


El caso de Hantavirus que se llevó la vida de Rodrigo Morinigo llegó a Infobae, un medio de alcance nacional. Entrevistaron a su papá David, quien cuenta lo difícil que son sus días tras la perdida de su hijo y la lucha que lleva adelante su familia en reclamo de justicia.
Durante la entrevista con Infobae, David no solo expone su dolor, sino que señala con crudeza lo que considera fallas gravísimas en la atención inicial en el hospital municipal, en un contexto nacional donde la enfermedad muestra una letalidad alarmante.
“Por más que mi hijo no esté, seguimos siendo siete”, afirma David, resumiendo en una frase el vacío que dejó su ausencia y la obligación de seguir adelante. Su rutina ahora incluye una visita diaria al cementerio. “Me siento un rato en frente de él y le pido fuerza para sacar adelante a la familia”, relata.
El caso de Rodrigo no es aislado. Según el último Boletín Epidemiológico Nacional, entre julio de 2025 y la primera semana de enero de 2026 se registraron 58 casos de hantavirosis y 20 muertes en el país, con una letalidad del 34,5%, la más alta en comparación con temporadas previas. El informe advierte que el escenario está en umbral de brote, con impacto en la región Centro, donde se concentran los casos.
El malestar de Rodrigo comenzó el 25 de diciembre. Con fiebre persistente, fue llevado al hospital municipal el lunes 29. Según su padre, la atención fue insuficiente: “Lo mandaron a casa con ibuprofeno”. David cuestiona que, a pesar de la fiebre, no se le indicaran placas o análisis de sangre. “El médico que lo revisó le dijo que era un cuadro viral”, sostiene.
El 31 de diciembre, con 40° de fiebre y quejándose de sed constante, Rodrigo regresó al hospital. Recién entonces, atendido por una médica que conocía a la familia, se le hicieron estudios. Suspendido con suero y con hipótesis como dengue hemorrágico, su estado empeoró. David relata que su hijo fue llevado a una sala común sin aire acondicionado en un día de calor agobiante. “Mi señora pidió un ventilador porque Rodrigo se estaba sofocando y le dijeron que no. Le sugirieron que lo refrescara con una ducha. Mientras lo bañaba, se desmayó”, cuenta. Solo entonces lo trasladaron a terapia intensiva, donde surgió la sospecha de hantavirus.
El 1° de enero, Rodrigo fue derivado al Hospital de Pergamino, a 140 km de distancia. En el camino se descompensó. Horas después, David recibió un llamado para donar sangre, pero al llegar, la realidad era otra: “Me mandaron a llamar para que fuera a despedirlo”. Lo encontró entubado. “Verlo ahí, todo lleno de cables, me dejó una amargura. No hay consuelo”, dice entre lágrimas. El diagnóstico se confirmó al día siguiente, pero era tarde. Rodrigo murió en la madrugada del 3 de enero.
David destaca que en Pergamino “hicieron hasta lo imposible” por salvarlo y les agradece. “Así tendría que haber sido desde el principio en Giles”, remarca.
Luego de la perdida de su hijo, el padre cuestiona la respuesta municipal. Afirma que Bromatología solamente le dejó un listado de instrucciones para limpiar su casa. “Tuve que conseguir veneno para ratas y desinfectante. No recibí nada por parte del Municipio”, reclama. También denunció un galpón cercano con roedores, sin obtener respuesta. La familia, desalojando su vivienda para desinfectar, debió refugiarse en casa de un amigo.
El duelo golpea especialmente a Ámbar, la hermana más chiquita de Rodrigo. “De día está todo bien, pero cuando llega la noche se levanta llorando por su hermano. Y a mí me destroza verla así”, confiesa David.
Con una determinación que nace del dolor, su reclamo es una advertencia y una exigencia: “Esto se tiene que saber. No puede haber otro Rodrigo. Yo no voy a parar hasta que el médico que lo mandó a casa con ibuprofeno no pueda ejercer más”. Y cierra con amargura, ante la noticia de que habrían arreglado el aire acondicionado en el hospital: “¿Te parece? Una familia tuvo que quedar destruida para que alguien haga algo”.
