


Después de casi seis años de la clausura del ex Zoológico de Luján, se concretó el traslado de sus últimos grandes animales: los osos pardos Gordo y Florencia, y la tigresa Flora. El operativo, calificado como histórico por las organizaciones de bienestar animal, marca el inicio de una nueva etapa para los ejemplares, que viajarán hacia santuarios en Europa para comenzar un proceso de rehabilitación.
Gordo y Florencia, nacidos hace 16 y 17 años en Mar del Plata, fueron retirados de Luján y trasladados por vía terrestre hasta el Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Desde allí partieron en un vuelo de carga hacia Sofía, Bulgaria. Al arribar, continuarán el viaje por tierra hasta el santuario de Belitsa, ubicado a 167 kilómetros de la capital búlgara.
El espacio de Belitsa fue creado por la organización internacional Four Paws en colaboración con la Fundación Brigitte Bardot. Allí, los osos vivirán en un entorno natural con montañas, bosques y amplios recintos adaptados a sus necesidades, además de atención veterinaria permanente. Como parte del protocolo sanitario, deberán cumplir un período de cuarentena antes de integrarse al resto de los animales.
La tigresa Flora, en tanto, será enviada a un santuario en Ámsterdam, en los Países Bajos, donde también iniciará un proceso de adaptación y recuperación tras años de encierro.
El traslado implicó una compleja logística sanitaria y veterinaria, diseñada de acuerdo con las normativas internacionales para el transporte de fauna. Por decisión de los especialistas, los osos viajaron conscientes y sin sedación, a fin de reducir riesgos. Durante semanas, fueron entrenados para ingresar voluntariamente a las cajas de transporte mediante técnicas de refuerzo positivo, evitando situaciones de estrés extremo.
En los meses previos, los tres animales fueron sometidos a estudios clínicos, radiografías, ecografías y tratamientos específicos. Gordo y Florencia presentaban problemas dentales derivados de haber mordido reiteradamente los alambres de sus recintos, un comportamiento asociado al impacto psicológico del cautiverio. Además, el macho sufría obesidad producto de la falta de actividad física y una dieta inadecuada, por lo que se implementó un plan alimentario especial.
El ex Zoo de Luján cerró sus puertas en 2021, en plena pandemia, tras denuncias y clausuras vinculadas al maltrato animal. Desde entonces, el predio quedó en estado de deterioro y con decenas de ejemplares aún en cautiverio. Según informaron autoridades y organizaciones proteccionistas, todavía permanecen allí 62 grandes felinos en condiciones precarias.
Fuente: Ladransanchoweb.com.ar