Noemí Lopez es la mujer que está a cargo del Sindicato de Ladrilleros y que desde hace años trabaja con esfuerzo y cariño para mejorar la realidad de muchos niños y adolescentes que viven en Cucullú. Esta localidad se caracteriza por su actividad ladrillera. Históricamente los hornos de ladrillos han sido el corazón de la economía de Cucullú. Representa el principal sostén económico de muchas familias que viven allí. Sin embargo detrás de esta actividad, hay una problemática que preocupa: el trabajo infantil.
En diálogo con Infociudad charló sobre las actividades que coordina y el Espacio de Cuidado que fundaron desde el sindicato para proteger a los más pequeños del lugar. Se llama ““Los únicos privilegiados son los niños” y es parte del programa de la Comisión Provincial para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil de la provincia de Buenos Aires.
“Nosotros articulamos todos los esfuerzos posibles para visibilizar y atender esta problemática. Como trabajadora en un horno de ladrillos, yo misma experimenté dificultades y vulnerabilidades. Esas experiencias me han hecho reflexionar y trabajar para que quienes lleguen después de mí no pasen por lo mismo”, asegura.
Su historia de vida
Noemí nació en Bolivia. Desde hace varios años está radicada en nuestro país. Sobre ese momento recuerda:
Mi llegada a Argentina fue muy significativa. Sentí que entraba en un paraíso. La gente fue muy cariñosa y atenta conmigo, y por eso siempre digo que Argentina fue el mejor lugar al que pude llegar. Además, pertenecer al sindicato fue como tener una segunda casa, ya que allí aprendí que puedo lograr mucho más de lo que inicialmente pensaba. El sindicato me enseñó sobre derechos, y eso cambió mi manera de pensar y de afrontar la vida. La experiencia con mi hija, quien vivió 14 años, también fue fundamental. Ella me enseñó a luchar y soportar los altibajos de la vida, y el sindicato reforzó en mí el conocimiento de los derechos, algo que me ha ayudado a ser quien soy hoy.
Es justamente su historia la que también le da fuerzas para pensar iniciativas que mejoren la vida de los niños y adolescentes que viven en Cucullú. Sobre el Espacio de Cuidado que se desarrolla en el Club Atlético Cucullú, expresa:
“Para mí, el espacio de cuidado que coordino es como mi hogar, porque siento que todos los niños, niñas, y adolescentes que participen allí merecen una oportunidad para ser quienes son. Merecen poder ser niños y jóvenes sin preocuparse por problemas que no deberían cargar a su edad. En el espacio de cuidado ellos pueden jugar, pintar, gritar, hablar, contar lo que sienten, enojarse y volver a reconciliarse. Allí no importa de dónde vienen, ni su nacionalidad ni su cultura; no importa si viven en el pueblo o en los hornos. Ese espacio es para que sean simplemente personas.
La inclusión y el trabajo según las necesidades de cada uno es lo que promovemos en el espacio de cuidado. Queremos que se olviden de las etiquetas y de todo lo que puedan tener fuera de ese lugar, y que se sientan valorados por lo que son, personas con sus propias identidades y capacidades. Nuestro principal objetivo es sacar a los chicos del trabajo, ya sea de forma directa o indirecta, para que puedan vivir su infancia y juventud como corresponde”.

Infociudad: ¿Cómo es el trabajo en los hornos y cómo afecta a las familias y niños en la comunidad?
Noemí Lopez: El trabajo en los hornos es muy peligroso, ya que se realiza bajo fuertes temporadas de sol y en el invierno. Es un trabajo manual que exige mucha fuerza física. Para quienes vivimos en los hornos, se trata de una tarea muy pesada. Las mujeres levantamos el adobe seco y llevamos a nuestros niños con nosotras, quienes terminan viendo el trabajo como un juego y ayudan como una forma de estar con mamá. A las familias nos afecta en la salud con el paso del tiempo, ya que todo es esfuerzo físico, y los niños sufren en lo emocional y físico, lo que puede derivar en cansancio, falta de atención en la escuela, hernias de disco, alergias, asma y otras enfermedades.
IC: ¿Cuáles son las principales razones por las que los niños terminan trabajando en los hornos?
NL: Las razones son diversas: desconocimiento, naturalización del trabajo infantil, falta económica en familias numerosas y ciertas costumbres culturales que persisten en las personas que venimos de otros países o provincias. Además, la falta de viviendas sociales contribuye, porque si pudiéramos optar a una vivienda no habría niños viviendo en los hornos.

IC: ¿Qué medidas ha tomado el sindicato para reducir el trabajo infantil en la región?
NL: Inicialmente, realizamos inspecciones con el Ministerio de Trabajo y la AFIP, pero no lo logramos porque las familias afectadas eran retiradas de su lugar de trabajo. Después de la pandemia, observamos que muchos niños y adolescentes estaban dejando la escuela, por lo que creamos espacios de cuidado y concienciación para enseñarles la importancia de asistir a la escuela en lugar de estar en los hornos “ayudando”.
IC: ¿Hay algún apoyo, colaboración del gobierno o alguna ONG para combatir este problema?
NL: sí, articulamos con varias entidades: SENAF (Subsecretaría de Políticas Familiares) a nivel nacional, la Comisión Provincial para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil (COPRETI), el Ministerio de Trabajo provincial, las tres centrales sindicales (CGT, CTA y CTA autonoma), la Pastoral Social, el Municipio de San Andrés de Giles, la Iglesia de Cucullú, la escuela, el jardín y también el Club Atlético Cucullú.
IC: ¿Cómo surgió la idea de crear un taller de cuidado para niños? ¿Qué necesidades detectaron en la comunidad?
NL: Detectamos la necesidad de un espacio donde los niños puedan ser solo eso: niños. Era importante incluir diversas nacionalidades y clases sociales, y trabajar en la concientización sobre los derechos y las oportunidades para mejorar sus vidas. Iniciamos el proyecto con materiales donados por el sindicato internacional ICM, lo que nos permitió hacer actividades con 18 niños y cinco adultos que nos dividíamos las tareas. Nos reunimos en un horno en el que improvisábamos, pero el sol y las maquinarias paradas alrededor eran un riesgo. Luego, conseguimos el préstamo de una casita con galpón y árboles para sombra en el horno de Guillermo Ramírez. Con el tiempo, fuimos más, llegando a 50 o 60 niños.
En ese espacio, vimos que era necesario ofrecer un plato de comida para el desayuno, juegos y actividades, seguido de un almuerzo para que los niños regresaran a sus casas con el estómago lleno. También organizamos un viaje a Chapadmalal gracias a COPRETI y al Instituto de Cultura de la provincia, lo que permitió a los niños conocer el mar. En 2023, repetimos la experiencia con 120 niños y niñas.

IC: ¿Cuántos niños asisten hoy al taller y qué actividades se realizan allí?
NL: Asisten entre 90 y 120 niños, niñas y adolescentes de diversas edades. Con los más pequeños (de 3 a 7 años), trabajamos con juegos de memoria, rompecabezas y actividades para reconocer colores, números y letras. Para los de 8 a 10 años, ofrecemos apoyo escolar y fomentamos el deporte. Entre los 11 y 13 años, abordamos temas de identidad, inclusión social y el manejo de comportamientos. Para los adolescentes de 14 a 18 años, ofrecemos arte, música, educación sexual integral, apoyo en materias y charlas sobre derechos y oportunidades.
IC: ¿Qué impacto ha tenido el taller en las familias de los ladrilleros? ¿Cómo ha cambiado su día a día?
NL: El impacto ha sido grande en cuanto a inclusión y conocimiento de derechos, uniendo a las familias de los hornos con las del barrio. También hemos fortalecido el respeto y la colaboración entre personas de diferentes nacionalidades, especialmente entre bolivianos y argentinos. En la comunidad, este espacio ha fomentado la aceptación y el apoyo mutuo.
El taller ha cambiado nuestro día a día, proporcionando a nuestros hijos un espacio seguro, educativo y entretenido. Ellos ya no están bajo el sol y el frío de los hornos; en lugar de eso, tienen actividades enriquecedoras y disfrutan de momentos de juego y aprendizaje en el Club Atlético Cucullú, donde realizamos la colonia de verano “El Hornerito”.
IC: ¿Recibe algún tipo de apoyo externo para mantener el taller (recursos, donaciones, etc.)?
NL: sí, contamos con el apoyo de diversas entidades, como COPRETI y sindicatos que nos capacitan y ayudan con alimentos para los niños. Recibimos también visitas de artistas, representantes de gobierno y sindicatos.
IC: ¿Qué tipo de apoyo brinda el sindicato a los trabajadores ladrilleros y sus familias?
NL: el sindicato nos apoya en el cumplimiento de derechos laborales, como el pago de aguinaldos y vacaciones que corresponden por ley. También nos asesora en trámites de ANSES sobre documentación y asignaciones sociales. Además, trabajamos en la prevención de violencia familiar y de género.
IC: ¿Qué proyectos piensan a futuro para incorporar el año que viene?
Para el año que viene, estamos organizando un proyecto, que incluye la firma de un convenio con el Ministerio de Trabajo de la provincia, en el Area de Comunidad. Comenzaremos a realizar actividades y capacitaciones laborales con los jóvenes de nuestra comunidad que están terminando la secundaria, así como también con los que ya egresaron, e incluso con los que ingresaron a la universidad. Esta iniciativa busca acercarlos al mundo del trabajo y también al académico. Esta idea surgió en nuestro Centro Juvenil Los Horneritos Cucullú, que estará dirigido a jóvenes de 18 a 29 años.






