Enero de 1966. El calor agobiante se sentía en la Argentina, una Nación conducida por el honesto Dr. Arturo Illia, a quien la dictadura militar no le perdonó la Ley de Medicamentos, el regreso de la copa de leche a las escuelas, el incremento notable del presupuesto educativo y el crecimiento anual del 10%. Un Golpe de Estado lo terminó derrocando tiempo después.
En la televisión los éxitos del año eran los Sábados Circulares de Mancera, El Show de Carlitos Balá, El Club del Clan, Titanes en el Ring y Telecataplum. El mundo hablaba de la guerra de Vietnam, los nuevos éxitos de The Beatles y el avance de unos jóvenes rockeros: The Rolling Stones.
San Andrés de Giles vivía años de expansión. Los clubes sociales eran los lugares de encuentro y las instituciones comunitarias comenzaban a aparecer. Claro, hacía menos de 30 años que nuestro pago había sido declarado ciudad. La esencia de los gilenses se estaba gestando.
“Permiso ¿Podemos bailar?”
El segundo sábado del 66´ el Club Victoria celebró sus 56 años de funcionamiento. La sede de calle Avellaneda se vistió de gala para que los vecinos del barrio, socios y amigos, disfruten una noche especial. Cuenta la historia que muy cerca de la pista de baile, la joven Luisa charlaba con su mamá, hasta que en un abrir y cerrar de ojos apareció Roberto a “pedir permiso” para bailar algún hit de la época. Él, estaba haciendo el servicio militar y ya “la conocía de vista” a la joven Luisa, pero esa noche, tomó coraje para bailar juntos el tema más largo de sus vidas.
Luisa recuerda que Roberto fue decidido: “me robó un besito en la frente”. Él todavía se pregunta que pensaba la madre de ella: “¿Qué hace bailando con ese pelado? seguro dijo”. Esa noche fue la primera página de una novela que hoy cumple 50 años de matrimonio. Un baile, un beso y una firme decisión: acompañarse por el resto de sus días.
Luisa Trippa y Roberto García se casaron un 6 de marzo de 1970 en el registro civil de nuestra ciudad. Al día siguiente, dieron el sí en la Parroquia San Andrés Apóstol y luego festejaron, junto a familiares y amigos, en el mismísimo Club Victoria, el lugar que vio nacer el amor. “El comienzo del noviazgo fue muy lindo, la pasábamos muy bien, eso sí, siempre en compañía de mi mamá. Era otra época” recuerda Luisa.
Al finalizar la fiesta, un primo de Roberto llevó a la reciente pareja a San Antonio de Areco. Allí pasarían su primera noche como casados para luego emprender viaje hacia Córdoba y Mar del Plata. Como Roberto había ingresado al Banco Provincia, habían planificado la luna de miel en las colonias de la institución. “Era la primera vez que salíamos juntos de Giles, increíble pensarlo hoy. Viajar nos encantó y se terminó transformando en una sana costumbre de nuestro matrimonio” reflexiona Roberto.
La familia
Luisa y Roberto cuentan las cinco décadas con emoción. Hablan los dos a la vez, entusiasmados, tratando de no olvidar ningún detalle de aquellos días. Esta claro que el paso de los años provoca que la imagen vaya teniendo versiones encontradas. Eso sí, en lo que no se contradicen es que esa decisión fue una de las mejores que tomaron en sus vidas. “Es un recuerdo tan lindo, cambiaron muchas cosas. Teníamos muchas ganas de volar y con Roberto eso lo entendimos” concluye Luisa.
A los dos años de casados llegó Marcelo, el mayor de los hermanos García. Luego fue el turno de Alejandro, más conocido como “Tomate”, y Verónica; “mis tres pimpollos” como los llama Doña Luisa. Con esfuerzo la familia construyó su hogar en calle Rawson, donde pasan hoy sus días. “Los chicos siempre nos dieron alegrías” destaca Roberto con un sonrisa de orgullo en su rostro.
Como toda pareja tienen sus conflictos, aunque el diálogo ayuda para acercar las posiciones. Luisa y Roberto practican el consenso a menudo, sabiendo que ninguna diferencia puede ser más grande del amor que se tienen. “Discutimos como todas las parejas, tenemos diferencias, pero aprendemos a convivir. Nunca nos agredimos. Ella es el equilibrio siempre” reflexiona Roberto, hoy ayudante principal de “Tomate” en su agencia de autos.
“Ahora son muy contados los que se casan y están los que por pequeñas diferencias se separan. Nosotros tenemos nuestras tradiciones, nos gusta mucho salir, bailar, ir a comer y viajar. Eso sí, ahora Roberto se queja de algún dolorcito cuándo quiero ir a la pista” detalla Luisa, quien aprovecha además para referirse con humor a su mejor compañero de baile.
El secreto
Luisa y Roberto se quieren, se gustan y se enamoran cada día como si hoy fuera esa noche del Club Victoria. Él destaca que Luisa es “una excelente madre y abuela, muy atenta y educada”, ella dice que Roberto “es muy cariñoso y demostrativo”. El secreto es que se admiran, se animan a expresar sus sentimientos, a combatir las tormentas, pero a la par; y a siempre preservar el tesoro más sagrado que conquistaron: la familia.



