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Ciudad

México: de Cámpora a Evo Morales

Tras presentar la renuncia, forzado por las Fuerzas Armadas de su país, Evo Morales recibió la hospitalidad de México. El país azteca gobernado por López Obrador, no dudó en alojar al líder de Bolivia, incluso, envió un avión especialmente para asegurar su llegada. La voluntad del Estado es un claro compromiso con la paz latinoamericana […]

Tras presentar la renuncia, forzado por las Fuerzas Armadas de su país, Evo Morales recibió la hospitalidad de México. El país azteca gobernado por López Obrador, no dudó en alojar al líder de Bolivia, incluso, envió un avión especialmente para asegurar su llegada.

La voluntad del Estado es un claro compromiso con la paz latinoamericana y el respeto a las instituciones, pero a su vez, forma parte de una nueva decisión que sitúa al país como ejemplo cuándo de asilos políticos se trata. Desde Trotsky, José Martí, Fidel Castro y hasta nuestro convecino presidente, Héctor Cámpora. Este último, allí pasó sus últimos días.

El “Tío” Cámpora pagó un alto precio por ser el encargado de encolumnar al peronismo, ganar las elecciones del 73´ y garantizar así la vuelta de Juan Domingo Perón y su movimiento, tras 18 años de proscripciones. El golpe de Estado del 76´, puso al gilense entre ceja y ceja de los propagadores del terror.

La persecución

En las primeras horas del 24 marzo 1976, luego del golpe militar, la Junta emitió sus primeras órdenes de capturas entre las que figuraba Cámpora, quien en ese momento se encontraba en nuestra ciudad.

Las versiones sobre aquella noche, en la que las fuerzas salieron a “cazar” al ex presidente, son muchas. Lo cierto es que Cámpora escapó por un patio trasero de la casa familiar situada en calle San Martín casi Avellaneda. Ahí comenzó su periplo.

Por entonces, los jerarcas del Proceso de Reorganización Nacional manifestaban a la prensa que el “Tío” era un delincuente común y un soldado de la subversión. Además lo incluyeron en la famosa Comisión Nacional de Recuperación Patrimonial (CONAREPA) por lo cual sus bienes fueron investigados e intervenidos.

Embajada

El gobierno de México dio el visto bueno para asilarlo políticamente, más allá de que la dictadura solicitó que “no otorgara salvoconductos a criminales ideológicos”. Su hijo mayor, Héctor, y Juan Manuel Abal Medina, que había sido delegado del general Perón y secretario general del Partido Justicialista; acompañaron al ex presidente en la embajada.

Cámpora atravesaba así sus peores días. Además de no tener certezas si sería posible para él abandonar su país, era injustamente tratado por el Partido Justicialista, conducido por el detrás de escena por López Rega. Al hombre más fiel al General y las ideas del movimiento, lo expulsaron del PJ.

Matar sin gatillar 

Luego de tres años en la embajada de México en nuestro país, Cámpora empezó a tener complicaciones en su salud, más precisamente en la laringe. Luego de varios exámenes, el médico Pangaro determinó que el gilense tenía cáncer.

Los pedidos del embajador de México en la Argentina, Lara Villareal, y el llamado de su esposa, María Acevedo, al Vaticano para solicitar clemencia, no alcanzó para la Junta. Recién tres meses después del primer parte, permitieron que el “Tío” sea operado en el Hospital Italiano bajo un cuidado militar estricto.

Videla se aseguró que a Cámpora le “quede poco”. El destrato con el dirigente que le dio lugar a los jóvenes en la política y dio muestras inéditas de lealtad a su conductor Perón, fue letal. Luego de 42 meses de asilo, y tras constatar que su salud estaba muy deteriorada, le entregaron a la familia el salvoconducto necesario para abandonar el país.

Su estadía en México

En noviembre de 1979, Cámpora viajó al territorio azteca con su esposa y un médico de confianza. El avión de Aerolineas Argentinas aterrizó para que el gilense emprenda una nueva lucha, esta vez contra una grave enfermedad.

Sin embargo, tras 13 meses de esfuerzos, la luz de Cámpora se apagó. El oncólogo Ernesto Speer afirmó que las demoras en la adecuada atención al ex presidente fueron determinantes para que su enfermedad fuera incurable. Murió el 19 diciembre de 1980, a los 71 años, en Cuernavaca, México.

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