Esta semana las quejas en las redes sociales se incrementaron. Tras conocerse los casos de hantavirus en la provincia, varios vecinos gilenses se quejaron por la falta de mantenimiento de una buena cantidad de terrenos baldíos.
Los espacios, que son indicados como posibles focos de roedores, están a la vista de todos. En diferentes lugares del casco urbano la maleza gana terreno, provocando esto la preocupación de los vecinos que habitan la zona.
El mantenimiento de estos espacios privados está reglamentado por la ordenanza 1739/14, que fija multas para quienes no mantengan sus terrenos. Estas van de “100 a 1000 módulos duplicándose el valor de la multa cuando se reiterase la falta”.
Según a mencionada ley, el municipio tiene la facultad de “publicar en los medios locales, escritos, radiales y televisivos, la solicitud de titularidad, brindando los datos de ubicación del terreno”.
En las redes sociales varios vecinos manifestaron que “realizaron la denuncia” pero que la situación sigue igual. Incluso muchos destacaron que estos espacios llevan años en estado de abandono total.
Teniendo en cuenta el peligro que representa tener lugares en el casco urbano en estado de abandono, tal vez es momento para pensar otro tipo de solución además de las multas. A la vista está que el sistema actual presenta serias falencias.
La falta de acción en este terreno es notoria y muy similar a lo que sucede con las construcciones ilegales que suelen realizarse en la ciudad. Controlar y supervisar en tiempo y forma es una forma de prevenir, no solo la presencia de enfermedades sino también el crecimiento desordenado de la comunidad.



