En un rincón de la Biblioteca Popular Alberdi, custodiado como un tesoro, sobrevive el único ejemplar conocido de una polémica publicación que, hace casi un siglo, puso a prueba los límites de la privacidad en San Andrés de Giles. Se trata de “El Flechazo”, un periódico semanal que se definía como “literario, social, humorístico e informativo”. Pero detrás de esa descripción se escondía una publicación picante, alimentada por rumores, romances y chismes de pueblo.
El ejemplar al que tuvo acceso Infociudad llegó a la biblioteca gracias a una donación del historiador local Jorge Terrén, quien consideró que esta pieza forma parte de la historia gilense y que debía pertenecer a toda la comunidad. Fue el exdirector de la institución, Lucas Carrizo, quien mostró esta reliquia a nuestro medio, permitiendo así rescatar del olvido una página singular de la historia del periodismo local.
La información que rodea a “El Flechazo” es tan escasa como pintoresca. Se sabe que su redacción era anónima y que su impresión se realizaba de manera artesanal, en una casa de la calle Mitre, a pocos metros de la San Martín, aunque esta información pertenece más a la historia oral de algunos vecinos, que a registros oficiales.
En sus inicios, habría surgido como un juego literario, inspirado en las corrientes francesas de principios del siglo XX que publicaciones como “Caras y Caretas” intentaron emular en el país. La idea era crear un espacio para ventilar aquello que no solía encontrar lugar en los medios periodísticos de la época.
La tirada de El Flechazo era mínima: apenas unos treinta ejemplares por número, reproducidos en un mimeógrafo, una máquina manual que permitía copias a bajo costo. Su vida fue efímera: solamente alcanzó las tres ediciones. El ejemplar conservado, único testigo de aquel experimento, no revela la identidad de su creador ni su dirección. Solo incluye un apartado de correo postal para que los lectores enviaran sus cartas y menciona a un tal “Elías Florela” como “administrador”, un nombre que, se presume, podría ser un seudónimo.
La propuesta de “El Flechazo” resultó demasiado riesgosa para la tranquilidad del pueblo. Su contenido se nutría de datos de la vida privada de los vecinos, infidelidades y cuestiones íntimas que desataron la furia de más de uno. Según pudo reconstruir Infociudad, el desenlace no fue pacífico: algunos damnificados se enfrentaron físicamente con el responsable de la publicación, enojados por la filtración de secretos. Tras ese episodio de violencia, las ediciones se terminaron y “El Flechazo” pasó a la historia.
El escritor Juan H. Rocha, en su libro “Historias Gilenses”, hace mención a este diario al enumerar las publicaciones periodísticas de la época. Sobre “El Flechazo”, Rocha escribió: “debo decir que según testimonios, en 1927 este periódico debió ser clausurado definitivamente, ya que su temática se refería a datos de vidas privadas y cuestiones íntimas de los vecinos, lo que provocó serias disputas por la invasión a la privacidad, entre particulares quejosos y el director. Todavía hoy se recuerda a El Flechazo, del que no he visto nunca un ejemplar y no sé si quedará alguno en manos de algún coleccionista, lo concreto es que significó un episodio revulsivo en el orden periodístico, que obligó a la intervención enérgica de la autoridad local”.
Las palabras de Rocha, escritas sin haber tenido acceso a un ejemplar, subrayan el valor del documento que hoy descansa en la Biblioteca Alberdi. Gracias al gesto de Jorge Terrén, que comprendió que esta pieza le pertenece a todo San Andrés de Giles, y a la conservación en la biblioteca, hoy podemos afirmar que ese ejemplar existe. Es un testimonio único de una época en la que el periodismo local se escribía a golpe de mimeógrafo y los secretos del pueblo podían desatar una tormenta en apenas treinta copias.





