Las lluvias del fin de semana trajeron como consecuencia el hundimiento de al menos cuatro calles de nuestra ciudad, todas unidas en un punto en común: las zonas fueron aquellas en la que la reciente obra de desagües pluviales se llevó a cabo.
Las causas pueden ser diversas y se sabrán luego de un análisis adecuado de la situación cuando el tiempo lo permita. Entre ingenieros, géologos y trabajadores del sector definirán cuales fueron los motivos que provocaron estos hundimientos. A pesar de ello desde el municipio ya hay una hipótesis difundida en los medios: el derrumbe se produjo por falta de asentamiento de las calles.
Movilizados por esa premisa el análisis divide las calles en dos tipos: aquellas que solo tuvieron un trabajo de mejorado (tierra) y la que recientemente se asfaltó. El análisis necesita separar a los tipos de hundimientos, teniendo en cuenta que las obras realizadas en el lugar claramente son muy diferentes.
¿Se puede hundir una calle de tierra recién terminada? claro que sí. Giles no es la primera ciudad ni la última, que sufre este tipo de consecuencias. La tierra puede “ceder” cuando hasta hace pocos días esa era una zona de trabajo pleno, es decir se colocaron nuevas cañerías y el terreno recién se está “acomodando”.
La problemática radica en la calle que recientemente se asfaltó. Esa rotura sí necesita de un análisis más preciso. ¿Se asfaltó antes de tiempo? ¿Fallaron los trabajos en el lugar? ¿Existe otro problema bajo tierra que provocó el hundimiento? ¿Fue inevitable por las inclemencias del tiempo? Alguna de esas preguntas seguramente servirán para determinar el motivo de una evidente rotura de la nueva cinta asfáltica.
Lo que sí esta claro es que esta falencia nada tiene que ver con otras que se registraron tiempo atrás. La duración de los asfaltados o reasfaltados siempre estuvo en el ojo de la tormenta por los antecedentes ya conocidos. Sin embargo, en esta ocasión, la lluvia trajo con ella un nuevo dilema. O tal vez, un nuevo problema.



