En la última edición de Feria Americana -programa radial de Infociudad que se emite por FM Vall los sábados de 9 a 13 horas- el staff entrevistó al vecino Pablo Blanco. El joven de nuestra ciudad viajó a China como acompañante de un viaje de intercambio escolar.
Pablo en la actualidad vive en la Ciudad de Buenos Aires, donde ejerce como profesor de inglés. En una entretenida charla con los integrantes de “La Feria”, el vecino contó detalles de la experiencia en el país asiático. Un destino sumamente interesante.
FA: ¿Cómo llegas a China?
PB: Es un cuento largo. Hace un año más o menos que trabajo en un colegio privado de Capital donde los alumnos hacen viajes de intercambio a diferentes partes del mundo; Nueva Zelanda, Roma, Paris, Barcelona y China. Yo siempre quise ir a China entonces insistí un poco, y el año pasado me eligieron a mí. Fuimos dos profesores de inglés con 12 alumnos. Fue un viaje raro porque fue una semana de puro turismo y otra de intercambio para los chicos, no para los profesores así que eso estuvo bueno también.
FA: ¿Que se necesita para ir a China?
PB: Primero y principal la Visa. Luego es muy sencillo, hay que llenar un formulario, ir a la embajada y pagar todo lo que haya que pagar. En una semana se resolvió (lo hizo un padre). Tuvimos 30 horas de vuelo, la escala fue Buenos Aires – Nueva York, luego un vuelo de ida de 14 horas transpolar y el de vuelta fueron 15 horas y media hasta Estados Unidos. Es un poco tedioso, parece de otro planeta China.
FA: ¿Es muy raro China cómo se cree?
PB: Sí, es otro mundo. Llegamos al aeropuerto de Beijing, la capital, y es todo muy grande. Muchísima gente, cuando arribamos nos hicieron un montón de chequeos, tanto o más que Estados Unidos. Pero te encontrás con muy pocas cosas escritas en inglés, es un mundo totalmente diferente. Por ejemplo las calles son muy grandes, de cuatro o seis manos en la parte céntrica de Beijing. Los edificios son muy raros, una arquitectura bastante diferente a la de occidente. Es todo muy enorme.
FA: Tenían todo armado?
PB: Sí, nos ubicamos en hoteles. En la primera semana visitamos Beijing y Shangai, paseamos en un tour que ya estaba armado desde Buenos Aires. Los hoteles eran hermosos, cargados de cosas, muy grandes con mucho lujo. También algo muy llamativo es que había perros por todos lados, porque allá es el año del perro, entonces esta la imagen del animal en cada lugar.
FA: ¿Qué fuerza tiene la cultura China en esos lugares?
PB: Sobre todo en Beijing, la cultura, lo histórico, estaba muy marcado por la importancia de la ciudad que es la capital y por la cantidad de monumentos que tiene. Hay muchísima seguridad por todos lados, mucho orden, mucha limpieza. Pensé que iba a ser caótico, mucha gente, muchos autos, en fin lo es, pero es un caos muy organizado al menos en la ciudad capital.
Es uno de los puntos en que se puede visitar la muralla que tiene 6 mil kilómetros de largo, fuimos en micro y la visitamos durante dos horas más o menos, hacia 14 grados bajo cero con mucho viento. Es imponente.
Pero la cultura está en todos lados, al menos la diferencia entre oriente y occidente está muy marcada en cuanto a lo cultural y a las costumbres que ellos tienen, es muy hermoso todo, muy pintoresco. Hay lugares antiguos muy bien preservados, otros no tanto, pero ellos viven su cultura y sus creencias más allá de sus religiones. Lo histórico está siempre hasta en el color que eligen para pintar los edificios. Los techos me llamaron mucho la atención y de acuerdo de la importancia de cada edificio hay dragones o monstruos que son mitológicos, todo tiene un significado.
FA: Imaginamos que comer allá no debe ser fácil…
PB: Yo siempre decía que me encantaba la comida China acá en Argentina, pero el tema es cuando vas allá. Hay lugares que la comida es muy rica pero en la mayoría no encontras lo que comemos acá. Todos los restaurantes tenían una base de vidrio giratoria para servirte desde las bandejas, había que ser bastante hábil para agarrar con los palitos.
Había cosas muy raras, por ejemplo había huevos negros que no me animé a probarlos, no era muy tentadores a la vista. El huevo de gallina lo hacen duro y lo dejan estacionar un año, donde se forma una especie de hongo y luego lo comían, mayormente en el desayuno.
FA: ¿Qué fue lo que más te sorprendió?
PB: Hay varias cosas pero sobre todo lo “espacial”, todo es muy grande, muchísimo tránsito. Muy pocos semáforos, doblan en “U” en las avenidas, es un descontrol organizado, no pasa nada. Mucho flujo de gente por todos lados. Con respecto a la tecnología, nos movíamos en tren dentro del aeropuerto y no tienen conductor. En el primer hotel que fuimos teníamos un robot en la entrada al cual le preguntabas cualquier inquietud y te respondía, es una experiencia muy divertida, mis alumnos estaban todo el día hablando con el robot.
FA: ¿Cómo fue la segunda parte del viaje?
PB: Los alumnos fueron a vivir con familias en Hong Kong, una gran experiencia para ellos. Mi compañero y yo fuimos a un hotel y nos reportábamos todas las mañanas al colegio, teníamos un desayuno con los profesores de allá. También hacíamos alguna salida que ya estaba pautada.
FA: ¿Se puede ir a China?
Sí, por ahí lo más costoso económicamente es el pasaje en avión. Pero después el día a día es como vivir en Buenos Aires, pero sí claro que se puede.




