Por Sofia Stupiello
Ayer las calles de San Andrés de Giles amanecieron verdes. A lo largo del centro se vieron pañuelos que flameaban con el frio viento de la mañana. En Capital Federal, desde muy temprano miles de ciudadanos se concentraron en el Congreso de la Nación. Se notaba en el aire, todos sabíamos que era el comienzo de una jornada histórica. Finalmente, después de muchos años y luchas, el proyecto de ley de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, se iba a tratar en Diputados.
Con apenas caminar unas cuadras, la marea verde empezaba a asomarse. Las más jóvenes estaban brillantes, con lentejuelas y glitter. Tanto hombres como mujeres llevaban sus pañuelos en carteras y mochilas. La conductora del subte llegó arrolladora con su páñuelo verde colgado en el frente y dentro, transportaba a cientos de mujeres que iban al mismo lugar, a resistir el frio y hacer el aguante abrazadas, hermanadas, más unidas que nunca.
Desde las redes sociales fueron muchos los vecinos gilenses que mediante historias e imágenes contaron el minuto a minuto de una vigilia de 24 horas para esperar el resultado de una sesión maratónica que duró 22.
En referencia a las exposiciones ridículas de algunos diputados, Rosario Oliva escribe en su muro de Facebook: “no somos hembras ni gestamos marsupiales, tampoco pensamos enriquecernos con el tráfico de cerebros e higados fetales, como escuché en el Congreso; ¡somos mujeres, hombres trans y cuerpos gestantes pariendo una ley!”.
Para Catalina Santia, joven estudiante de nuestra ciudad, fue la primera vez en una multitud así. “Fue una experiencia única y hermosa, había una energía que te ponía los pelos de punta y el corazón al máximo. Juntas logramos que nos escuchen y respeten nuestros derechos” explica, y señala que además de ser un día histórico, fue testigo y protagonista de “un fuego que no pueden apagar”.
Daniela Dubois, docente de nuestra ciudad, llegó a Congreso a la medianoche. Todo el día esperó con ansias poder sumarse a la marea que lucha “para que las pibas que no tienen recursos dejen de morir por abortos clandestinos”. Sobre su llegada, contó que la sorprendió “encontrar tantas compañeras en la vigilia haciéndole frente al frio con el agite, el baile, las frazadas y los mates compartidos”. “Cada vez más siento que la sororidad pasa por los cuerpos que nos abrazamos y nos dimos calor en la espera ansiosa de esa media sanción” concluyó.
“La media sanción de hoy abre un camino que no tiene vuelta atrás”, asegura Celeste Piazza, también docente de nuestra ciudad. Sueña que este sea el primer paso para que “otros cuestionamientos lleguen con la misma fuerza y necesidad para construir una nueva agenda política”. “En tiempos tan chotos, esto ha sido lo único que ha movilizado sin banderas políticas, lo único que se vio anoche eran pañuelos, trapos y turbantes verdes. Fue una anulación total de cualquier otro tipo de diferencias”, destaca Celeste.
Analizando la jornada de ayer, recuerda las palabras del escritor Primo Levi, al hablar sobre los campos de concentración nazi. “Él decía que estaban los hundidos y los salvados. Las que estábamos afuera del Congreso éramos las salvadas, las hundidas son las que murieron, las que no pudieron contar el horror y el espanto que se genera en una situación de total desesperación y abandono”.
Celeste no deja de decirme lo revolucionaria que es esta marea verde. Le pregunto qué significa para ella esta media sanción. “En lo personal y pensando en tres generaciones, creo que para una generación significa justicia y reparación histórica, en la siguiente vemos un estallido de la clandestinidad y para la generación que viene significa libertad”, me explica llena de esperanzas, porque sabe que esto recién empieza.



