina funcionaba en la esquina de Rivadavia y Mitre. Posteriormente, y hasta 1933, lo hizo en 9 de Julio y Belgrano, donde fueron jefes Florentino Jerez y Rafael Antico. Desde ese año y hasta 1938, estuvo en la calle Rivadavia N° 451 (entre Sarmiento y Moreno).
El edificio actual y los nombres que hicieron historia
El 12 de mayo de 1938, el correo pasó a ocupar el edificio actual, siendo su jefe Don Marcelino Di Cecco, acompañado por el telegrafista Raúl Iribarren, los auxiliares Francisco Passaro y José Borrajo, el uniformado Domingo Atilio Chotro, los carteros Roberto Latorre, Andrés Alejandro Tejeiro y José Bertolasi, y el mensajero Juan Carlos Ceraso.
El 1° de septiembre de 1946 ingresaron como auxiliar Jorge Mario Videla y como cartero… Orfilio R. Latorre, el propio autor del libro que hoy nos permite reconstruir esta historia. Así, el cronista de nuestro correo también fue parte de él.

El 31 de diciembre de 1949 pasó a retiro Marcelino Di Cecco, y lo reemplazó Restituto Antonio Scotti, nacido en Tuyuti el 27 de mayo de 1912, casado con Hilda Eda Alvis, con dos hijos, Hugo y Noelia. En septiembre de 1955, Scotti fue dejado cesante por la llamada Revolución Libertadora, y también siguieron el mismo camino dos empleados, Aldo I. Deroni y Luis A. Marini. Scotti falleció a los 57 años.
Luego vinieron varios jefes titulares e interinos, muchos con estadías efímeras. Latorre menciona algunos apellidos: “Molina, Frisón, Burgos, Goñi, Gamboa, Laale”.
Este edificio fue reconocido como lugar significativo de nuestra ciudad por la ordenanza N° 83/88. “Este solar, donde funcionaron la Intendencia Municipal, el Juzgado de Paz, y la Comisaría, fue cedido al Gobierno de la Nación para erigir el actual edificio de Correos, inaugurado el 12 de mayo de 1938.

Hoy el Correo está integrado por vecinos que hace años trabajan allí y atienden gentilmente a todos los que llegan. Ellos son Eduardo y Juan Manuel Puglelli, Diego Benabe y Nicolás Bies. Así, generación tras generación, el correo de San Andrés de Giles sigue siendo ese punto de encuentro donde las cartas, los telegramas y ahora los paquetes cuentan la vida de un pueblo. La próxima vez que pases frente a su fachada de 1938, frená un segundo. No mires solo el edificio. Mirá las miles de historias que lleva adentro.






