En su taller de San Andrés de Giles, entre herramientas y arcilla, Marcelo Daverio sigue dándole forma a la historia. Desde hace más de 40 años, este artista y escultor local se dedica a recrear los rostros de los héroes de Malvinas, con un trabajo minucioso que le valió el reconocimiento en todo el país.
Infociudad lo visitó en su espacio de trabajo para conocer los detalles de su labor, mientras trabaja en tres nuevos bustos que viajarán a Salta. Se trata de las obras en homenaje al soldado Jorge Luis Sisterna, un joven de 20 años oriundo de Orán, que fue el único caído de su ciudad en la guerra de Malvinas.
“Ya mandé algunas muestras de este busto, porque está muy adelantado el proceso, la cara más o menos ya está definida. Los compañeros ya lo aprobaron, que es algo que yo siempre hago cuando me encargan así. Antes de empezar los procesos de moldería, hago que algún familiar o sus compañeros lo vean. Entonces, ahí ya trabajo más sobre lo seguro”, explicó Daverio sobre el proceso de creación.
Un vínculo con Malvinas que nació en su adolescencia
La historia de Marcelo con la causa Malvinas comenzó mucho antes de que sus manos modelaran el primer busto. Tenía apenas 16 años cuando la guerra estalló, y recuerda aquel momento con claridad.
“El tema de Malvinas siempre me llegó mucho, fue muy movilizador en ese momento para toda la sociedad. Veníamos de años complicados con lo que tenía que ver con lo militar, pero también donde se le daba mucha importancia a lo que era nacionalismo”, relató. Cuando le preguntamos cómo fue el inicio de todo este camino, recordó una charla clave que tuvo de adolescente con su papá:
“Hablando con mi viejo le pregunté ¿y qué puedo hacer yo desde acá? Mi viejo, premonitorio en ese momento, me dice, mirá, vos vas a crecer y vas a tener mucho para hacer a través de tu arte, ya vas a poder hacer el aporte al país”. En ese entonces, yo ya hacía muchos años que hacía cosas, no bustos, pero sí esculturas“.
Su primer acercamiento al arte Malvinense fue junto a quien fuera su profesor de Artes Plásticas en el Colegio Nacional, Hugo Addesso. Daverio, aún menor de edad, colaboró en la construcción del monumento a Malvinas que Addesso realizó para la plaza Colón. El docente, presentó el proyecto ante un concurso que terminó ganando.
“El primer trabajo fue hacer el monumento. Como yo era menor de edad participé con Hugo Addesso, el arquitecto, que era mi profesor de Artes Plásticas en el Colegio Nacional. Un día me dijo Hugo ‘mirá que ganamos el concurso, ahora hay que hacer el monumento. Pero él había tomado la responsabilidad. Yo como tenía 16 años no podía participar”, recordó.
Ya desde muy chico, Marcelo sentía una atracción inconfundible por el arte: “Yo tenía 10, 12 años y ya hacía esculturas, tenía mis cosas, no para exponer, sino que ya tenía una vocación, me llamaba la arcilla y la cera de abejas. Yo no era de salir a jugar al fútbol, yo era feliz haciendo un pozo sacando arcilla y poniéndome a hacer esculturas”.
Esa pasión fue alimentada por su entorno familiar. “Mi papá tenía un taller, dónde reparaba cosas, pero me acuerdo que cuando yo era muy chico, me hizo un toro con madera y una sierra. Además había siempre una cuestión de cultura en la familia. Una tía mía cuando supo que yo hacía esculturas, dejó de fumar entonces en vez de comprar cigarrillos invertía en libros de arte y me traía libros de escultura de regalo. Había todo un entorno muy positivo. Es el ida y vuelta que te va potenciando”, expresó.
El primer encargo que recibió sobre la causa Malvinas fue el busto de Pedro Giacchino, el primer soldado caído en la guerra. La obra se iba a instalar en Ezeiza, pero había un condicionante especial: la mamá del héroe, Delicia Rearte, una mujer muy estricta que ya había visto otras versiones del rostro de su hijo sin quedar conforme.
“Me encargaron el busto, y de antemano me dijeron: mirá Marcelo, ya el ejército mandó a hacer dos esculturas por artistas distintos. Y la mamá es muy estricta, se tiene que parecer mucho”, contó Daverio.
La prueba de fuego llegó el día de la inauguración. “Cuando hago ese busto que se inauguró, viajó la mamá dedesde Mendoza para verlo, y apenas lo vio fue una alegría porque dijo: ‘por fin alguien ha hecho bien la cara de mi hijo'”.
El busto de Maciel, el héroe gilense
Uno de los trabajos más significativos para la comunidad fue el busto de Jorge Alfredo Maciel, el héroe local. La obra, que hoy se encuentra en la plaza Colón, fue inaugurada el 2 de abril de 2009 durante el clásico homenaje por el Día del Veterano y de los Caídos en Malvinas.
Marcelo recuerda cómo surgió la iniciativa: “Una vez terminado el busto de Giachino, el primero que me encargaron, lo muestro en una reunión del Centro de Combatientes local, que se había hecho en el Club Argentino de Servicios, y la mamá de Maciel me dice, qué lindo sería poder tener un busto de mi hijo. Y yo le respondí, el año que viene se lo hago. Le comento a Beto Puglelli y él enseguida me dijo: vamos por todo, hagamos una escultura grande”.
A partir de ahí, el Centro de Combatientes comenzó a organizar eventos y “chanchos asados con pelo” para recaudar fondos y poder materializar la obra. Al poco tiempo y gracias a esta obra, le pidieron una réplica para instalar en el Mercado Central.
Actualmente, Daverio lleva realizados más de 60 bustos de héroes de Malvinas, que se lucen en museos, espacios públicos y centros de combatientes en 14 provincias argentinas. Su labor lo ha convertido en un referente, y no es extraño que lo reconozcan como “el escultor de Malvinas”.
“Siempre he estado trabajando con el tema de Malvinas, he hecho muchos también de lo que son monumentos para bomberos voluntarios, para la provincia de Buenos Aires, para otros lugares, pero lo que me caracteriza en gran medida es el tema de Malvinas”, afirmó.
Una de las partes más emotivas de su trabajo es el contacto con los familiares de los caídos. Daverio recuerda especialmente una anécdota ocurrida en Comodoro Rivadavia, cuando realizó un busto para un héroe de esa ciudad. La obra viajó desde San Andrés de Giles hasta Tierra del Fuego en un camión.
“La mamá no pudo venir porque estaba muy enferma pero el papá sí, es más, me apuraban para que lo termine porque no sabían si la mamá iba a llegar a verlo y me decía su papá: acá somos 40 personas, estamos todos llorando porque sentimos que mi hijo vuelve a la ciudad”, relató.
En otras ocasiones, los padres de los héroes le han confesado: “Te juro que siento que está mi hijo de nuevo presente”.
“Entonces, desde lo social, desde lo afectivo, desde lo espiritual, hay momentos que son durísimos. Más que nada cuando te empezás a compenetrar en la historia de cada soldado, pero bueno, después tenés la otra parte, lo que deja, la proyección a la historia y lo que ves que eso significa para los grupos de combatientes”, reflexionó.
La obra de Daverio trasciende lo meramente artístico. Sus esculturas se han convertido en puntos de encuentro para veteranos y familias, y su nombre comenzó a viajar de boca en boca por todo el país.
“Yo he hecho trabajos en Comodoro Rivadavia y me han llamado de Salta o de Chaco a felicitarme. Incluso hay gente con la que han quedado amistades de años”, contó.
Quienes encargan estos bustos son siempre la familia o los compañeros de los combatientes. Muchos de ellos, por cuestiones de edad, no quieren irse sin dejar un recuerdo tangible de sus héroes. “Siempre es muy movilizante, pero esas son las reglas de juego“, cerró Marcelo.
Mientras tanto, en su taller de Giles, las manos del escultor siguen modelando la arcilla para que ningún héroe caiga en el olvido.




