Juan Manuel Dinardi, psicólogo y actual Secretario de Desarrollo Humano y Acción Social de San Andrés de Giles, habló con Infociudad sobre la difícil situación social y económica que atraviesan muchas familias. Se desempeña desde 2020, en una de las áreas más sensibles e importantes del municipio. En plena pandemia comenzó a formar parte del equipo como psicólogo atendiendo vecinos del casco urbano y también de las localidades. En esta entrevista nos cuenta sobre la actualidad, y la creciente demanda social en un contexto económico complicado para los sectores populares de nuestra ciudad.
Infociudad: ¿Cómo ha sido tu trabajo en Acción Social desde tu ingreso?
Juan Manuel Dinardi: Comencé a trabajar en la Secretaría de Desarrollo Humano y Acción Social en marzo de 2020, en plena pandemia. Ingresé primero como psicólogo en el Servicio Local, formando parte del equipo técnico del área. Con el tiempo, también trabajé como psicólogo en el Espacio de Escucha en distintas localidades, y en el dispositivo grupal Emerger para hombres denunciados por violencia de género. Además, me desempeñé en el consultorio de la Secretaría en el CIC. Este recorrido me permitió comprender no solo las problemáticas del casco urbano, sino también las de las localidades de San Andrés de Giles, lo que me dio una visión amplia de lo social. A lo largo de esta trayectoria, en diciembre de 2023, Miguel Gesualdi, a días de asumir, me ofreció el cargo de Secretario, tras saber que Julieta Faiad dejaría el puesto. A pesar de la sorpresa inicial, tras varias reuniones con él, acepté esta gran responsabilidad. Desde febrero de 2024 me desempeño en este cargo, entendiendo que la Secretaría abarca muchísimas áreas que trabajan sobre la vulnerabilidad social y buscan dar respuestas a los problemas que enfrentan los vecinos de nuestra comunidad.

IC: Considerando la difícil situación económica de las familias argentinas, ¿cómo es la situación en Giles? ¿Aumentó la demanda de ayuda social y de alimentos? ¿Qué tareas realizan actualmente para asistir a los sectores más vulnerables?
JMD: La situación en Giles no es ajena al difícil contexto económico que se vive a nivel nacional. Los aumentos en los alquileres, la luz, los medicamentos y los alimentos básicos han impactado fuertemente en la economía familiar, lo que ha provocado un aumento considerable en la demanda de asistencia. Muchas familias deben priorizar gastos: si pagan el alquiler, no les alcanza para la luz, o si un miembro de la familia se enferma, compran medicamentos pero no pueden cubrir el costo de la comida para el resto del mes. Frente a esta realidad, brindamos asistencia con alimentos, vales para la compra de garrafas, y ayuda económica para pagar parte de la luz o medicamentos. Estas ayudas son evaluadas previamente por trabajadoras sociales, quienes analizan cada caso de manera individual, teniendo en cuenta variables como la composición familiar, los ingresos económicos, si son propietarios o no de la vivienda, y si poseen obra social.
IC: ¿Notas alguna situación diferente o signo de la época en Giles que antes no se veía?
JMD: Un claro signo de la época es el impacto en lo psicológico. Hay un gran cambio en las actitudes y aptitudes de las personas. Vivimos en una sociedad argentina que cada vez lleva más al límite a la persona. El contexto actual empuja a las funciones anímicas y psicológicas al extremo, y esto se refleja en una constante degradación de la psique. Pienso en una familia de bajos recursos, que trabaja 12 o 14 horas diarias y regresa a casa, donde hay hijos que dependen de su mirada, su palabra y sus ingresos. Mi gran pregunta es: ¿cómo se mantiene esa estabilidad económica, social y psicológica en un contexto tan adverso? Creo que el gran signo de la época es una sociedad que vive al límite, caminando por una cornisa todos los días.
IC: Desde tu perspectiva, ¿qué hace falta para que la situación social y económica mejore?
JMD: A nivel económico, lo ideal sería que mejore el poder adquisitivo, es decir, que aumenten los ingresos tanto de los salarios como de las jubilaciones, y que no aumenten los servicios básicos como la luz, el gas, los alquileres, los alimentos y los medicamentos, o al menos que mantengan cierta estabilidad. Si esto mejora, también se reduciría la incertidumbre de las familias sobre si llegarán o no a fin de mes. Esto, a su vez, generaría una mejora en los vínculos familiares, en la relación con el otro, y en las posibilidades de recreación, lo cual es fundamental en el día a día. Todas estas mejoras contribuirían a una mayor estabilidad emocional de las personas.






