La lluviosa mañana del 13 de julio de 2017 no impidió que el municipio presente en sociedad una de sus nuevas adquisiciones locales: la balanza digital y móvil para el pesaje de transportes de carga. En plena plaza San Martín, el intendente Carlos Puglelli y el director de Inspección General, Manuel Carabajal, atendieron a los medios de comunicación explicando las ventajas del sistema adquirido.
El importante anuncio no fue mucho más que eso. La balanza marca CIPEL que le costó 111.500 pesos a las arcas municipales funcionó solamente un puñado de veces, hoy el elemento de vital importancia para el mantenimiento de los caminos, está casi en desuso (ver foto). A la vista de todos, en el predio municipal para camiones, la balanza corre la misma suerte que la de la RP. 41.
En un comunicado de prensa enviado el 14 de julio de 2017, la propia gestión Puglelli anunciaba que la balanza permitiría “extremar los controles de carga de los camiones que circulan por los caminos del distrito, en días y horarios diversos”. Tan sólo 10 días después de su presentación formal, el elemento de pesaje funcionó en una “prueba piloto” aclarando que la municipalidad estaba “autorizada por la provincia a realizar controles sobre caminos de su jurisdicción”.
El 16 de agosto de 2017, hace más de un año, fue la última vez que se conoció información oficial sobre la reciente adquisición de la ciudad. En otra gacetilla, la municipalidad contó que mediante controles de peso en el Acceso Nuestra Sra. de Luján “se realizaron 12 actas por exceso de peso, calculado el mismo por ejes. Ningún camión sobrepaso el peso total admitido, pero si se registraron excesos de hasta 4.000 kg. en el control por eje”.
Al abandono de la balanza fija se le sumó la móvil, que hoy descansa en un tráiler del predio ubicado a pocos metros de la R.P. 193. Como se puede ver en las imágenes de Infociudad, entre plásticos y otros descartes está elemento de vital importancia para el mantenimiento de los caminos.
Según pudo averiguar este medio, la balanza lleva meses sin uso. De hecho se nota el estado de abandono que tiene al acercarse al lugar. Pastos crecidos y oxido en su estructura son una clara muestra de ello.
Mientras accesos como el de Cucullú o el propio camino Giles / Azcuénaga / Solís sufren las consecuencias de asfaltos muy deteriorados, una balanza de tecnología avanzada pasa sus días a la intemperie. Además de la cuestión estructural, cuidar los caminos es sin dudas una parte importante en la seguridad vial. En Giles, esa materia sigue pendiente.
El acto de presentación / La balanza funcionando en Agosto de 2017






