El punto de encuentro fue el Club Almafuerte. Ariel Ramos me invita a pasar y saluda a Cacho, el cantinero del lugar.Los clubes son el hábitat natural de Ramito: “Empecé a estar en los clubes desde chico, trabajando como lavacopas en La Familia, junto Pucho Biaggini. Después me fui al Club Social, con Carlos Olivera y Angelito Troia. Recién volví a La Familia en la década del 90“.Ariel es autodidacta, todo lo que sabe lo aprendió observando a los demás. En este sentido, confiesa: “Me acuerdo que en mis primeros años como mozo, en donde ahora está ‘Todo por $2’, estaba la confitería ‘Acapulco’. Ahí trabajaba Lucio Coluccio, y me acuerdo que yo lo admiraba. Aprendí a manejar la bandeja mirándolo a él“. Y agrega: “ También aprendí mucho de otro mozo, Mingo Luraschi, que es una eminencia“.Al hablar de su oficio, Ariel se toma su tiempo para responder, como si estuviera seleccionando las palabras que realmente se merecen ser enunciadas para tal fin. “Yo no trabajo de mozo, soy mozo. Por eso el día que ya no sienta pasión, dejo de dedicarme a esto” comenta. “Ahora lo que me está pasando es que extraño los sábados de Aeropuerto. Se trata de una cuestión sentimental, porque llevo muchos años ahí“.Cuando en 1997 Hector Valli abrió el boliche, Ramito fue uno de los primeros en ser contratado. “Héctor era una excelente persona. Me permitió desarrollarme y crecer laboralmente” comenta.También trabajó en eventos y fiestas con Mario Castillo: “Cuando estaba con él me tocó atender a Susana Gimenez” detalla. “Estábamos en Luján, en un remate de caballos de carreras. También estaba invitado Maradona, que recién había llegado a Newells, pero tuvo un problema y no pudo ir“. Aquel día, la diva de la televisión llegó acompañada: “Cuando me acerqué, me pidió un plato hondo con agua y lomo picado. Yo no entendía porque me pedía eso, pero bueno, le hice caso. Cuando se lo llevo, saca de abajo de la mesa a Jazmín, la perrita, y la pone a comer sobre el mantel como si fuera una persona más. Los demás no lo podían creer” relata entre risas.En 2013 empezó a trabajar en el municipio: “Fue la frutilla del postre para mí, porque la municipalidad es el máximo organismo local. Entonces para mí es muy importante, porque es como estar en el Congreso, pero acá en Giles“. Y no esquiva la responsabilidad del cargo: “Muchas veces me piden un café o un té en el medio de reuniones privadas. Por eso, yo tengo una máxima: ‘Se trabaja usando el oído para escuchar y la boca para comer’“.Una tarde del 2019, sonó el teléfono del hogar de los Ramos. Del otro lado se encontraba Carlos Puglelli, con una propuesta que tomaría por sorpresa a Ariel: “¿Te interesaría participar en la lista de las próximas elecciones?” soltó el intendente. Al respecto, Ramito recuerda: “Me puso contento porque me tuvo en cuenta“.Habla frontalmente, mirando a los ojos. Sabe que es uno de los vecinos más reconocidos de la ciudad, pero sin embargo, no lo asume por completo: “No sé porqué pasa eso. Yo hice siempre lo mismo. Nunca hice otra cosa que trabajar y hacer las cosas bien“.Antes de salir del club, Ariel saluda a Cacho. Luego toma la bicicleta y parte bajo la lluvia, mientras calcula cuánto puede faltar para retomar el trabajo. Porque al fin y al cabo, para Ramito poner en práctica su oficio es ejercer su identidad.