Dodgeball. Sí, dodgeball. No se trata de un deporte popular, lejos está de ocupar las tapas de los diarios y los lugares predominantes de los medios de comunicación. Sin embargo, su crecimiento es innegable.
El dodgeball tiene bastante parecido con el quemado, un juego que se suele practicar en las escuelas primarias. En una cancha dividida en dos, los equipos lanzan una pelota y tratan de tocar a sus rivales para sacarlos de juego golpeándolos con pelotas, forzándolos a salirse del perímetro o atrapando una de las pelotas lanzadas. Es derrotado el que se queda sin jugadores.
La cancha es muy similar a la de voley, en simultáneo se tiran seis pelotas para que los seis jugadores por lado se vayan eliminando. El partido dura dos intensos tiempos de 20 minutos, donde la exigencia física y mental es alta.
Julieta Farola, joven gilense estudiante del profesorado en educación física, es una de las protagonistas de la disciplina. Cuándo llegó a CABA conoció al dodgeball y se animó a ser parte. Hoy integra la selección nacional.
La deportista entrena cuatro veces por semana en Parque Chas. En las próximas semanas viajará a Oncativo, una pequeña ciudad de Córdoba -13 mil habitantes-, donde viven el resto de las jugadores del seleccionado.
En noviembre de este año, Farola, quien se destacó practicando Básquet y Vóley, tendrá su gran desafío: jugar el mundial de dodgeball en Cancún, México. La copa que nos viene siendo esquiva en los deportes más populares, por ahí la trae la gilense en una disciplina que nació jugando en las escuelas.



