IIA veces las cosas parecen cambiar de esencia, renunciar a sí mismas, como si estuviesen siendo perturbadas intencionadamente en el interior. Algo con forma de dedo o mano invisible parecería irlas manipulando intentando cambiarles la sustancia; en tanto, su emanación, casi en forma de ruido, es sucia porque por naturaleza tienden a mantener la rigidez desde ese inamovible habitual disfraz de paz cotidiana.Fue aquella mañana que tuve oportunidad de verlo por primera vez. Desde aquel día, y durante lo que duró su estadía, quién sabe qué fue produciéndose en el ambiente, pero todo lo perceptible pareció ir perdiendo poco a poco su robustez realista. Y no sería justo o razonable otorgarle semejante influencia a una persona, pero cierto debilitamiento gradual en las cosas fue mostrando, con el transcurrir de los días, una habitualidad disfrazada, ajena, prostituida; igual en superficie, pero que inéditamente revelaba un fondo; ni mejor ni peor en los resultados, diferente.Iván Resaac leía el diario y esperaba tres medialunas con café con leche. Fue cuando queriendo levantar la vista para ver la calle a través de la vidriera del bar, notó el revoloteo de una gran mariposa amarilla y negra a su alrededor. Iba trazando cortitas líneas curvas, como engalanando la mesa, con esa discreta elegancia que les da el color y el dibujo en las alas… ¡cosa rara en un lugar cerrado como el bar, y más aún, tratándose de una ciudad rodeada de una intensiva producción rural!Mientras la miraba fijamente, y tras haber estudiado sus movimientos, cuando estuvo a tiro, Iván Resaac descargó sobre la gran mariposa amarilla y negra un golpe en seco con la punta enrollada del diario. Sonriendo de satisfacción, y mientras limpiaba el diario del polvo que las colorea como al óleo, fue cuando apareció aquel personaje. Yo me hallaba en la barra y de lejos pude captar aquella escena. La mesa de Iván Resaac estaba muy cerca de la vidriera, pegada a la puerta vidriada de entrada.– Hay una idea de justicia que descansa en la envidia – soltó este singular sujeto que por primera vez veía entrar al bar y que fue directo hacia Iván – El resentido se venga de los valores que no puede alcanzar, rebajándolos. La Belleza es un valor. Usted mató a esa mariposa. Estimo que nunca me caerá bien. Buen día. –Y el extraño personaje vino a sentarse a un lugar cercano al que yo estaba.Novela escrita por Rienzi Leonardo Curotto, ilustrada por Magdalena Uncal BassoSino lo leíste, pasá por el primer capítulo