Por el Prof. de Educ. Fis. Facundo Valli
La responsabilidad primera de las escuelas es la de educar a los estudiantes, y esto es medido por varias formas de logros académicos. La educación ocurre tradicionalmente en un ambiente sedentario donde la mayoría del aprendizaje tiene lugar en un aula donde los estudiantes están sentados y reciben instrucciones.
La actividad física y la condición física puede afectar el aprendizaje y los logros académicos en una forma positiva; sin embargo, la manera tradicional de realizar actividad física y mejorar la condición física en las escuelas es la clase de educación física, y esta se ha reducido en favor de las instrucciones áulicas y no puede compensar el ambiente predominantemente sedentario. Nuevas e innovadoras estrategias son necesarias para proveer adecuados niveles de actividad física. Afortunadamente, la actividad física puede ser provista en muchas actividades antes, durante y después de las actividades escolares que no compiten con el tiempo utilizado en la instrucción académica. Además, existe modelos biológicos plausibles que relación la actividad y condición física con la mejora del control cognitivo que está relacionado con el aprendizaje.
En este sentido, los programas de aumento de la actividad física en las escuelas no muestran interferencias con el aprendizaje y los logros académicos. Incluso, la evidencia sigue mostrando predominantemente aumentos positivos de los logros académicos en estudiantes que exhiben más, y no menos actividad física. Aumentar la actividad física es congruente con las políticas públicas y mandatos de salud escolar. Iniciativas que puedan contribuir a mayores niveles de actividad y condición física representan un esfuerzo para mejorar el aprendizaje y los logros académicos. Por lo tanto, se necesitan políticas públicas que apoyen los programas de aumento de la actividad física, lo que resulta en niños más sanos y una mejora del ambiente de aprendizaje.
Entonces ¿Por qué no se incluyen más horas de actividad física?



