


La gente era recibida en la entrada e iban pasando de a uno. Mientras les tomaban la temperatura, se les preguntaba si habían tenido el virus este último tiempo, si habían estado internados y si habían sido tratados con suero equino. De allí pasaban a una segunda mesa donde se llenaban unos breves datos y finalmente a una tercera, donde les daban el famoso cartón de las fotos y les indicaban donde recibirán la vacuna.Después de ser vacunados debían esperar diez minutos, sentados en las sillas espaciadas que ocupaban el gran salón del Colegiales. Si nadie presenta síntomas… A su casa. Vacunados. A la espera de generar la inmunidad tan deseada que nos devuelva un poco de normalidad.
Había adultos mayores que por tener más de 70 años pasaban directamente a vacunarse con su DNI. También había adolescentes que llegaban acompañados por algún familiar y que al salir se fotografiaban emocionados con el cartón del Vacunate. Los colores otoñales del patio del club eran un fondo imperdible para las fotos. Una postal difícil de olvidar.