


El bolsillo de los argentinos vuelve a sentir la presión del aumento en los precios de los alimentos, con la carne vacuna como la principal suba. En un país históricamente asociado a la calidad de su carne, el acceso a los cortes preferidos se vuelve cada vez más difícil para el consumidor promedio.
El panorama en San Andrés de Giles es un reflejo de lo que ocurre a nivel nacional. Infociudad consultó a un carnicero local, quien confirmó que estas últimas semanas los precios sufrieron un nuevo ajuste, esta vez de aproximadamente un 10%. El comerciante describió: “Los clientes se quejan, compran menos carne y eligen pollo y tienen más salida los cortes más baratos como el osobuco o el espinazo”.
A nivel país, la tendencia es la misma y enciende las alarmas entre los analistas económicos. Mientras crece la polémica por la decisión del Gobierno de no utilizar el nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC) que incorporaba mayores ponderaciones para servicios (como tarifas), los precios de los alimentos ya muestran un salto significativo en las primeras semanas de febrero.
Según datos de enero, el valor real del kilo de asado había escalado un 5,6% durante ese mes, alcanzando su nivel más alto desde al menos 2016, según la serie del IPC vigente. Sin embargo, la tendencia a la alta se intensificó en febrero, impactando con fuerza en cortes que ganaron popularidad en los últimos años, como la entraña.
Diversas consultoras privadas monitorean la evolución de precios y coinciden en un diagnóstico: la carne se convirtió en la punta de lanza de la inflación de febrero. Estos son los datos que publicó el diario La Nación tras contactarse con diversas consultoras privadas:
Los próximos días serán claves para confirmar si la inflación de febrero logra desacelerarse o si, por el contrario, la presión de los alimentos mantiene el índice en niveles elevados, complicando así la estrategia de Milei y contradiciendo el discurso del gobierno que sostiene que bajó la inflación