Redacción Infociudad 


En un cumpleaños infantil escuché una charla cerca mío, en la que una mujer invitaba a otra que estaba en el salón al estreno de la película El Conjuro 2, la historia de una familia de Londres que lucha contra espíritus que habitan en su casa. Como el género me llama la atención, paré la oreja y sin querer, me encontré con una respuesta que no me dejó dormir las noches siguientes: “yo en casa convivo a diario con un fantasma” explicó la invitada.
No fue en gracia. Tampoco lo dijo asustada. Su respuesta denotaba seguridad.
Dos días después estaba en su casa con anotador y grabador en mano. Abrió la puerta la misma mujer y empezamos a charlar en el pasillo, después en el zaguán y finalmente fuimos hasta la cocina. En todo momento yo miraba detenidamente cada rincón, con la necesidad de poder ver algo y así avalar mi investigación periodística.
La nieta de la dueña de la casa tiene un año y medio, ella varias veces sintió la presencia. “La nena, está ahí” suele repetir. En una oportunidad señaló para la cocina, debajo de la mesa, le pidieron que la salude y se la llevaron. Resulta difícil explicar semejante acontecimiento a un bebé.
Los dueños de casa fueron más atrás. Investigaron sobre quienes vivieron en esa propiedad y llegaron a algunas conclusiones.
“Hoy debería tener unos 180 años más o menos, puede ser de apellido Bus… y que pudo haber muerto de poliomielitis, es lo que pude averiguar” explicó la dueña de la casa ubicada en el centro de Giles -los protagonistas pidieron resguardar sus nombres-. “Nosotros ya estamos acostumbrados a que ella nos visite” agregó.
El relato me asombró por el nivel de detalle que me pudieron contar. Automáticamente empecé a buscar en el barrio gente conocida para acercarme a charlar. Y fue entonces cuando la historia cobró relevancia. Dos familias más revelaron que sintieron presencias y justamente hablaban de una nena o un nene.
A la nena la describieron de unos 8 años con vestido blanco, rubia de rulos. El relato de casi todos era igual y lo más asombroso es que ninguna familia sabía que otros vecinos habían pasado por lo mismo. Sus respuestas coincidían en que trataron de no contarlo por “el miedo a lo que dirán”.
“Estas presencias o cosas extrañas pasaron siempre en esta casa, nosotros ya estamos acostumbrados, es común escuchar pasos en los pisos de madera de las piezas o en la escalera que va a la habitación que está arriba”, contó esta vecina gilense y agregó: “mis hijos en algún momento vieron a la nena, frente al espejo o en la puerta de la pieza, ya es una costumbre decir en forma graciosa, me parece que hoy dormís acompañado”.
La propiedad es antigua, pero esta remodelada, mantiene los años y la estructura principal de los primeros días. “Las puertas se abren y cierran solas, las luces se prenden y apagan a mitad de la noche, el televisor también se prende o apaga. No pasa siempre, pero pasa” contó la rutina la madre de la familia.
Una tarde llegó a la propiedad una señora que posee percepciones extrasensoriales, conocidas como Medium. Cuando entró experimentó dolores en las piernas y le dijo a la dueña que no se asustara pero que la presencia era real.
Una alumna nueva
Marcelo, reconocido docente gilense, vivió a pocos metros de la casa que describe la historia anterior. “Un día estaba en la computadora, mi hijo se me acercó y me preguntó ¿Quién es la alumna nueva? a lo que yo me sorprendí y le respondí que no, que ese día no tenía a nadie”, su hijo retrucó: “sí, la nena rubia que se asoma y me saluda” confirmó en pocas palabras. Esa fue la primera experiencia que tuvo con la visitante inesperada.
Tiempo más tarde la visitante compartía pequeños momentos con el niño de la casa asiduamente. Marcelo también la describió como una niña de 8 años más o menos, con un vestidito blanco y pelo rubio con rulos. Pero no solo ver a la nena era lo que pasaba en la casa, de madrugada también se abrían canillas.
Investigando el tema se conoce que los niños y las mascotas tienen más afinidad para experimentar con estas presencias en las casas.
El mejor amigo del hombre como intermediario
La tercera familia que entrevisté vive sobre calle 25 de mayo. Para ellos todo comenzó con los pasos a la madrugada y el perro que se despertaba a las tres de la mañana a ladrar mirando fijo una ventana que daba al patio. También, el hijo más chico solía pedirle a la hermana que cerrara la puerta porque veía una persona en el pasillo. Una noche, intentando apaciguar el relato que se repetía, el papá sintió en la cama como alguien se sentaba del otro lado.
Hizo silencio y solo atinó a abrazar a su hijo.
“Mis hijos jugando grabaron la casa con mi celular, al llegar a la pieza principal abrieron la puerta filmaron y siguieron” la sorpresa se daría al reproducir la filmación. “Cuando filmaron nuestra pieza se escuchó un grito desgarrador, un grito de ultratumba”. El video fue visto por varias personas, todas lo escucharon.
La abuela paterna fue quien, después de que este sea un tema reiterado, acercó un sacerdote para que le hiciera una limpieza. El religioso llegó a la casa y sin que nadie lo instruya afirmó: “es acá, este es el lugar”.
El sacerdote ingresó al cuarto, empezó a rezar y lo bendijo. El perro que ladraba de madrugada esa ventana entró a la habitación sin ser llamado, apoyó la cabeza en el piso y dobló todo su cuerpo. “Pensábamos que se iba a morir cuando lo vimos así” comentó el marido.
La hora del Tiempo Muerto
Un momento de la madrugada se repitió en los relatos de las tres historias, un horario donde se manifiestan las presencias o se escuchan los ruidos, pasos o prenden las luces, esa hora es las tres de la mañana, poco más o un poco menos. Esta hora es conocida como la hora del Tiempo Muerto, es un lapso donde los ruidos y las presencias son mayores.
Mientras los protagonistas de las tres historias contaban lo que les sucedió, sin saberlo situaban los hechos a las tres de la mañana. “…Escuchaba canillas antiguas abrirse y cerrarse siempre a la misma hora, a la madrugada…” contó uno. “…El perro se despertaba y empezaba a ladrar mirando un punto fijo sin explicación alguna…” dijo el otro.
La ausencia del miedo
Distinto a lo que todos podemos creer, ninguna de las personas que contaron las historias sintieron miedo cuando experimentaron algunas de las presencias. En todas las entrevistas que se realizaron había presentes grandes y niños, todos de alguna manera habían sido protagonistas de las historias pero nadie sintió que su integridad estuviese en peligro.
Creer o reventar.
Nota publicada por Diego Provenza en la edición papel de Infociudad (2016).