Cuando Anita Gil cumplió 15 años, sus padres le preguntaron si quería hacer una fiesta o irse de viaje. Ella contestó al instante que quería una moto. Hoy con 18 años entrena fuerte para cumplir su sueño de competir en una carrera de motocross y es una de las pocas chicas que practican este deporte en Argentina.
De familia fierrera, su pasión viene desde que era una niña: “a los 8 me regalaron mi primer cuatri, que en realidad era más para mi hermano que para mí, pero terminamos andando los dos”, recuerda. Su primera moto la tuvo a los 12, pero mucho tiempo antes, con apenas 4 años, ya piloteaba su bici rosa de Hello Kitty, a la que le enganchaba una botella cortada entre los rayos para que hiciera ruido. Unas botas de goma con corazones y una remera con el número 8 en la espalda fueron su traje hasta que creció y se propuso concretar su sueño.

Este año puso primera y arrancó. Para su cumpleaños de 18 su familia le regaló las clases en la escuela MXBorisCross en Luján y todos los sábados va religiosamente a entrenar al circuito de su profesor Germán Boris, un piloto con muchos años de experiencia. “Te enseña cómo moverte arriba de la moto y las técnicas, no es solo subir y acelerar, vos tenes que saber cómo agarrar un salto, cómo posicionarte. El otro día, por ejemplo, me hizo andar todo el circuito con una sola mano para ganar fuerza y estabilidad arriba de la moto”, explica Anita.
Lo que empezó como un juego, más tarde se convirtió en el sueño de esa nena que no paraba de mirar videos en Youtube de “Motocross Motivation”. “Eran recopilaciones de carreras, mi sueño era ser como ellos”, cuenta Anita, y confiesa que en esos videos no se veían mujeres corriendo en Motocross, pero eso nunca fue un freno para ella.

Actualmente reparte sus días entre el estudio y la moto. De lunes a viernes es una aplicada estudiante universitaria, pero cuando llega el fin de semana, se levanta temprano para ir a entrenar a Luján. “Mi papá me lleva todos los sábados, nos levantamos a las 7 de la mañana. El otro día se reía porque pasó uno corriendo a esa hora y yo dije ‘qué loco, salir a correr a esta hora’ y él me miró y me dijo ‘vos estás cargando la moto a esta hora para irte a andar, es lo mismo’”, cuenta entre carcajadas.
Aunque sea la única mujer durante los entrenamientos, Anita no se achica: “A los comentarios no les doy bola, me concentro en lo mío, yo quiero ir a aprender, las primeras veces andaba muy despacio para probar las técnicas, es mucha coordinación arriba de la moto, pero de a poco vi una mejora muy grande”.

Cuando le sobra un tiempo entre semana también practica en el fondo de su casa, donde ella misma se construyó un circuito improvisado. “Tengo unas curvas donde practico, cuando puedo voy allá atrás y entreno. Yo sola puse unos tronquitos para acordarme por dónde pasar”, detalla.
Es que para perseguir su meta, Anita no se toma recreos. Espera poder competir el año que viene: “Yo entreno porque quiero cumplir mi sueño que es correr. Voy de a poco, después veremos qué pasa, pero no creo que vaya a vivir de esto y menos acá en Argentina. Está complicado, casi no hay categorías de mujeres acá, la categoría está pero no se anotan muchas chicas, entonces a las pocas que se anotan las meten directamente con los principiantes y es un peligro, porque largan y a la primera curva se caen todos”, explica. En el Campeonato Argentino que es a nivel nacional “como una locura se anotarán 30, pero no ponen a las chicas en todas las fechas”, señala.
Sin embargo, a su corta edad Anita ya se convirtió en la motivación para otras chicas. Con casi 25 mil seguidores en Tik Tok, hacé videos en los que registra sus hazañas en moto y sus entrenamientos. Son muchas las mujeres que le escriben preguntándole dónde aprender y les piden consejos para practicar este deporte.
Anita está tan enamorada de las motos que hasta su novio es piloto e integra un equipo de corredores profesionales de Motocross. “Es un mundo aparte, el otro día me llevó al taller del equipo y era una moto al lado de la otra. Yo por dentro pensaba ‘me quiero quedar a vivir acá”. En definitiva, para Anita, el amor y las motos son lo mismo y por ahora, está decidida a acelerar.






