


En las tranquilas noches de San Andrés de Giles, cuando la luna baña la fachada del Colegio Nacional, algunos vecinos juran que no están solos al pasar por ahí. Una presencia etérea, una mujer de pelo negro y vestido blanco, observa desde las ventanas superiores del emblemático edificio. Este relato, repetido en susurros y conversaciones, ha tejido una leyenda en el corazón del pueblo. Pero ¿Cuál es su origen? La respuesta podría estar, no en un hecho paranormal, sino entre las páginas de un cuento.
Graciela León, escritora e historiadora local, escuchó estas anécdotas y, con una sonrisa de asombro, reconoció en ellas ecos de su propio cuento “La Princesa del Altillo”, publicado hace años y leído en numerosas ocasiones a los alumnos del colegio durante sus charlas. Describe la vida de Amelia, una joven con una condición mental que vivía recluida en la gran casa de la familia Merlo, la misma que existió en ese terreno antes de que se construyera el colegio.
“Mi papá toda la vida me contó lo de la casa de los Merlo, que estaba donde ahora se levanta el Colegio Nacional”, recuerda Graciela. Su padre, de niño, jugaba en los fondos de esa mansión. “Una vez le tiró un ondazo a las palomas que estaban en el techo de esa casa y las palomas levantan vuelo en bandada. Se abre la puerta y sale una mujer… Él dice que él la vio como si tuviera un vestido blanco”.
Esa imagen, grabada en la memoria familiar, fue la semilla de su cuento. “A mí esa historia me encantó desde chica. Pero lejos yo de pensar en escribir ni nada de eso. Después cuando me dediqué a escribir cuentos, escribí basado en ese hecho La princesa del altillo”. Lo que la autora no imaginaba era cómo su ficción echaría raíces en la imaginación colectiva. “Toman a Amelia y la transforman en un mito. Pero lo han transformado los alumnos”, explica.
La conexión de Graciela con Amelia Merlo va más allá de la literatura. La búsqueda de la verdad histórica la llevó hasta la bóveda familiar en el cementerio local, un lugar que encontró en el abandono. “Era el castillo de Drácula”, describe. Allí, entre cortinas desgarradas, buscó a su protagonista: “Lo primero que me fijé, Amelia. ¿Dónde está Amelia? Y sí, ahí estaba la chapita. Amelia Merlo”. Su compromiso fue tal que comenzó una gestión para declarar el sitio como “lugar significativo” y, en un acto casi de novela, le hizo una promesa a la difunta: “Amelia, yo te prometo que te voy a sacar de acá., le dije”. Y así fue, a su manera. “Y sí, al escribir el cuento la saqué”, confiesa.
Hoy, la figura pálida que los vecinos aseguran ver parece ser un fantasma de doble naturaleza: por un lado, la sombra de una joven real, Amelia Merlos, cuya vida estuvo marcada por el encierro en una casa que ya no existe. Por el otro, el espectro de un personaje literario, la “princesa” creada por Graciela León, que escapó de las páginas para habitar, con su vestido blanco, los pasillos y la memoria del Colegio Nacional. La leyenda, cálida y misteriosa, sigue viva, demostrando que a veces las historias, cuando están bien contadas, encuentran la forma de hacerse realidad.